La enfermera que salvó a cientos de soldados y terminó frente al pelotón: la frase que dejó antes de morir

La enfermera que salvó a cientos de soldados en la Primera Guerra Mundial terminó frente al pelotón de fusilamiento. Antes de morir, dejó una frase que todavía resuena: ¿qué dijo?

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La enfermera que salvó a cientos de soldados y terminó frente al pelotón: la frase que dejó antes de morir
La enfermera que salvó a cientos de soldados y terminó frente al pelotón: la frase que dejó antes de morir

Edith Cavell nació en Norfolk, Inglaterra, el 4 de diciembre de 1865. Su padre, un pastor anglicano, la crió con la idea de ayudar a los más pobres y consolar a los enfermos. Pero su vocación llegó más tarde, en un viaje por Europa que la llevó de institutriz en Bélgica a voluntaria en un hospital de Austria.

Edith Cavell no era una espía, aunque los alemanes la fusilaron por espionaje. Era una enfermera que, en plena Primera Guerra Mundial, se dedicó a salvar vidas de soldados aliados y alemanes por igual. Su historia terminó frente a un pelotón de fusilamiento en 1915, pero antes dejó una frase que quedó grabada para siempre.

Su padre, Frederick, le inculcó los principios religiosos básicos: socorrer a los desprotegidos, consolar a los enfermos. Cuando Edith se lanzó a recorrer Europa a los veinte años, recaló en Bélgica como institutriz de una familia francesa. Luego viajó a Austria para ser voluntaria en un hospital, y allí encontró su verdadera vocación: la enfermería.

En 1896, con treinta años, volvió a Londres para trabajar en el London Hospital mientras su padre se recuperaba de una enfermedad. Ya era una profesional y se especializó en ayudar a los bebés a nacer. Más tarde regresó a Bruselas para trabajar en la Escuela de Enfermería y colaboró en la edición de una revista llamada "La enfermera". En 1907, el cirujano belga Antoine Depage, presidente de la Cruz Roja de ese país, la contrató como enfermera jefe del Instituto Berkaendael y directora de la Escuela Belga de Enfermeras Graduadas.

El estallido de la guerra

El 28 de junio de 1914, el nacionalista bosnio Gavrilo Princip asesinó al archiduque Francisco Fernando y a su esposa Sofía en Sarajevo. Ese fue el detonante de la Primera Guerra Mundial. En menos de un mes, Alemania ya se enfrentaba a Rusia y Francia, y Gran Bretaña se sumó al conflicto.

Edith estaba visitando a su madre en Inglaterra cuando estalló la guerra. Decidió regresar a Bruselas para atender la escuela de enfermeras, que ahora estaba en manos de la Cruz Roja. Para entonces, ya había sido contactada por el MI6, el servicio de inteligencia británico.

El 4 de agosto de 1914, Alemania invadió Bélgica. La orden de los invasores fue evacuar a todos los heridos, militares y civiles, para convertirlos en prisioneros. Lo mismo hicieron con los sospechosos de actividades antigermanas. Edith Cavell, ahora adscrita al MI6, se sumó a una red que facilitaba la fuga de militares aliados hacia Holanda, país neutral.

La red tenía dos centros de operaciones: Mons, en Bélgica, y Lille y Valenciennes, en Francia. Muchos soldados británicos habían quedado atrapados en la "bolsa de Bruselas" durante la retirada aliada. La red de Cavell los ocultaba, los disfrazaba de pacientes y les buscaba refugio en casas amigas, incluida la suya. La enfermera siguió atendiendo a heridos de ambos bandos sin distinción, pero facilitar la huida de soldados aliados violaba la ley marcial alemana, que castigaba a quien ayudara al enemigo.

La captura y el juicio

La red fue infiltrada por el espionaje alemán poco después de su creación. El 3 de agosto de 1915, Cavell y otras quince personas fueron detenidas y encerradas en la prisión de Saint Gilles. Entre el 7 y el 8 de octubre, un tribunal militar las sometió a juicio sumario.

Cavell admitió todos los cargos. Ni siquiera quiso hacer un alegato en su defensa. El 11 de octubre fue condenada a muerte, sin que se mencionaran en las actas las vidas alemanas que había salvado. Su ejecución se fijó para cuatro días después. Su silencio pudo haber sido para no comprometer a otros, o una muestra de entereza bíblica.

Dos diplomáticos intentaron salvarle la vida. Hugh Gibson, primer secretario de la embajada de Estados Unidos en Bélgica, y Rodrigo de Saavedra, embajador español en Bruselas, se reunieron con el gobernador militar alemán Oscar von der Lancken-Wakenitz. Gibson relató después: "Le recordamos el incendio de Lovaina y el hundimiento del 'Lusitania' y le dijimos que este asesinato se uniría a esos dos sucesos e inundaría a todos los países civilizados de horror y disgusto". Los alemanes mantuvieron la sentencia. Saavedra pidió la conmutación o al menos una postergación, pero no sirvió. Ante la posibilidad de más presiones, decidieron adelantar la ejecución para el 12 de octubre.

La frase final

Antes de enfrentar al pelotón, Cavell recibió en su celda al capellán anglicano Stirling Gahan. Le dijo dos frases que el pastor nunca olvidó: "El patriotismo no es suficiente y no debo tener odio ni amargura hacia nadie. He visto la muerte tan a menudo que no es algo extraño ni temeroso para mí".

Edith Cavell fue fusilada al amanecer del 12 de octubre de 1915 en el campo militar de Tir National, en Bélgica. Tenía 49 años.

El embajador español exigió que fuera enterrada en el cementerio vecino al lugar de la ejecución. El poeta alemán Gottfried Benn, médico militar de la prisión que presenció la ejecución, escribió que nunca había visto una mujer de tanto valor. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, justificó el fusilamiento: "(…) fue lamentable, pero necesaria. (…) Consideren qué le sucedería a un estado, sobre todo en guerra, si permitiera que los delitos contra la seguridad de sus ejércitos no recibieran castigo alguno por haber sido cometidos por mujeres (…)".

El legado

La muerte de Cavell causó un escándalo internacional. Los medios británicos y estadounidenses la presentaron como una heroína inocente y fiel a sus principios cristianos. Su figura sirvió para incentivar el alistamiento de jóvenes británicos. Estados Unidos entró a la guerra tras el hundimiento del "Lusitania".

Al terminar la Primera Guerra Mundial, el cuerpo de Edith fue trasladado desde Saint-Gilles hasta Londres, escoltado por tropas británicas. Su funeral de Estado fue presidido por la familia real. Luego sus restos viajaron en tren hasta Norwich, donde descansan en Life's Green, junto a la catedral. El vagón que transportó los restos desde Dover hasta Londres fue llamado "Cavell Van" y se exhibe en la estación de Bodiam. En Tir National, una placa recuerda a Cavell y a otras treinta y cinco personas fusiladas allí.

En el centro de Londres, en Trafalgar Square, una estatua de piedra la homenajea cada 12 de octubre. La talló George Frampton y muestra su figura delgada y recta, con capa de mangas anchas y manos de dedos largos. Sobre su cabeza se lee "Humanity". A sus pies, su nombre, la fecha de su muerte y la frase sobre el patriotismo y la falta de odio. Ese es su testamento.

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