La Fiesta de la Nieve cumple 55 años: los secretos y anécdotas que marcaron a Bariloche

¿Qué secretos esconde la Fiesta Nacional de la Nieve? Desde sus inicios en el cerro Catedral hasta las reinas que marcaron época. Conocé las historias que nadie contó.

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La Fiesta de la Nieve cumple 55 años: los secretos y anécdotas que marcaron a Bariloche
La Fiesta de la Nieve cumple 55 años: los secretos y anécdotas que marcaron a Bariloche

La Fiesta Nacional de la Nieve, que este año celebra su edición 55, es mucho más que un evento turístico para los barilochenses. Es un pedazo de su identidad, una tradición que se renueva y que guarda historias de nervios, reinas, desfiles y hasta de una Susana Giménez en pleno auge.

Del cerro Catedral al centro de la ciudad

Todo comenzó en 1954, cuando la primera edición se realizó en el cerro Catedral, con la presencia del triple campeón mundial de esquí, Stein Eriksen. En aquel entonces, la organización estaba a cargo de la Administración de Parques Nacionales. Recién en 1971, el gobierno nacional designó a Bariloche como sede oficial y la Dirección Municipal de Turismo tomó las riendas. Siete años después, una Comisión Permanente Organizadora se hizo cargo del evento.

Con el correr de los años, la fiesta mantuvo sus clásicos concursos: hacheros, pullóver, tortas y mozos. El Desfile de Carrozas, en tanto, quedó en el pasado. En esta edición, por tercera vez, volvió la elección de la Reina de la Nieve.

La bajada de antorchas y sus cambios

Desde los años 60, la inauguración oficial consistía en una bajada de antorchas por el cerro Catedral. Pero en los últimos tiempos, las llamas fueron reemplazadas por luces LED. Giusti Olivieri, profesor de esquí que participó desde los 70, explicó el motivo: “El fuego siempre seduce más, pero esas antorchas se consumían rápidamente. Las luces LED garantizan la seguridad de los participantes”. Aunque ya no desciende con los esquiadores, sigue disfrutando del espectáculo como espectador.

La apertura de los festejos también tuvo momentos de brillo: la modelo Valeria Mazza fue abanderada en una oportunidad, y la conducción estuvo a cargo de figuras como Teté Coustarot y Julián Weich.

El nerviosismo desde el escenario

Noemí Mecozzi condujo la fiesta durante varias ediciones y aún recuerda su primera vez: “Me temblaban las piernas. Es una responsabilidad enorme, desde entretener al público hasta sacarle los nervios a las candidatas. Y cuando me subí al escenario junto a Carlos Hidalgo, me encomendé a mi padre y a Dios”. Para ella, la fiesta siempre fue “una de las más criticadas, pero a la vez, más queridas”, con una participación que no se detiene ni con lluvia, nieve o frío.

El debate sobre si el evento era para los locales o para el turismo se resolvió con un híbrido: actividades para la comunidad y shows musicales. La fecha también fue motivo de discusión: ¿junio, julio o agosto? Finalmente, se optó por agosto, aunque muchos años faltaba la nieve en junio.

La vuelta de la Reina

María de las Nieves Alaniz fue la primera Reina de la Nieve en 1971. El concurso continuó hasta 2019, cuando las autoridades municipales decidieron eliminarlo, siguiendo el ejemplo de Viedma y Neuquén. Pero en 2024, el entonces secretario de Turismo, Sergio Herrero, lo reflotó tras un fuerte debate. Mecozzi defendió la decisión: “Cuando sacaron la elección de la reina, al barilochense no le gustó. Las candidatas representaban a los barrios o ciertas instituciones. La gente se juntaba a verlas en el Centro Cívico, tapadas con camperas, gorros y guantes. Incluso, pedirles que aplaudan con los guantes tiene un valor especial”.

Noemí Molina, otra maestra de ceremonias, recordó sus inicios desfilando en coches antiguos por la calle Mitre con los pullóveres tejidos para la ocasión. “En una oportunidad, vino Susana Giménez, que estaba muy en auge, a desfilar con nosotras. Estábamos fascinadas. En ese momento, Susana protagonizaba la publicidad del jabón Cadum. En el comercial gritaba ‘¡Shock!’, lo que le valió un rotundo éxito”, contó. También destacó a Angelina, una italiana que se lucía en el concurso de pullover con motivos de montañas, nieve y ciervos.

Las colectividades, de regreso

Las Colectividades Europeo Argentinas volvieron a sumarse a la fiesta. Cecilia Rupa, presidenta de la Asociación, explicó: “Los inmigrantes europeos y sus hijos nos sumamos a la fiesta en 1978, con stands en la calle Mitre. Pero con el tiempo, decidimos organizar nuestra propia fiesta, primero en el gimnasio de Bomberos Voluntarios y luego, en Dina Huapi. Como debimos suspenderla por motivos económicos, nos invitaron una vez más”. En esta edición, las 12 colectividades ofrecerán platos y bebidas típicas en cuatro “casitas” en la calle Mitre, entre Quaglia y Villegas, con danzas europeas, juegos y entretenimiento.

Embajadoras de Bariloche

Paula Gómez fue Reina Nacional de la Nieve en el período 1987-1988. “Nací en el año 70, cuando comenzó la elección. Mi mamá era muy joven, vivió todo eso y, tener una hija mujer le dio la ilusión de que su hija fuera reina alguna vez -aunque yo tenía mucha vergüenza-”, contó. Los meses siguientes fueron “bastante arduos”: “Pasé a ser una especie de empleada municipal y tuve muchos viajes. En ese momento, no existía el Emprotur y la Municipalidad promocionaba la ciudad. Entonces, la reina era como la embajadora turística de Bariloche”.

En 2004, Ana Laura Barrandeguy ganó la corona, aunque no estaba en sus planes: “Mi mamá me anotó. Llegó un día del trabajo con los formularios y me dijo que tenía que salir de casa. En un primer momento, me enojé porque no era mi perfil, pero no sé por qué, terminé completándolo y presentándome”. Recordó que cuando Carlos Hidalgo le dijo “Sos vos”, fue “como un baldazo de agua fría”. La experiencia la marcó tanto que estudió turismo y hoy es su profesión. Para ella, la figura de embajador o embajadora puede traer beneficios, pero “desde una mirada más actual y una persona que nos represente, transmita, convoque y enganche al público”.

La Fiesta Nacional de la Nieve combina tradición e identidad local con propuestas culturales, gastronomía, actividades recreativas y tecnología, incluyendo un show de drones. Una programación pensada para la familia barilochense y los visitantes que, una vez más, demuestra que esta celebración es parte esencial de la historia de la ciudad.

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