La explosión en Monteagudo 120 destapa años de advertencias ignoradas
La explosión en Monteagudo 120 dejó un muerto y heridos, pero también destapó años de advertencias ignoradas sobre edificios sin certificados y falta de planificación urbana. ¿Qué pasó con los controles?
La reciente explosión en el edificio de Monteagudo 120, que dejó un muerto, heridos y decenas de evacuados, reavivó un debate que San Miguel de Tucumán posterga hace años: ¿hasta cuándo la falta de coordinación entre organismos seguirá costando vidas y dinero?
El siniestro no fue un hecho aislado. En 2018, un relevamiento de la Dirección de Catastro ya había marcado la zona como crítica: detectó 31 edificios ocupados sin Certificado Final de Obra ni de Habitabilidad, entre ellos el de Monteagudo 120/128. Aquellas construcciones funcionaban con instalaciones precarias: medidores de obra, baja presión de agua y hasta garrafas de gas en los pasillos.
¿Qué pasó con las advertencias?
Ocho años después, el estallido en la Monteagudo demostró que esos avisos no eran una exageración, sino una señal que merecía respuestas concretas y sostenidas. El problema, sin embargo, excede a un solo edificio.
Hace pocas semanas, el titular de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) insistió en que no se debe seguir construyendo sin obras de infraestructura previas. Su argumento es simple: lo que no se resuelve antes, cuesta mucho más después.
1.500 edificios sin planificación
En las últimas décadas, la capital tucumana sumó alrededor de 1.500 edificios sin que las redes de agua, cloacas y desagües se ampliaran en la misma proporción. El resultado se ve en servicios sobrecargados y una infraestructura que no acompaña el crecimiento edilicio.
El caso de Manantial Sur es aún más doloroso. Allí se construyeron unas 1.000 viviendas sin las redes de servicios listas. Las casas, que no pudieron entregarse, fueron vandalizadas y destruidas. Reconstruirlas demandó una partida especial, y cerca de un millar de familias esperaron casi una década para acceder a sus hogares.
La falta de coordinación entre organismos tiene un costo económico enorme, pero también uno humano incalculable. Planificar no es impedir el desarrollo, es anticiparse. La tragedia de Monteagudo 120 debería enseñar que la burocracia que no dialoga se convierte en riesgo, y que corregir la falta de planificación siempre resulta más caro.
Una ciudad moderna necesita organismos que no solo actúen, sino que sepan actuar juntos.