La filosofía que enciende la soledad para gozar de la propia compañía
Una filósofa jujeña se metió en los matices de estar solo. La pregunta que descoloca y la advertencia que nadie debería ignorar.
La soledad no siempre es sinónimo de tristeza o aislamiento. Así lo asegura Carolina González, licenciada en Filosofía de Jujuy, quien dialogó con Canal 4 sobre las distintas formas de experimentar la soledad y cómo convertirla en una oportunidad para el autoconocimiento.
“La soledad tiene mala prensa, pero es buena. Hay que aprender a distinguir que hay diferentes momentos de la soledad”, señaló la especialista.
Para explicarlo, González retomó los conceptos de la filósofa Hannah Arendt, quien diferenciaba varias dimensiones de la experiencia de estar solo.
Cuando estar solo se convierte en una elección
Una de ellas es la “solitud”, que se da cuando una persona decide voluntariamente apartarse por un tiempo para encontrarse consigo misma. “Uno elige estar solo, desconectarse, quedarse con uno mismo y dialogar con uno mismo. Eso está bueno”, explicó.
Ese estado puede aparecer al ir solo al cine, tomar un café, caminar por un parque o leer un libro. “La solitud está buena porque me permite conectarme conmigo”, agregó. Estos espacios también pueden favorecer la reflexión y la creatividad. González recordó que, para Arendt, “quien no se atrevía a estar solo, no se atrevía a pensar”.
Cuándo la soledad se vuelve preocupante
Otra situación diferente es estar rodeado de personas y, aun así, sentirse desconectado: “Estoy en un lugar con otras personas, pero me siento solo”.
La dimensión más compleja aparece cuando esa sensación se transforma en desamparo. “Siento que mi vida no le importa a nadie y que no soy importante para nadie. Esa es la soledad más peligrosa”, indicó. Por eso, destacó la importancia de observar cambios en quienes se alejan de sus vínculos y abrir espacios de diálogo: “Hablar con el otro, preguntar qué pasó, si está todo bien. Aislarnos no nos va a llevar a resolver nada”.
La clave, sostuvo, está en encontrar un equilibrio. “Una cosa es disfrutar de las cosas que me gustan y conversar conmigo, y otra cosa es aislarse. Hay que aprender a identificar esa diferencia”.