La guerra interna que nadie frena: el triángulo de hierro de Milei se desangra y el Presidente no sabe qué hacer
La pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo expone la crisis interna del gobierno. El presidente no logra resolver el conflicto por poder y ofrece explicaciones contradictorias.
El presidente Javier Milei enfrenta una crisis interna sin precedentes en su propio gabinete. Su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo protagonizan una disputa abierta por poder que el mandatario no logra ni quiere resolver, según analistas. La pelea, que ya trascendió a los medios, expone las fisuras del “triángulo de hierro” que sostiene al gobierno.
¿De qué se trata la pelea?
Cuando llegó a la Presidencia, Milei dijo que los conflictos internos no lo molestaban porque “los liberales no somos manada”. Sin embargo, pronto se ocupó de convertirlos en manada: verticalizó decisiones y echó a los disidentes. Pero las peleas continuaron, y ahora los protagonistas son Karina Milei y Santiago Caputo, los dos vértices del “triángulo de hierro” que complementan al presidente.
Una aclaración importante: conflictos similares hubo en otros gobiernos, como la pelea entre “rojo punzó” y “celestes” en el primer mandato de Carlos Menem. Pero en ese caso las diferencias expresaban pugnas sobre políticas centrales. Hoy, en cambio, la disputa solo responde a ambiciones personales por recursos, cargos y poder, sin conexión con la sociedad ni el Estado. Y el presidente no hace nada para superarla.
¿Qué pasó esta semana?
Dos hechos marcaron la agenda. Primero, la pelea cobró estado público con cruces abiertos de acusaciones, tras revelarse que el sector de Karina usó redes sociales para desprestigiar al de Caputo, sin que un llamado al orden frenara a ninguno. Segundo, Milei dejó de ignorar el asunto y trató de explicarlo en medios afines, pero sus argumentos fueron contradictorios y absurdos.
En una primera explicación, dijo que “en ningún grupo todos piensan igual” y que es sano que haya diferencias. Pero eso choca con su propio énfasis en imponer un credo uniforme y purgar disidentes. Minutos después, afirmó que todo era una conspiración externa de agentes no identificados que habrían plantado mensajes maliciosos. Con lo cual dio a entender que el Ejecutivo sería un campo de cooperación amorosa de no ser por los periodistas y opositores.
¿Milei disfruta de las disputas?
Algunos analistas se preguntan si Milei disfruta de estas peleas, interpretándolas como una competencia por su atención. Otros, como Mauricio Macri, sugieren que está tan compenetrado con las ideas y tan alejado de su implementación que todo le resulta ajeno. Sin embargo, es difícil creer que el problema se reduzca a eso: en muchos asuntos de gestión se involucra hasta en detalles nimios.
Probablemente, Milei no se cree ninguna de sus dos explicaciones. No sabe cómo manejar el choque de egos, ambiciones e intereses, teme meter la pata y no hace nada, dejando que otros resuelvan. El problema es que quien actúa en su nombre, Karina, no ha dejado de moverse como jefa de una facción en guerra contra otras.
