La fiesta íntima que terminó en un crimen sin resolver en San Juan
Una botella de champagne, Viagra y una bolsa con 230.000 pesos: lo que la Policía encontró en la casa del empresario español asesinado en un barrio privado de San Juan. La causa sigue sin detenidos.
El empresario español Gonzalo Giménez Avendaño fue hallado sin vida en octubre de 2019 dentro de su casa en el barrio privado Portal de las Sierras, en Capital. Tenía una herida profunda en el pecho y otras lesiones. La causa, que tuvo a cinco jóvenes detenidas en distintos momentos, quedó sin detenidos y sin respuestas.
Una botella de champagne, envases de cerveza, vasos sueltos y una tableta de pastillas de Viagra. Ese fue el primer cuadro que encontraron quienes entraron a la vivienda. El desorden en parte de la casa y el cuerpo ensangrentado del hombre completaban la escena.
Giménez Avendaño, radicado en San Juan desde 2009, era docente y había abierto un geriátrico en calle Caseros llamado Residencia para Adultos Mayores Don Juan. Tenía familiares en la provincia, pero vivía solo en ese consorcio de calle Paso de los Andes, cuyos fondos dan a Hipólito Yrigoyen, cerca de la Esquina Colorada, en el límite con Rivadavia.
Una vida reservada y otra de excesos
Quienes lo conocían hablaban de un hombre prolijo en el trabajo y en el trato con los vecinos del barrio privado. También tenía una novia en Córdoba a la que veía cada tanto. Pero había otra cara: la de las salidas nocturnas, el alcohol y los encuentros sexuales ocasionales en su casa con chicas jóvenes a las que les pagaba todo.
Esa doble vida explica por qué los investigadores no pudieron reconstruir con quién estuvo durante la madrugada en que lo mataron. El último que lo vio con vida fue su amigo Morla, un comerciante que había ido a visitarlo la noche del martes 8 de octubre para pedirle dinero prestado. Según su testimonio, estuvo con el español hasta cerca de las 0.30 del miércoles 9.
Morla declaró ante la Justicia que Giménez Avendaño le comentó que esa noche esperaba a dos chicas para una fiesta íntima. Por eso se despidió y lo dejó solo. El hombre conocía esas reuniones que el empresario organizaba en su casa.
A la mañana siguiente, varias personas llamaron al celular de Giménez Avendaño por temas del geriátrico, pero no respondió. La gente de su entorno se preocupó y se comunicó con sus familiares. Pasadas las 15 del 9 de octubre, una tía del empresario se presentó en la casa del barrio Portal de las Sierras, según la versión oficial. Otras versiones señalaban que había sido un socio.
Como nadie atendía, miraron por un vidrio y lo vieron tendido en el living. Una comisión de la Comisaría 28.ª ingresó por la fuerza y confirmó que estaba asesinado. Tenía puesto un pantalón y una remera deportiva, con pantuflas, y la ropa manchada de sangre.
Qué reveló la autopsia
El cuerpo presentaba un golpe en la parte posterior de la cabeza y al menos cuatro heridas cortopunzantes. Una en el cuello, a la altura de las cervicales, y otra en el tórax, cerca del corazón. Esta última le provocó la muerte por shock hipovolémico, según la autopsia. Los forenses estimaron que el ataque ocurrió durante la madrugada del miércoles 9 de octubre, aunque no pudieron precisar la hora exacta.
La botella de champagne, los envases de cerveza y los vasos indicaban que había habido una reunión o fiesta. También apareció una tableta de Sildenafil, el medicamento conocido como Viagra. Faltaban el celular y la billetera del empresario. En un mueble del dormitorio, en cambio, había una bolsa con 230.000 pesos, una suma importante para 2019.
No había puertas ni ventanas forzadas. Para los detectives, el homicida era alguien conocido o que entró con el consentimiento de Giménez Avendaño. La existencia de ese dinero hizo dudar de que el móvil hubiera sido el robo, aunque no descartaban que hubiera más plata en la casa y que los asesinos se la hubieran llevado. El cuchillo utilizado nunca apareció.
Las sospechosas y los indicios que no alcanzaron
El testimonio de Morla orientó la investigación del juez Martín Heredia Zaldo, titular del Cuarto Juzgado de Instrucción, y de los policías de Homicidios. El comerciante aportó los apellidos de dos chicas que, según le había contado el propio empresario, iban a encontrarse con él esa madrugada.
Las primeras sospechas recayeron sobre Moya, de 18 años, y Navas, de 21. Ambas fueron detenidas. El registro de llamadas del celular de la víctima mostró que su última comunicación había sido con Moya, a las 00.17 del miércoles 9. Los investigadores manejaban dos hipótesis: que tras la fiesta privada hubiera estallado una discusión que terminó con el empresario asesinado a golpes y cuchillazos, o que el encuentro hubiera sido una excusa para robarle.
Días después detuvieron a Romero, de 18 años, por su relación con el empresario y con las otras chicas. Luego fue apresada Rivarola, de 25, amiga de Moya y Romero, que también había tenido encuentros con Giménez Avendaño. Una quinta joven, Narváez, de 19, quedó involucrada por un llamado anónimo, pero las averiguaciones establecieron que no conocía a las otras sospechosas. Recuperó la libertad a principios de noviembre, al igual que Navas.
Uno de los indicios que complicó a Romero fue una huella dactilar atribuida a ella en uno de los vasos del living-comedor. La joven admitió haber estado en la vivienda, pero aclaró que fue días antes y no la noche del crimen. La huella no permitía determinar cuándo había usado el vaso, así que no alcanzaba para ubicarla en la casa durante el asesinato.
Las tres jóvenes que seguían bajo sospecha negaron haber estado con Giménez Avendaño la noche en que lo mataron. Los análisis sobre el cuerpo no permitieron obtener un perfil genético de otra persona para cotejar con las sospechosas. Tampoco había cámaras de seguridad útiles para reconstruir quiénes entraron o salieron del barrio privado.
El juez Heredia Zaldo quedó frente a una encrucijada. Los indicios apuntaban a aquellas jóvenes, pero no alcanzaban para sostener las sospechas ni para justificar que siguieran detenidas. A más de dos meses del crimen, el 20 de diciembre de 2019 dictó la falta de mérito para Moya, Romero y Rivarola y ordenó su liberación. La causa quedó sin detenidos y con los asesinos sueltos.
Fuentes: archivos de Tiempo de San Juan y testimonios de funcionarios judiciales y policías que trabajaron en el caso.