La docente más longeva de Santa Cruz: cumplió 104 años y su historia emociona a Río Gallegos
Con 104 años, María Antonia Sureda es un símbolo de Río Gallegos. Docente incansable, madre, abuela y bisabuela, su historia atraviesa un siglo de la ciudad. ¿Qué secreto guarda su vitalidad?
María Antonia “Cuca” Sureda, nacida en Río Gallegos el 16 de julio de 1922, acaba de celebrar su cumpleaños número 104. Es, probablemente, la persona de mayor edad nacida en la provincia de Santa Cruz, y su vida refleja la historia misma de la ciudad.
Su padre, Ángel Américo Sureda, un contador platense, llegó a la entonces gobernación patagónica en 1911. Poco después se sumó su esposa, Adelaida “Lala” De Santo. La pareja formó una familia de seis hijos: Ángela Gerónima “Billiken”, María Antonia “Cuca”, Ángel Arturo, Roberto José “Bobby”, Isabel Adelaida “Pocha” y Carlos Mario “Kiko”. Todos nacieron en Santa Cruz, profundamente ligados al devenir de Río Gallegos.
Una maestra forjada en la distancia
Cuca completó sus estudios primarios en su ciudad natal, pero para el secundario y el título de maestra tuvo que viajar a La Plata. En esa época, el viaje en barco desde Río Gallegos hasta Buenos Aires demandaba unos 10 días, toda una odisea para quienes buscaban formarse lejos de casa.
De regreso, inició una extensa carrera docente. Pasó por la Escuela Nº 1, enseñó matemáticas en el Instituto Secundario y luego en el Colegio Secundario Nacional “República de Guatemala”, donde también dictó historia antigua. Su vocación dejó una marca en generaciones de alumnos.
Familia, comunidad y vitalidad
En 1947 se casó con Rafael Flores, también riogalleguense y empleado bancario. Tuvieron dos hijos: Rafael Horacio y Sara Alicia. Hoy cuenta con seis nietos (Rafael Baltazar, Carolina Aixa, Dolores Guadix, María Guadalupe, Martín Eloy y Federico Andrés) y siete bisnietos (Lisandro, Aime, Joaquín, Manuel, Sofía, Nicolás y Camilo).
Además de la docencia, participó activamente en el Río Gallegos Tennis Club y en LALCEC (Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer) Filial Río Gallegos, que recientemente reconoció su compromiso.
Su energía tiene una explicación: siempre fue activa y disciplinada. Durante años, sin excepción, caminaba a diario hasta la ría, incluso en los crudos inviernos patagónicos cuando el viento helado desanimaba a cualquiera.
Por sobre todo, es una madre, abuela y bisabuela presente. Sus seres queridos crecieron con su cariño, sus enseñanzas y sus relatos de un Río Gallegos de otros tiempos.
Hoy, con 104 años, sigue lúcida, disfrutando de las visitas y compartiendo recuerdos. Su vida es también la de una generación de santacruceños que, con trabajo y vocación de servicio, construyeron la ciudad que hoy conocemos.