La historia de la familia que hace 130 años arma la corona de la Virgen del Milagro

Miles de claveles y una promesa que se renueva cada año: así se prepara la corona que nadie ve de cerca.

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La historia de la familia que hace 130 años arma la corona de la Virgen del Milagro
La historia de la familia que hace 130 años arma la corona de la Virgen del Milagro

Detrás de la imagen más esperada de cada septiembre en Salta hay un trabajo silencioso que se repite hace más de un siglo. La corona de claveles que luce la Virgen del Milagro no es un simple adorno: guarda las promesas y agradecimientos de miles de fieles.

Alicia Puló, integrante de la familia que tiene a su cargo esa tarea, reveló detalles inéditos de una costumbre que nació a fines del siglo XIX y que hoy sostiene la séptima generación.

Un legado que empezó con una finca

Según contó Alicia en el programa Tal Cual, que se emite de lunes a viernes de 11 a 13 por el canal de YouTube de El Tribuno, la historia comenzó con Doña Josefa González de Ovejero. Ella decidió usar las flores de su finca para ornamentar las imágenes. Con el tiempo, esa práctica quedó en manos de las mujeres de la familia.

“El armado de la corona de la Virgen data desde fines de 1800”, explicó. Hoy, la séptima generación es la encargada de mantener viva la tradición.

El significado de cada clavel

Uno de los datos más emotivos que compartió Alicia es que cada flor que llega representa una petición, una gracia recibida o un agradecimiento. “Cada clavel que cada salteño donó por un pedido o agradecimiento está sí o sí en la corona”, aseguró.

Incluso aquellos claveles que no pueden usarse por su estado se transforman en los pétalos que caen desde el campanario al final de la celebración.

Días de trabajo y una corona que creció

La preparación arranca varios días antes de la procesión. Los claveles se alambran desde el cáliz para dar firmeza a la estructura y se agrupan en pequeños ramos que forman la corona.

Actualmente, la corona lleva alrededor de 4.000 claveles. Alicia recordó que antes eran aún más grandes y podían llegar a unos 8.000, cuando las imágenes se trasladaban en andas por las calles.

Una tradición que se vive desde chicos

Para Alicia, formar parte de esta tarea no fue una elección puntual, sino una forma de vida. “Ni siquiera se transmite. Lo vivimos todos los años desde que nacimos”, relató.

Alrededor de 30 personas colaboran en distintas etapas del armado. Mientras los adultos organizan la estructura, los más chicos ayudan a limpiar los claveles y preparar los pétalos.

Ver salir a la Virgen en procesión tiene una emoción difícil de explicar. “Es como si fuera la primavera espiritual”, expresó.

El ritual del traslado

Mover la corona hasta la Catedral también tiene su propio cuidado. La familia usa una herramienta especial llamada “camafetro”, una estructura de hierro que permite levantarla y colocarla sobre la imagen.

El momento es reservado y de mucho respeto. Alicia aclaró que no tocan la imagen, solo la parte necesaria para ubicar las flores correctamente.

Para ella, ese compromiso tiene un significado especial: “Es nuestra manera de hacer el milagro también”. Una frase que resume el espíritu de quienes, año tras año, mantienen viva una tradición que florece junto con la fe de todo un pueblo.

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