La foto que congeló el instante antes del horror: Juri y Bussi, juntos días antes del golpe
Una sonrisa congelada en el tiempo, un apretón de manos días antes del infierno. ¿Qué pasó realmente en esa recorrida del 20 de marzo del 76 que nadie contó? La historia detrás de la foto más incómoda de la historia tucumana.
Una imagen tomada apenas cuatro días antes del 24 de marzo de 1976 muestra al entonces gobernador Amado Juri y al entonces coronel Antonio Bussi en una aparente normalidad que pronto se quebraría para siempre. La postal, incómoda y potente, es el preludio de una madrugada de irrupción militar, destitución y un encierro que duraría casi tres años para el mandatario democrático.
La escena ocurrió el 20 de marzo de 1976 en el Regimiento 19 de Infantería. En medio de una agenda intensa de obras y reuniones en un clima nacional de extrema tensión, el gobernador Juri realizaba una recorrida. Allí, vistiendo un impecable traje oscuro con su característico pañuelo blanco, caminaba y sonreía junto a Bussi, quien lucía uniforme de fajina y casco militar. Nada en sus gestos delataba lo inevitable.
La madrugada que todo cambió
En la madrugada del 24 de marzo, un grupo de militares irrumpió en la casa de Juri y lo llevó a Casa de Gobierno. “Eran cerca de las tres de la mañana cuando entré a mi despacho y estaba lleno de militares y policías. Revisaban papeles, abrían muebles”, recordaría décadas después. El gesto que lo marcó fue el de Bussi: “Gritaba órdenes pero no me dio ni los buenos días ni me miró. Me ignoró como gobernador elegido y como persona”.
Su destino quedó sellado en ese instante. Fue depuesto y trasladado a la Cárcel de Encausados, donde permaneció detenido “dos años, nueve meses y siete días”, según su propio relato. Rechazó cualquier trato privilegiado para él o su familia durante su reclusión.
La vida en el encierro y una promesa rota
Dentro del penal, asumió un rol como representante de los demás detenidos ante las autoridades carcelarias, discutiendo, entre otras cosas, la mísera paga por los trabajos que realizaban. Su familia, mientras tanto, vivía sumida en la angustia.
Su hijo Fernando, entonces un niño, vivió en primera persona la irrupción militar en su hogar. Le quedó grabada una promesa que nunca se cumplió: “Quédese tranquilo, mijo. Su papá va a hablar con el General Bussi y vuelve”. La espera, en realidad, se extendería por el largo período de la detención de su padre.
Las vueltas de la historia
El tiempo, sin embargo, traería un giro cargado de simbolismo. A fines de la década de 1990, Amado Juri, ya como diputado nacional, presidió la sesión preparatoria del Congreso en la que se rechazó la incorporación de Antonio Bussi por “inhabilidad moral”.
“¿Quiere que le diga qué pensé cuando me tocó presidir la sesión preparatoria? Que fue un designio de Dios… Son las vueltas de la vida, m’hijo. El que las hace, las paga”, expresó Juri en aquel momento histórico.
Lejos del rencor personal, su postura fue clara y fundamentada en los hechos: “A Bussi no lo odio, tampoco siento nada por él. Me opongo a que sea diputado por lo que le hizo al pueblo tucumano”. Y agregó, con el peso de la memoria: “También me acuerdo de mis compañeros y colaboradores desaparecidos… es muy doloroso para mí. Bussi debe decir dónde están los desaparecidos y aclarar su ilícito enriquecimiento”.
Hasta el final de su trayectoria política, Juri mantuvo una presencia activa y rigurosa en el Congreso, asistiendo a todas las sesiones desde su llegada en 1997. La foto de aquel 20 de marzo permanece como un testimonio mudo del instante preciso en que, ante los ojos de todos, la normalidad era solo una frágil ilusión.