La elite que se prepara para el fin del mundo mientras acelera el colapso

Un presidente secuestrado de madrugada, un avión militar estadounidense en Ushuaia y un príncipe qatarí comprando miles de hectáreas cerca de Bariloche. El libro de Nicolás Lantos revela qué hay detrás de esos episodios que parecen inconexos.

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La elite que se prepara para el fin del mundo mientras acelera el colapso
La elite que se prepara para el fin del mundo mientras acelera el colapso

Un libro registra seis meses en los que el orden global terminó de implosionar: mientras las democracias neoliberales se deterioran, un puñado de multimillonarios y tecnócratas dejó de imaginar un futuro colectivo y se prepara para sobrevivir al desastre que, en parte, ayuda a provocar.

Se llama El tecnato del fin del mundo. Diario de las crisis concéntricas, lo escribió Nicolás Lantos y cubre el período que va de diciembre de 2025 a junio de 2026, una etapa en la que —según el autor— el orden global terminó de hacer implosión después de una década de cortocircuitos.

La hipótesis de Lantos es incómoda: mientras las democracias neoliberales se descomponen, la elite tecnológica y económica abandonó la idea de un destino compartido. Ya no busca frenar el colapso, sino acomodarse para cuando llegue. Acumular, refugiarse, automatizar, escapar. Y de paso apurar algunas transformaciones que podrían producir justamente aquello que dicen querer evitar.

Los episodios que sostienen la tesis

El catálogo que reúne el libro es difícil de creer: un presidente secuestrado durante la madrugada, un misterioso avión de la Fuerza Aérea estadounidense en Ushuaia, un príncipe qatarí que compra miles de hectáreas cerca de Bariloche ante la posibilidad de un desastre en el hemisferio norte. A eso se suman funcionarios que difunden memes nazis y multimillonarios que, en una feria apocalíptica, mezclan drogas, OVNIs, sexo, sectas y teorías sobre la Tercera Guerra Mundial.

El autor sostiene que ninguno de esos hechos es ficción: todos pertenecen al mundo real. Allí está una de las apuestas centrales del libro, mostrar que la realidad contemporánea puede resultar más delirante que cualquier distopía.

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Con una mezcla de periodismo, análisis político y ensayo, Lantos conecta episodios que parecen inconexos para identificar una transformación de fondo: la consolidación de un capitalismo cada vez más desligado de las necesidades humanas y una elite que perdió la confianza en la posibilidad de construir algo en común. La pregunta que sobrevuela todo el texto es si el mundo que conocíamos todavía existe o si ya estamos viviendo después de su final.

Cuellos de botella: la carrera que nadie quiere perder

En uno de los fragmentos del libro, Lantos analiza la alianza entre Silicon Valley y la Casa Blanca y la describe como indestructible: ambos se necesitan para ganarle la carrera tecnológica a China, la prioridad absoluta que comparten en este momento histórico.

La expansión imperial para apropiarse de recursos continentales, sostiene, debe leerse a la luz de esa confrontación. No pasa solo por la velocidad de la investigación y el desarrollo científico, sino también por los obstáculos que cada competidor encuentra en el camino.

China mejoró su posición relativa en los últimos años porque resolvió los cuellos de botella que le planteó Estados Unidos —restricciones al acceso a microprocesadores avanzados y otras piezas de hardware—, mientras que a Estados Unidos le costó resolver los problemas de suministro que le planteó China, como el acceso a tierras raras.

El gran cuello de botella que tiene por delante el desarrollo de la Inteligencia Artificial es la energía. La generación eléctrica crece de manera lineal y requiere grandes obras de infraestructura; la demanda de la IA crece de forma exponencial. Las dos líneas se cruzaron en 2022 y para 2030 se calcula que la demanda será varias veces la capacidad instalada. Para ganarle la carrera a China, Estados Unidos necesita mucha energía y la necesita pronto.

En abril del año pasado, el ex-CEO de Google Eric Schmidt lo dijo sin vueltas en una audiencia en el Capitolio sobre Inteligencia Artificial: "Lo más importante que necesitamos es la energía y las cifras son contundentes. Lo que necesitamos de ustedes, si me permiten ser directo, es energía en todas sus formas, renovable, no renovable, lo que sea, debe estar disponible y debe estar disponible rápidamente. Estamos invirtiendo en cosas como fusión que son increíbles pero no van a llegar a tiempo".

Si se cuentan los recursos de todos los países bajo la doctrina Donroe —mezcla de Monroe y Donald—, desde Argentina hasta Groenlandia, en términos de reservas representan alrededor del 20 por ciento del total mundial. Pero en producción actual, la energía "disponible rápidamente" que permite sortear el cuello de botella, la proporción cambia: si controla las dos Américas, Trump tendría dominio sobre el 40 por ciento del petróleo del planeta. Un nuevo Tecnato ejecutado por supermillonarios, desde el Ártico hasta la Antártida, arrasando con la soberanía de los pueblos del hemisferio.

