La familia que prepara a San Gil cada año: una tradición que une generaciones

No es solo un manto nuevo ni una limpieza: detrás de la imagen hay una historia familiar que se repite cada septiembre y que guarda un significado mucho más profundo.

· 3 min de lectura
La familia que prepara a San Gil cada año: una tradición que une generaciones
La familia que prepara a San Gil cada año: una tradición que une generaciones

La familia Sayavedra, del barrio Villa Rojas, mantiene viva una tradición que se transmite de generación en generación: preparar la imagen de San Gil para su fiesta mayor. Cada año, Miguel Sayavedra, su mamá Noemí Páez, su hermana y otros parientes se encargan de acondicionar al santo, una tarea que comenzó hace décadas y que hoy los encuentra con la misma devoción.

En diálogo con Nuevo Diario, Miguel contó que para ellos es "una alegría siempre para la fiesta de San Gil poder colaborar un poco con la familia custodia de la imagen y con una tradición que viene con mi familia desde hace ya un tiempo".

La historia arrancó cuando la imagen estaba en la antigua capilla. Allí, la familia ayudaba con la limpieza y el mantenimiento del lugar, acompañando a Mercedes, la encargada del cuidado del santo. Con la inauguración de la nueva capilla, el nicho quedó más alto y el trabajo cambió: ahora hay que subir para llegar hasta él.

"Mi mamá, como costurera, confecciona el manto y la túnica que lleva San Gil, y yo soy uno de los corajudos que sube para poder preparar y acondicionar la imagen", relató Miguel.

La preparación se repite cada año, en especial antes del 1 de septiembre, cuando los peregrinos vuelven a llegar. Después de la procesión, la familia también se ocupa de limpiar la imagen y sacarle el polvo acumulado durante el recorrido.

Para Miguel, esto va más allá de una promesa. Está ligado a los recuerdos de sus abuelos y de otros familiares que ya no están. "No es solamente cumplir una promesa de petición o agradecimiento, sino también arraigar una historia, una cultura", señaló.

Recordó que su mamá guarda en la memoria las épocas en que esperaba el paso de San Gil junto a su abuela. Después fueron sus propias abuelas, tanto materna como paterna, quienes lo llevaron a la procesión y a la fiesta.

"Todos los años, con este pequeño gesto, es un poco recordarlos a ellos, a nuestros abuelos, bisabuelos, tíos y primos que ya no están, pero que también tuvieron esa devoción", expresó.

La emoción, admitió, se mezcla con el cansancio y el esfuerzo de cada preparación, pero también con la satisfacción de volver a cumplir con el santo. Para la familia, cada detalle es una ofrenda hecha con amor y gratitud.

"Uno trata de brindarle lo mejor a Dios y qué mejor que hacerlo por esta figura de una persona que se ha pasado haciendo el bien", resumió Miguel.

Más para leer

El duelo perinatal dejó de ser un tema silenciado: la jornada que reunió a profesionales y familias en Santiago
Sociedad
Un oso hormiguero volvió a casa: el operativo que unió a guardafaunas y Rewilding en el Copo
Sociedad
Árraga se paralizó por una vecina que llegó a los 100 y dio una lección
Sociedad
Del monte a la mesa: la UNSE abrió una diplomatura que ya tiene 21 becados en Avellaneda
Sociedad
La UNSE sale a la calle: convocan a los santiagueños a una marcha que arranca en Belgrano Sur
Sociedad
La Escuela de Robótica abre sus puertas: dos días para ver lo que hacen los chicos
Sociedad