La guitarrista que se fue a los 39 dejó 50 horas filmadas: el tesoro que nadie había visto
La guitarrista murió a los 39 y dejó una caja con 50 horas filmadas por ella misma. Dos directoras la convirtieron en película, pero no como se imaginaba: no hay entrevistas ni biopic, solo su mirada.
María Gabriela Epumer murió hace más de dos décadas, pero su luz vuelve al presente gracias a un documental que se estrena este viernes en el Malba. Se llama "Perfume" y nació de un hallazgo inesperado: 50 horas de material audiovisual que la propia guitarrista había grabado entre 1995 y 2003 y que permanecían guardadas en cajas.
La directora Lucía Ruiz fue quien dio con ese archivo. Se acercó a la familia de Epumer con la idea de hacer una película sobre ella y ahí aparecieron los tapes, junto a vestuario, recortes de diarios y fotos. El material no estaba digitalizado, pero sí muy bien conservado. "Nos encontramos con un tesoro", resume Andrea Testa, codirectora del film junto a Ruiz.
Con ese tesoro, ambas tejieron una película que habla de música y de trabajo artístico, pero también de una persona fuera de lo común. "Es una película sobre una persona de otro planeta", define Testa.
El archivo como protagonista
La idea original era hacer un documental más tradicional, con entrevistas y un guion. Pero a medida que veían las horas de material, las directoras se dieron cuenta de que esas imágenes reclamaban ser las protagonistas absolutas. Decidieron entonces que fuera Epumer quien hablara, a través de su propio archivo, desde su tiempo.
"El mismo material respiraba: había algo ahí, en esa textura de la cámara hogareña, que transmitía algo. Y queríamos apelar a la mirada desde la intuición, y no tanto desde la razón", explica Testa. Así nació una película hecha exclusivamente con las imágenes que dejó "Mapu", sin entrevistas ni explicaciones adicionales.
El título casi no se discutió: "Siempre fue 'Perfume', porque hay mucho material de cómo ella construye el disco, lo presenta, se ve todo el trabajo atrás, algo que pone en valor el trabajo artístico". Lo que sí generó debate fue la forma. Mientras catalogaban el material y buscaban financiamiento (la película se realizó en parte gracias al aporte colectivo de 340 personas), se preguntaban si ese archivo no debía ser el corazón del relato.
Una autoría compartida
Para Testa y Ruiz, la película es de María Gabriela Epumer. "Queríamos que esté el nombre de ella. Es una película sobre Epumer, con Epumer...", dice la codirectora. "Sentíamos que de repente estaba María Gabriela señalándonos... Hay algo muy fuerte en estar entre las cosas de una persona. A veces hasta se puede oler algo en el vestuario".
Esa decisión implicó sumergirse durante dos años en el archivo. "Hicimos un trabajo arqueológico para ir sacando las capas de las primeras visualizaciones y sumergirnos en el proceso, buscando que aparezca su esencia", cuenta Testa. También investigaron, charlaron con familiares y amigos para conocerla más allá de su faceta artística, aunque esas entrevistas no forman parte del film.
"No es una biopic. Porque si es una biopic, ¿quién construye ese relato? No tiene carne y hueso. Acá, quien construye es ella: nosotros fuimos un canal para que aparezca la persona", sostiene.
Contra la ausencia
El cine, dice Testa, siempre fue una máquina de fantasmas que trae el pasado al presente. Y en esa potencia confiaron. "Hoy María Gabriela ya no está en este plano, y construir la película desde su ausencia nos parecía que no reivindicaba la luz que tenía, su presencia, su potencia, que aparece en ese material de archivo. Había algo de intentar subvertir eso, estar en contra de su muerte injusta".
La película también es un homenaje, pero uno que se resiste a quedar chico. "Una película que fuera una mera biopic donde todo aparece digerido iba a quedar chica", afirma Testa. Y aprovecha para cuestionar el cine predigerido que abunda en las plataformas: "Creo que la política pública está subestimando la audiencia".
Para la directora, el contexto para el cine independiente es crítico. "Es muy difícil llevar adelante los proyectos cinematográficos, más los independientes: al faltarnos un Instituto de Cine que apoye a estas producciones que tiene un carácter artístico, cultural, es que se tiende a tener que responder a las leyes de un mercado que también está asfixiando la forma".
Sin embargo, reivindica las decisiones formales de "Perfume" como políticas y sensibles: "Es confiar en el poder del arte, en que va más allá de las leyes del mercado, en que es una herramienta para unirnos, para pensarnos, para sentir". Y cierra: "Somos un montón de personas las que estamos intentando que el cine resista desde esta perspectiva".