La guerra que ya golpea tu bolsillo: cómo el conflicto en Medio Oriente dispara los precios en Argentina
La tensión en Medio Oriente ya no es una noticia lejana: está encareciendo la nafta, los alimentos y hasta los pasajes de avión en Argentina. ¿Hasta dónde llegará el impacto en tu economía diaria? Los números detrás de una crisis que tocó fondo en los surtidores.
La escalada bélica en Medio Oriente ya tiene un efecto directo y doloroso en la economía de los argentinos, con aumentos récord en combustibles que amenazan con acelerar la inflación y encarecer desde los alimentos hasta los viajes. La disrupción en el suministro global de petróleo, tras los ataques de Israel y EE.UU. a Irán a fines de febrero, está generando una crisis energética sin precedentes cuyas consecuencias se sienten en las estaciones de servicio, los supermercados y el campo local.
El bloqueo del estratégico Estrecho de Ormuz impide el paso de 20 millones de barriles de crudo por día, una cifra que supera la suma de todas las crisis energéticas de las últimas seis décadas, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Este shock ya se tradujo en aumentos de hasta el 12% en los combustibles en la Ciudad de Buenos Aires durante las primeras tres semanas de marzo.
Un techo simbólico que se rompió
Por primera vez en la historia, las naftas premium superaron la barrera de los $2.000 por litro. Sin embargo, desde el sector privado advierten que, a pesar de estas subas, los precios locales aún mantienen un atraso superior al 30% frente a la paridad internacional. El barril de petróleo escaló desde los 70 dólares en febrero hasta alcanzar picos de 120 dólares este mes.

El presidente de YPF, Pablo González, fue claro en su advertencia a los consumidores: “Si tienen que cargar mañana, mejor carguen hoy”. Su frase refleja la volatilidad extrema y la presión alcista que vive el mercado.
¿Cuánto empuja esto a la inflación?
El aumento en los surtidores actúa como un potente combustible para los precios minoristas. Estudios del sector indican que por cada 10% de suba en la bomba, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se incrementa directamente en 0,4 puntos. La consultora Empiria estima que, sumando los efectos indirectos en toda la cadena de distribución, los aumentos de marzo ya aportaron 0,56 puntos porcentuales a una inflación mensual que se proyecta alrededor del 3,5%.
Este escenario corta de lleno la racha de desaceleración que el Gobierno intentaba consolidar. Proveedores de grandes cadenas de supermercados ya reportan listas de precios con ajustes semanales de entre el 2% y el 3%, anticipando que la meta inflacionaria anual podría verse comprometida apenas terminado el primer trimestre de 2026.
Un golpe directo al campo y a la energía del hogar
La crisis llega en el peor momento para la agroindustria nacional: el inicio de la cosecha gruesa de soja y maíz. El gasoil más caro encarece el flete de los granos, pero el impacto más severo viene por el lado de los insumos. La urea, un fertilizante clave para la siembra de trigo, ya subió un 40% debido a que su logística depende de las rutas marítimas ahora bloqueadas en el Golfo.

Para los hogares, el panorama del gas para el próximo invierno es preocupante. El precio del Gas Natural Licuado (GNL) se disparó de 10 a 23 dólares por millón de BTU. Aunque Argentina ha aumentado su producción propia, el pico de demanda invernal aún requiere importaciones que ahora serán mucho más costosas, planteando al Gobierno un dilema difícil: trasladar el costo a las facturas o aumentar los subsidios en un contexto de ingresos públicos ajustados.
Consejos de austeridad y un alivio inesperado
El transporte aéreo no es ajeno a la ola de ajustes. Aerolíneas Argentinas implementó recargos de $7.500 para vuelos domésticos y de hasta 50 dólares para rutas internacionales, una medida que ya están replicando otras compañías. Ante la magnitud de la crisis global, la IEA sugiere medidas de austeridad que incluyen fomentar el teletrabajo, reducir los límites de velocidad en autopistas y limitar los viajes en avión cuando existan alternativas terrestres.
En medio de este panorama complejo, hay un dato positivo para las finanzas del país. Por cada dólar que aumenta el precio internacional del petróleo, Argentina percibe entre 100 y 120 millones de dólares adicionales al año gracias a sus exportaciones de crudo, que actualmente rondan los 300.000 barriles diarios. Se estima que las ventas externas de energía podrían inyectar unos 15.000 millones de dólares este año, otorgando un respiro necesario a las reservas del Banco Central.