La firma de Cipolletti que empezó en un local de la calle Uruguay y hoy provee a las grandes del Alto Valle
El proveedor que nació en un local de la calle Uruguay y hoy abastece a las grandes jugadoras del Alto Valle. La empresa de Cipolletti cumplió 36 años y el negocio ya no es el mismo que cuando arrancó: los clientes son menos, pero pesan mucho más. Lo que decidieron no hacer, la clave.
La historia de Somaruga Agro se entiende mejor por lo que la empresa decidió no hacer que por lo que hizo. Nació en 1990 en Cipolletti, de la mano de Oreste Somaruga y sus hijos Fernando y Jorge, y atravesó más de tres décadas de transformaciones en la fruticultura del Alto Valle sin abandonar su especialidad: los insumos para la sanidad vegetal.
Hoy los insecticidas concentran la mayor parte de su facturación, con la carpocapsa como uno de los problemas centrales. El resto se reparte entre fertilizantes, fungicidas, acaricidas, herbicidas y algunos productos complementarios. La empresa distribuye marcas de prácticamente todas las grandes multinacionales que se importan en la región.
De Buenos Aires al Alto Valle: el origen familiar
Oreste Somaruga era ingeniero agrónomo recibido en Buenos Aires. Llegó al Alto Valle en 1958, contratado por Compañía Química, una firma nacional dedicada a la importación de insumos y fertilizantes para el agro. Con el tiempo armó su propio negocio de venta de insumos para la fruticultura, en la calle Uruguay de Cipolletti.
Jorge siguió sus pasos: se recibió de ingeniero agrónomo en Cinco Saltos y empezó a trabajar en Rohm and Haas, la química estadounidense que luego registró e introdujo en la región el SmartFresh 1-MCP. Fue delegado comercial y técnico con una zona que iba desde Río Colorado, en Río Negro, hasta San Patricio del Chañar, en Neuquén, y que incluso lo llevó a viajar a Chile.
Cuando Rohm and Haas y BASF acordaron que Jorge pasara a la segunda compañía, él ya tenía otra idea en la cabeza. “En 1990 tenía decidido que no quería trabajar más en relación de dependencia, quería emprender. Entonces le propuse a la gente de BASF que me dieran la distribución para el Valle. Yo renunciaba, pero trabajaba vinculado a ellos comercialmente. Y me dijeron que sí”, relató Jorge.
El 30 de mayo de 1990, Oreste, Fernando y Jorge pusieron en marcha Somaruga Agro. Los hermanos se repartieron tareas según sus perfiles: Fernando, ingeniero civil, quedó al frente de la administración; Jorge se concentró en la actividad comercial. “Él es el administrador y yo soy el que vende”, resume el ingeniero agrónomo.
Los primeros años estuvieron marcados por la distribución de BASF y por la llegada del sistema RAK de confusión sexual, parte de un giro hacia herramientas más precisas y productos de menor toxicidad.
Una bodega reciclada y un mercado que se concentró
La empresa siempre estuvo en Cipolletti, pero en 2003 dejó el local de calle Uruguay y se mudó al edificio donde funciona hoy, sobre la calle Tres Arroyos. El inmueble había sido una de las primeras bodegas de la ciudad y convertirlo en un espacio apto para la actividad demandó una obra importante.
“Refaccionar esto fue un trabajo tremendo. Empezamos a abrir las piletas de hormigón que contenían vino. De hecho, estamos en lo que fue una pileta ahora mismo”, ilustra Jorge durante la visita de Río Negro Rural a su establecimiento.
“Hemos logrado no solamente subsistir, sino permanecer fuertes en un contexto cambiante para la fruticultura del Alto Valle”, señaló el empresario.
Esa consolidación ocurrió mientras el mercado frutícola cambiaba de raíz. La producción se concentró en menos empresas, pero de mayor escala. Según Jorge, hoy queda aproximadamente una cuarta parte de los productores frutícolas que había cuando Somaruga Agro arrancó.
El cambio modificó el trabajo de la distribuidora. Al principio la empresa elaboraba planes sanitarios y proponía alternativas; con la concentración, los grandes productores empezaron a definir sus propios programas y la firma tuvo que adaptarse a lo que pedían sus principales clientes. “En los inicios nosotros ofrecíamos y los clientes aceptaban o no, y ahora con los años directamente te tenés que adaptar a lo que están pidiendo los grandes consumidores, a las grandes empresas”, explicó.
La tecnología también movió el piso. “Hoy estamos esperando que nos pidan presupuestos. Ahora es comodísimo, porque con el teléfono y la notebook ya es más que suficiente para hacer absolutamente cualquier cosa”.
La evolución sanitaria acompañó ese proceso: los problemas de fondo siguen siendo parecidos, pero las herramientas cambiaron. Van desde los carpogrados y las trampas hasta la confusión sexual y productos de menor toxicidad y mayor residualidad. “Hoy tenemos muchas más herramientas que antes, cuando nos iniciamos para el control de la carpocapsa”, sostuvo Jorge.
Un solo foco, menos clientes y más grandes
Mientras la empresa ampliaba su cartera, nunca se dispersó hacia otros rubros. “Nunca optamos por ferretería, ni por maquinaria, ni por semillas, ni nada por el estilo. Siempre tratamos de estar concentrados”, afirma Jorge. Esa especialización se mantiene como una de las características centrales de la firma y, según el propio empresario, una de las claves de su éxito.
El foco convive con una producción regional que se diversificó: a las peras y manzanas se sumaron con más presencia la frutilla, los frutos secos, la horticultura y los frutales de carozo. También crecieron la alfalfa, el maíz y los verdeos. Somaruga Agro abastece a todas esas actividades.
Como resultado de la concentración del sector, hoy tiene menos clientes, pero de mayor tamaño. “Antes teníamos una lista de clientes mucho más extensa. Ahora tenemos menos, pero son de mayor tamaño”, resume Jorge.
El desafío hacia adelante está atado, otra vez, a la evolución de la fruticultura y de la economía argentina. Jorge observa que la concentración productiva probablemente continúe y que habrá menos empresas, pero más grandes. En ese escenario, la eficiencia será determinante.
Después de 36 años, Somaruga Agro llega a esa nueva etapa habiendo cambiado junto con el sector, sin dejar de ser fiel a su especialización. De aquella distribución que empezó en un local del centro de Cipolletti a una empresa que trabaja con las principales multinacionales del rubro, el crecimiento fue sostenido. El contexto cambió; la decisión de adaptarse, no.