La escuela que no vuelve: padres al límite y una decisión que ya evalúan
Una madre ya no da más con las tareas: "Casi fin de año y ni esperanzas de que retomen las clases". Otra directamente evalúa cambiar a su hijo de escuela. Qué dice la directora y por qué nadie sabe cuándo vuelven.
La Escuela N° 243 “Javier Castro” sigue con las puertas cerradas para sus alumnos. Ya pasaron más de tres semanas desde que se suspendieron las clases presenciales y, lejos de resolverse, el conflicto se profundiza: no hay fecha para que terminen las refacciones ni cronograma para la vuelta a las aulas.
La medida de contingencia se había adoptado el 26 de agosto, después de que los tutores denunciaran ruidos ensordecedores, polvillo, baños colapsados y la convivencia diaria de los chicos con los obreros de la construcción. Lo que iba a ser un paliativo temporal se transformó en un callejón sin salida visible.
El agotamiento de las familias
El esquema pedagógico a distancia —consignas por grupos de mensajería y encuentros virtuales aislados— empezó a mostrar la hilacha en los hogares. Varios tutores hablan de sobrecarga de actividades que deben asumir sin herramientas pedagógicas y advierten un retraso marcado en el aprendizaje de los chicos.
“No damos más con tanta tarea… ni la mitad hacen en clases… casi fin de año y ni esperanzas de que retomen clases presenciales. Seguimos con las clases virtuales, ninguna novedad de que retomen las presenciales”, relató a INFORAMA una madre con evidente frustración. La mujer también apuntó contra el escaso movimiento que se ve en el edificio: “Pocos obreros se ven”.
Otra tutora fue más allá y confesó que ya analiza sacar a su hijo de la institución. “Siguen en clases virtuales, ya estoy pensando en cambiarlo de escuela; la directora dice que no tiene idea de cuándo vuelven”, lamentó. Y describió el día a día en las casas: “Ni entre dos podemos con las tareas, no somos docentes, me imagino gente que tiene menos idea; las clases virtuales no son lo mismo. Estamos sentados desde la mañana intentando enseñarle, pero los chicos se atrasan y no aprenden”.
Un conflicto que arrancó a fines de agosto
El origen del problema se remonta a fines de agosto, cuando los padres visibilizaron a través de INFORAMA que las obras de mantenimiento se ejecutaban en plena jornada escolar. En ese momento había un único baño habilitado para toda la matrícula, compartido con el personal de la construcción, y se sumaba la rotura de una bomba de agua.
La suspensión presencial buscaba resguardar la seguridad e higiene de los estudiantes. Sin embargo, el estancamiento de las refacciones y el silencio de las autoridades educativas mantienen a decenas de niños fuera de las aulas y a sus familias al límite de la tolerancia.