La foto con sus diputados que hizo estallar al entorno de Karina Milei
La foto de Bullrich con su tropa de diputados no fue casual: la reunión estaba pactada, pero la publicación cayó como un golpe en el entorno de Karina Milei. Qué dijeron desde la Rosada y por qué crecen las sospechas sobre su próximo paso.
En el Senado, Patricia Bullrich avanza con gestos cada vez más marcados de diferenciación del gobierno de Javier Milei, y en la Casa Rosada lo siguen con atención creciente. La última señal fuerte fue la imagen que la senadora compartió junto a buena parte de sus diputados nacionales: una postal que, según el artículo original de La Nación, cayó como un golpe directo en los despachos de Karina Milei y de los primos Eduardo y Martín Menem.
La reunión había sido acordada dos semanas antes, pero la publicación no fue ingenua. Desde el oficialismo filtraron a la prensa su malestar con frases como “pasó un límite” y advertencias sobre quitarle la jefatura del bloque. La tensión, describen, es tan densa que podría cortarse con un cuchillo.
La teoría que crece en las usinas
“Está preconfigurando pruebas”, dicen en el despacho de un legislador oficialista que no tiene demasiada estima por la jefa de los senadores libertarios. La idea que se extiende en distintas vertientes políticas es que cada gesto de Bullrich apunta a preparar el terreno para abandonar el barco y presentarse como una nueva versión de Milei, sin motosierra y con rostro humano.
En la mesa de arena de la senadora, las teorías conspirativas que llegan desde la Casa Rosada provocan una sonrisa un tanto nerviosa, pero también con un dejo de satisfacción. Sus seguidores en ambos lados del Congreso repiten un mantra para espantar los fantasmas de ruptura: “Si rompemos gana el peronismo, vuelve el kirchnerismo”.
El respaldo que incomoda
A sus 70 años, este tipo de jugadas parecen no hacer mella en Bullrich, que con pasos calculados y sin responder a los ataques sigue moviéndose en el Senado como la principal y única referente del oficialismo que puede exhibir el respeto y la confianza de la oposición dialoguista.
Todavía resuena en los pasillos de la Cámara alta la sentencia de una legisladora radical que expresa el sentir de más de un senador: “Patricia es para nosotros La Libertad Avanza; si quieren sacarla de la jefatura del bloque, no hay problema, pero vamos a tener que sentarnos a discutir todo de nuevo”.
La carta que agita el karinismo
Por el momento, Bullrich no encuentra contendiente dentro de las filas del oficialismo en la Cámara alta. Ningún senador oficialista ni funcionario del Poder Ejecutivo fomentó los contactos con la oposición que la exministra de Seguridad tejió en menos de un año con radicales, provinciales, peronistas disidentes y Pro.
Desde el “karinismo” comenzaron a agitar desde hace poco menos de un mes la figura de Nadia Márquez (Neuquén) como eventual reemplazo de Bullrich ante una posible ruptura. Pero la senadora patagónica sigue sin hacer pie en una cámara donde no encuentran eco ni son bien vistos los gritos y el escándalo, ámbitos en los que la neuquina demostró moverse con soltura cuando ocupó un escaño en Diputados.
Más allá de que tiene buen discurso y es capaz de defender una postura sin vacilar ni leer apuntes, uno de los factores que le juega en contra es que todo el mundo sabe que no tiene juego propio. En varios despachos de aliados del oficialismo destacan que Márquez es una experiencia vicaria, ya que rinde tributo y responde a las órdenes políticas de Martín Menem, al menos en lo que respecta al tablero político nacional.
El mensaje que muchos no perdonaron
Para colmo, Márquez cometió hace poco más de un mes una gaffe considerada imperdonable por muchos senadores: envió mensajes de texto a sus colegas pidiéndoles que la votaran porque era la elegida por el Gobierno para reemplazar al frente de la Comisión de Acuerdos a su compañero de bloque Juan Carlos Pagotto (La Rioja), que había fallecido hacía menos de cuatro horas.
Esa falta de delicadeza se tradujo en la negativa de los aliados a votar a la neuquina en la primera reunión que celebró la Comisión de Acuerdos tras la muerte del senador riojano. Además, le permitió a Bullrich ponerle un límite a los Menem, que querían ubicar a Márquez también en el Consejo de la Magistratura.
“Esto es un bloque y hay que mantener un equilibrio. O preside Acuerdos o va al Consejo; los dos cargos, no”, le dijo, palabras más, palabras menos, la senadora a Martín Menem, quien habría optado por mandar a su protegida al Consejo y dejar que la comisión parlamentaria la presida otro miembro de la bancada.
Un punto de inflexión
Aquella conversación marcó un punto de inflexión en una interna que hasta ese momento se mantenía intramuros. Desde entonces, todo empezó a empeorar y los gestos de Bullrich se potenciaron.
La toma de distancia pública de los desmedidos ataques de Milei a la prensa (en particular la medieval remisión de periodistas a la hoguera), los pedidos de correcciones en el modelo económico y las muestras de músculo político con fotos que exhiben el poder de fuego en la Cámara de Diputados son solo algunos mojones de un derrotero que, aunque en público se diga lo contrario, pareciera encaminarse hacia un divorcio político.