Ciudades charter: el experimento ya está en marcha

El libro recupera la figura de Curtis Yarvin, un programador que escribía en un blog y se volvió popular entre varios CEOs de Silicon Valley a partir de un panfleto de 2008, "Patchwork, un sistema político para el siglo XXI". Su premisa: los gobiernos pueden y deben ser reemplazados por una telaraña global de mini países soberanos, cada uno gobernado por su propia sociedad anónima, sin democracia.

Algunos supermillonarios se entusiasmaron con esas ideas y pusieron dinero. Entre ellos se destaca Peter Thiel. Uno de esos proyectos es Próspera, una ciudad en la isla de Roatán, Honduras, aprobada como "Zona para el Empleo y el Desarrollo Económico" en un trámite dudoso durante el gobierno de Juan Orlando Hernández, el expresidente condenado por narcotráfico que Trump acaba de indultar.

Para el marketing es una "ciudad startup"; más discretamente, sus impulsores la describen como un "Hong Kong privado", un paraíso capitalista enquistado en un Estado soberano. Ofrece a las empresas una tasa fiscal plana del 1 por ciento, un entorno libre de regulaciones, una ley distinta a la hondureña, tribunales propios, servicios de primer nivel y un pequeño ejército privado. No es un plan: está funcionando ahora.

Hace cuatro años el Congreso hondureño aprobó una ley que revocó los permisos otorgados de manera irregular y hace dos la Corte Suprema determinó que el acuerdo original no era válido. En lugar de irse, Próspera acudió a tribunales internacionales e inició un juicio al país por una suma impagable, amparada en una cláusula que prometía estabilidad jurídica incondicional por cincuenta años.

Mark Lutter dirige el Instituto Ciudades Charter, un grupo de lobby financiado por Silicon Valley y por Thiel para impulsar estas zonas de exclusión anarcocapitalistas en todo el mundo. Esta semana escribió en X: "Venezuela no necesita convertirse en otro Irak. Necesita Ciudad Libertad. Realidad: el viejo sistema sigue allí (cortes corruptas, cárteles, instituciones rotas). Arreglar todo al mismo tiempo no funciona. Entonces no arreglen todo. Empiecen con una ciudad que funcione".

El Instituto recibe financiamiento de Thiel desde 2018 y un año más tarde su titular ya hablaba de "un libro blanco" para Venezuela "partiendo del supuesto de que se produce un traspaso de poder". En su reporte anual de 2019 incluye una sección titulada "Make Honduras Great". Otro proyecto financiado por Thiel, Praxis, se presenta como "nación digital" y proyecta instalarse en Groenlandia. En enero de 2025, cuando Trump anunció a Ken Howery —cofundador de PayPal y exsocio de Thiel y Musk— como embajador ante Dinamarca, la cuenta oficial de Praxis posteó: "De acuerdo al plan".

El pozo de mierda

Yarvin, mientras tanto, pasó el fin de año defendiendo a Hitler en sus redes: según su interpretación, fue un "genio" por detectar que "las elites angloamericanas" nunca dejarían que Alemania se desarrollara. En el paralelismo que sugiere, Estados Unidos ocupa el lugar de Alemania, amenazado por la emergencia de China.

Ya no propone una telaraña de ciudades privadas. Ahora dice que Estados Unidos necesita un "partido político duro", diseñado como "una organización privada legal cuyo objetivo es convertirse en el próximo partido gobernante", al estilo del Partido Comunista Chino en un "Estado de Partido Único centralizado".

Esta semana publicó un largo hilo sobre Venezuela donde sostiene que "un Estado es una empresa" y su política exterior es su "estrategia de negocios", que puede tener flujo de caja positivo (imperialismo), neutro (aislacionismo) o negativo (soft power). Celebra que Trump haya abandonado la estrategia deficitaria por la superavitaria y afirma que "la intervención de Venezuela es también inteligente en términos de praxis diplomática" al evitar "instalar un títere": "Si un Estado es una empresa la forma de controlarlo es comprarlo", escribe, y propone pagar a quienes tuvieron un rol importante en la revolución con participación en las ganancias futuras del país.

La segunda etapa, según Yarvin: "Desembarcar en Venezuela con una legión bien organizada de jóvenes tecnócratas latinoamericanos, surgidos de regímenes y partidos de derecha. Hay que empezar a entrenarlos en El Salvador ya mismo. El núcleo de un nuevo servicio civil. Reseteo total del Estado. Estilo DOGE. CEO tech. Seguridad nivel Bukele. En resumen: Venezuela es un pozo de mierda con mega potencial, y es el laboratorio perfecto para una gobernanza del siglo 21".

El Instituto Ciudades Charter, la ONG de Lutter financiada por Thiel, usa ese título de fantasía pero está registrada con otro nombre: "Centro para la Investigación de la Gobernanza Innovativa". Primero ciudades, después países, por último quizás todo el continente. No es una conspiración y nadie controla todas las variantes, admite Lantos: hay otros actores e intereses en pugna. Pero ninguno hoy es más poderoso, ni tiene tantos recursos, ni tiene tan claro hacia dónde quiere conducir el mundo.

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