La fábrica que renació de las cenizas: la lucha obrera detrás de Nueva Cotar

¿Qué hace un grupo de obreros cuando la fábrica donde trabajaron toda su vida cierra? La Nueva Cotar demuestra que la unión hace la fuerza. Conocé la historia de lucha que devolvió la esperanza a 120 familias.

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La fábrica que renació de las cenizas: la lucha obrera detrás de Nueva Cotar
La fábrica que renació de las cenizas: la lucha obrera detrás de Nueva Cotar

En Rosario, una cooperativa de trabajadores logró resucitar una emblemática fábrica láctea que estaba al borde de la quiebra. La Nueva Cotar produce hoy con 120 socios y sueña con exportar. Esta es la historia de resistencia y orgullo obrero que conmueve a toda la provincia.

La marca Cotar, presente en las mesas rosarinas desde hace 90 años, parecía destinada a desaparecer. En 2022, la empresa fue abandonada por sus gestores privados, dejando a cientos de familias en la incertidumbre. Pero un grupo de trabajadores decidió no rendirse y tomó las riendas de su destino.

¿Quiénes son los héroes de esta historia?

Luis Rivarda, ex albañil, recuerda su primer día con emoción: “Dejé el cortafierros y la masa en la puerta”. Tras 28 años en la planta, hoy fiscaliza la mercadería en la cámara de frío. “Mi vida y la de mi familia cambió cuando entré a Cotar”, confiesa con la voz quebrada.

Hugo Acosta, nacido en Maciel, lleva 43 años en la fábrica. Próximo a jubilarse, trabaja en pasteurización. Para él, los años bajo gestión privada fueron “el peor momento”: sueldos miserables, tickets de supermercado y la angustia de no saber si cobrarían los sábados.

La crisis que los unió

En 2021, la situación era insostenible. “Hasta que el depósito no estaba hecho, los camiones del tambo no descargaban la leche”, recuerda Hugo. La falta de respuestas los llevó a cortar calles y marchar a tribunales. “El horizonte era difícil, hubo momentos en los que no se veía nada”, admite.

Finalmente, en asamblea, decidieron ocupar la fábrica y crear la Nueva Cooperativa de Tamberos de Rosario. Luis y Hugo fueron delegados durante siete meses en la antigua sociedad.

Autogestión y desafíos

Hoy, la cooperativa cuenta con 120 socios y un Consejo Directivo. Cristian Rivarda, hijo de Luis, es parte del consejo. “Nos encontramos con una empresa devastada, sin credibilidad”, cuenta. Pero el formato cooperativo cambió todo: asambleas cada tres semanas, decisiones consensuadas y un trabajo más arraigado.

“Ha cambiado la forma de organizar el trabajo. El formato cooperativo es más arraigado que el tradicional”, sostiene Cristian. Y agrega: “Es difícil escuchar a todos, pero siempre escuchando a los socios”.

Un futuro prometedor

La producción aumentó significativamente y están en un proceso judicial para adquirir la planta y la marca. Buscan estabilidad para planificar, exportar y asegurar la jubilación de los trabajadores más antiguos.

Luis y Hugo, con lágrimas en los ojos, agradecen: “No sé si me merecía tanto”, dice Hugo. “Ya pronto me voy, veo cómo está la empresa y me voy orgulloso”.

Luis Rivarda

Hugo Acosta

Hugo y Luis

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