La encuesta que no existe: el extraño sondeo que impulsa el adolfismo y desata sospechas
¿Una encuesta real o una operación política? El adolfismo difunde un sondeo que le da 38,6% a Adolfo Rodríguez Saá, pero la consultora señalada no tiene nada que ver con estudios electorales. Los detalles que ponen en duda todo.
Una supuesta encuesta que coloca a Adolfo Rodríguez Saá quince puntos por encima del gobernador Claudio Poggi comenzó a circular en las redes sociales impulsada por dirigentes y simpatizantes del adolfismo. El gráfico atribuye la medición a EGB Consultora y sostiene que el exgobernador alcanzaría el 38,6% de intención de voto. Poggi aparece con el 23,5%, Alberto Rodríguez Saá con el 12,3% y Bartolomé Abdala con el 4,3%. Otro 21,3% fue incluido dentro de la categoría “no sabe o no contesta”.
La imagen intenta presentar un escenario contundente: Adolfo no solo habría recuperado competitividad, sino que estaría cerca del 40% y aventajaría con comodidad al actual mandatario provincial.
¿Quién está detrás de EGB Consultora?
El problema aparece cuando se intenta comprobar quién realizó el estudio. La única empresa argentina que puede identificarse públicamente con el nombre EGB Consultora no se dedica a investigaciones políticas, opinión pública ni mediciones electorales. Se presenta como una consultora de calidad y asistencia técnica con sede en Campana, provincia de Buenos Aires, especializada en tareas industriales, auditorías, procesos productivos, trazabilidad, gestión de riesgos, normas ISO y condiciones de trabajo.
Su actividad está relacionada con sectores como el automotor, autopartista, metalúrgico, naval, soldadura, inyección y vidrio. Entre sus servicios aparecen la implementación de sistemas de calidad, el seguimiento de indicadores, las acciones correctivas y la supervisión de procesos internos.
No aparecen encuestas. No aparecen estudios electorales. No aparecen politólogos, sociólogos ni especialistas en opinión pública vinculados con esa firma. Tampoco existen antecedentes de trabajos realizados en San Luis o en otras provincias para medir intención de voto, imagen de dirigentes o escenarios electorales.
La distancia entre ambas actividades es evidente. Auditar procesos dentro de una fábrica, controlar la trazabilidad de una línea de producción o evaluar el cumplimiento de normas de calidad no tiene relación profesional con diseñar una muestra electoral representativa de toda una provincia.
¿Qué se sabe realmente del sondeo?
Hasta el momento tampoco existe evidencia de que esa empresa haya confeccionado el gráfico. Por esa razón, no puede descartarse que alguien haya utilizado una denominación existente para darle apariencia de seriedad a una pieza de propaganda política. Si la EGB que aparece en la placa fuera una consultora diferente, debería poder identificarse públicamente, informar quiénes son sus responsables y exhibir el estudio completo. Nada de eso ocurrió.
La imagen difundida por el adolfismo solamente muestra una ficha técnica básica. Afirma que fueron consultadas telefónicamente 800 personas mayores de 16 años entre el 1° y el 6 de julio, con un margen de error del 3,5% y un nivel de confianza del 95%. No informa cómo fueron seleccionados los entrevistados, qué localidades integraron la muestra, cuántos casos correspondieron a cada departamento ni si las llamadas fueron realizadas a teléfonos celulares o líneas fijas. Tampoco identifica al responsable técnico, al cliente que encargó el trabajo, a quien lo financió o al equipo encargado de realizar las entrevistas.
No hay cuestionario. No hay informe. No hay base de resultados. Hay solamente una placa.
¿Por qué la cifra es tan sospechosa?
La inclusión de términos estadísticos no convierte automáticamente una imagen en una encuesta. El margen de error solo tiene valor cuando existe una muestra correctamente seleccionada, equilibrada territorialmente y representativa de la población que se intenta estudiar. Cualquier persona puede escribir “800 casos”, “95% de confianza” y “margen de error del 3,5%” debajo de un gráfico. Lo difícil es demostrar que esas 800 entrevistas fueron realizadas y que el procedimiento utilizado permite proyectar los resultados sobre toda la provincia.
De acuerdo con consultas realizadas por El Diario de San Luis a profesionales que trabajan con estudios de opinión pública, las mediciones conocidas muestran un panorama radicalmente distinto. En esos relevamientos, Adolfo Rodríguez Saá no superaría actualmente los seis puntos de intención de voto. La diferencia con el 38,6% que le adjudica la placa es superior a los 30 puntos. No se trata de una variación dentro del margen de error. Tampoco de metodologías que arrojan resultados apenas diferentes. Son dos realidades electorales incompatibles.
Para que la encuesta difundida por el adolfismo fuera correcta, Adolfo tendría que haber protagonizado uno de los crecimientos políticos más importantes de los últimos años sin que ninguna otra fuerza, consultora o dirigente provincial hubiera advertido el fenómeno.
¿Una estrategia para instalar el regreso?
El gráfico apareció, además, en un momento conveniente. El exgobernador volvió a recorrer localidades, encabeza reuniones y busca instalarse nuevamente como una figura competitiva para 2027. Una encuesta que lo muestra primero y cerca del 40% resulta funcional para entusiasmar a su militancia, atraer dirigentes y construir la sensación de que su regreso ya sería inevitable.
La estrategia es conocida. Primero se anuncia el regreso. Luego se exhibe movimiento territorial. Finalmente aparece una encuesta que transforma una aspiración política en una supuesta demanda social. Pero esta vez la operación dejó demasiadas huellas.
La consultora que aparece públicamente bajo el nombre EGB trabaja con industrias, auditorías y sistemas de calidad. No con elecciones. La medición completa no fue publicada. No existen responsables técnicos identificados y nadie explicó quién encargó ni financió el relevamiento. Hasta que aparezca esa documentación, no hay ninguna prueba seria de que Adolfo Rodríguez Saá tenga el 38,6% de intención de voto.
Lo que existe es una placa difundida por sus seguidores y atribuida a una empresa cuya actividad conocida no tiene ninguna relación con la política electoral. El adolfismo intentó instalar una ola. Pero detrás de los porcentajes no apareció una encuestadora. Apareció una operación.