La foto que une a dos próceres del deporte comodorense: Carlos “Yeti” Di Matteo y su “hermano” del alma
Dos leyendas del deporte comodorense unidos por una foto y una amistad que trascendió el tiempo. ¿Qué historia esconden?
Una imagen que parecía casual se convirtió en el símbolo de una amistad inquebrantable y un legado imborrable. Carlos “Yeti” Di Matteo y Ernesto Villalobos, dos dirigentes que marcaron el deporte en Comodoro Rivadavia, quedaron retratados juntos para la eternidad. La partida del Yeti a los 70 años deja un vacío en el rugby patagónico, pero su historia junto a Villalobos, fallecido en 1995, sigue inspirando.
La fotografía los muestra sonrientes, con el nombre de Alacranes de fondo. Lo que para muchos sería un recuerdo más, para quienes conocieron su trabajo es el testimonio de una vida dedicada al deporte y a la formación de jóvenes.
¿Quién fue Ernesto Villalobos?
Ernesto Villalobos partió demasiado pronto, en febrero de 1995. Su muerte golpeó a una ciudad que lo reconocía como un incansable promotor del waterpolo, el rugby y el hockey. No buscaba cargos, sino construir espacios para que chicos y chicas crecieran sanamente.
Fue uno de los impulsores del tradicional Seven de Rugby y Hockey, torneos que hoy continúan y que vieron pasar a figuras como Las Leonas y Los Pumas. También soñó con la casa propia de Chenque en Rada Tilly, un proyecto que hoy es realidad.
“El número uno de Chenque. Gracias, Carlitos”, escribió Celeste Villalobos, hija de Ernesto, en un sentido mensaje al que accedió Pasta de Campeón. Palabras que reflejan el vínculo fraterno entre ambas familias.
La vida de Carlos “Yeti” Di Matteo
Yeti comenzó a jugar al rugby a principios de los 70 en Calafate RC y luego se convirtió en emblema de Chenque. Como fullback, se destacó por su serenidad y respeto. Al colgar los botines, se volcó al arbitraje y formó a nuevas generaciones de réferis.
Como dirigente, presidió Chenque y la Unión de Rugby Austral, y fue clave en el desarrollo del rugby infantil y femenino. Su trabajo silencioso permitió que talentos como Ramiro “Cumpa” Herrera soñaran con Los Pumas. Para él no había tareas menores: desde organizar el Seven de la Playa hasta limpiar la arena.
Su legado vive en cada club, en cada árbitro y en cada joven que encontró en el rugby un lugar de pertenencia. La foto con Villalobos no es solo un recuerdo: es el faro que guía a las nuevas generaciones.