La fábrica que se cansó de que otros construyan en Neuquén: mirá lo que hace en 90 días
Buenos Aires, Córdoba y Mendoza se repartían las obras de la región, hasta que un neuquino se cansó y armó la única fábrica de casas modulares de la provincia. Lo que sale de esa planta cerca del aeropuerto cambia la ecuación: 90 días y precio cerrado.
Mientras firmas de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza se pelean por las obras en la región, una planta ubicada cerca del aeropuerto neuquino produce casas modulares con mano de obra local. Detrás de Attila está Emilio Munarín, un neuquino que empezó construyendo su propia casa y terminó armando la única fábrica de construcción modular fundada, desarrollada y operada íntegramente en la provincia.
La empresa ya tiene más de 2.000 metros cuadrados instalados en toda la Patagonia. Todos los módulos se fabrican desde cero con madera y panel SIP en su planta, y después se trasladan al terreno del cliente.
¿Por qué elegir una empresa local?
La diferencia no es solo geográfica. Contratar a un fabricante de otra provincia implica que el módulo viaje cientos de kilómetros y que buena parte de la inversión se vaya afuera. Con Attila, en cambio, cada peso invertido queda en su mayoría en Neuquén.
"Lo mejor de estar en Neuquén es que la gente lo puede ver", dice Munarín. La posibilidad de visitar la fábrica y ver cómo se arma cada módulo antes de firmar fue clave para romper los prejuicios que pesan sobre la construcción modular.
Casa propia en 90 días y precio cerrado
El sistema combina tres ventajas que rara vez aparecen juntas: velocidad, precio cerrado y buena terminación. Mientras una obra tradicional demanda entre 10 y 12 meses, Attila entrega cada vivienda en 90 días desde la firma del contrato.
"No se cobra un adicional, es el precio cerrado, no tenés sorpresas porque aumentó el hierro o el piso que habías elegido", señala Munarín. El cliente puede elegir colores, revestimientos, mesadas, griferías y la distribución de aberturas.
¿Para quién son estas casas?
El perfil que más creció es el de parejas jóvenes de 25 a 45 años, muchas con uno o dos hijos, que quieren dejar de alquilar y acceder a su primera vivienda sin resignar calidad. "No buscan lujo pero sí una casa de calidad", resume el fundador.
También hay quienes compran un módulo para el fondo del terreno mientras construyen adelante, y luego lo reconvierten en quincho o departamento de alquiler. Otros apuntan a una segunda residencia en zonas lacustres como Villa El Chocón o el lago Mari Menuco, o a refugios en la cordillera.
Attila integra la CACMI, la cámara que agrupa a las empresas de construcción modular del país, y participa de intercambios tecnológicos con otros fabricantes. Pero su base, su producción y su apuesta siguen siendo neuquinas.