La docente sanjuanina que llevará el mate y la semita a una universidad de Estados Unidos
Rocío Caño, docente de la UNSJ, fue elegida para una beca Fulbright y enseñará español en Virginia. ¿Qué llevará en su valija?
Rocío Caño, profesora de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), fue seleccionada para una prestigiosa beca Fulbright y se convertirá en la única representante de su provincia entre los 14 docentes argentinos elegidos. Durante un año, enseñará español y compartirá la cultura argentina en la Virginia State University.
Su misión no se limitará a las aulas: también tendrá que cursar materias y continuar su formación profesional. El programa, conocido como FLTA (Foreign Language Teaching Assistant), está dirigido a profesores argentinos de inglés, quienes se desempeñan como asistentes de español en universidades estadounidenses.
¿Cómo fue el camino hacia la beca?
El proceso comenzó en octubre de 2025, cuando Rocío decidió postularse. Lo que siguió fue un extenso recorrido: exámenes internacionales, entrevistas en español e inglés, ensayos, cartas de recomendación, traducción de documentos y trámites consulares.
La primera gran noticia llegó el 26 de diciembre, en plenas fiestas de fin de año, cuando recibió el acta de selección. Sin embargo, la confirmación definitiva recién apareció el 2 de junio, con el contrato de la universidad estadounidense.
“Es un proceso largo, pero la Comisión Fulbright hace todo muy llevadero. Estuve muy guiada y asesorada para cumplir cada paso correctamente”, contó la docente, quien destacó el acompañamiento frente a los trámites burocráticos.
La beca cubre pasajes de ida y vuelta, manutención, visa, cobertura médica para emergencias y los cursos obligatorios del programa.
La única sanjuanina entre los elegidos
Rocío define esta selección como uno de los logros más importantes de su trayectoria, especialmente por la alta competencia: se presentaron profesores de todo el país. En Virginia, será la única argentina en su universidad anfitriona, y para muchos estudiantes será el primer contacto directo con San Juan y sus costumbres.
Su tarea consistirá en enseñar español, pero también en construir un puente cultural. Para eso, planea apoyarse en su segunda vocación: es profesora de danzas españolas y folclóricas.
Mate, folclore y viñedos en Virginia
Rocío ya imagina actividades para sus futuros alumnos: enseñarles música y danzas argentinas, compartir la historia de la provincia y demostrar que la distancia geográfica no significa mundos completamente distintos.
“Quiero mostrarles las maicenitas, que prueben la semita, enseñarles a cebar mate y a bailar un gato o una zamba”, anticipó.
La danza y el arte serán centrales en su propuesta, ya que considera que son lenguajes que atraviesan las diferencias idiomáticas y acercan a personas de contextos muy variados.
También buscará mostrar los atractivos turísticos de San Juan y aprovechar una coincidencia: la universidad está cerca de una región de viñedos. “A veces pensamos que por estar tan lejos no tenemos tanto en común, pero en realidad hay más similitudes que diferencias. Planeo apoyarme en eso”, señaló.
¿Qué quiere traer de regreso?
El viaje no termina cuando concluya el año académico. Rocío tiene un objetivo claro: regresar con herramientas que aporten a la educación sanjuanina y argentina.
Entre sus planes están ofrecer cursos de perfeccionamiento, compartir materiales, acercar contactos construidos en Estados Unidos y generar nuevos vínculos entre instituciones educativas.
Además, quiere difundir las oportunidades de la Comisión Fulbright, que no solo ofrece programas para docentes de inglés, sino también maestrías y doctorados en distintas disciplinas. “Quiero dejar en claro que esta puerta no está abierta únicamente para profesores de Inglés. Hay oportunidades para distintas disciplinas y muchas veces no sabemos que existen”, explicó.
El fracaso que la preparó
Detrás de este logro hay una historia de frustración. Antes de postularse a Fulbright, Rocío intentó acceder a un programa similar en el Reino Unido, pero quedó como suplente. En ese momento lo vio como un fracaso, aunque con el tiempo entendió que esa experiencia la preparó para lo que vendría.
“Ahora entendí que tal vez ese no era mi lugar ni mi momento. Cuando apareció esta beca, yo ya estaba preparada porque había atravesado la postulación anterior”, reflexionó.
Ese recorrido la llevó a dejar un mensaje a quienes piensan que una beca internacional está fuera de su alcance. También pidió aprender a convivir con las respuestas negativas y desarrollar tolerancia a la frustración.
En su primer año universitario, Rocío debió recursar materias y llegó a preguntarse qué futuro podía esperar. Años después, está a punto de ingresar como docente y estudiante a una universidad de Estados Unidos.
En unas semanas, cambiará San Juan por Virginia, con una doble tarea: enseñar un idioma y mostrar, a miles de kilómetros, de dónde viene.