La historia sísmica de Tucumán que pocos conocen y mantiene en alerta a la provincia
¿Sabías que Tucumán ya sufrió terremotos que destruyeron pueblos y dañaron la Catedral? Conocé las zonas de mayor riesgo sísmico en Argentina y por qué la provincia no está exenta de peligro.
Argentina es un país con una larga tradición de movimientos telúricos. **San Juan y Mendoza concentran el mayor peligro, pero el mapa del INPRES revela que Tucumán también está en la mira.**
El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) establece cinco zonas de peligrosidad creciente, del 0 al 4. La clasificación no busca predecir el próximo temblor, sino determinar qué intensidad de sacudida puede esperarse en cada rincón del territorio y, en consecuencia, qué exigencias deben cumplir las construcciones.
¿Dónde está el mayor riesgo?
El oeste argentino, especialmente Cuyo, es el corazón de la amenaza. Allí, la placa de Nazca se introduce bajo la Sudamericana en un fenómeno conocido como subducción, generando las condiciones que produjeron los sismos más violentos de la historia nacional.
San Juan y Mendoza lideran el ranking de provincias que requieren atención prioritaria. Pero el peligro se extiende hacia La Rioja, Catamarca, Salta, Jujuy y también Tucumán.
La tragedia que marcó a San Juan
El 15 de enero de 1944, San Juan vivió la peor catástrofe sísmica del país: unas 10.000 personas murieron y cerca del 80% de las edificaciones quedaron destruidas. Ese evento impulsó la creación de organismos y normas de ingeniería sismorresistente que hoy son fundamentales.
Mendoza tampoco se queda atrás. Los registros oficiales mencionan el terremoto de 1920 en Costa de Araujo (250 muertos), el de 1929 en San Rafael (30 fallecidos) y el de 1985, que dañó severamente el Gran Mendoza.
Tucumán: una historia que no se puede ignorar
Aunque muchos creen que los terremotos peligrosos son exclusivos de Cuyo, la historia demuestra lo contrario. El INPRES ubica a Tucumán en una zona de peligrosidad sísmica moderada, pero aclara que eso no excluye eventos de gran intensidad.
El 19 de enero de 1826, un terremoto sacudió Candelaria, Trancas, Zárate y El Tala. En San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero se sintió con fuerza, y en Trancas dejó víctimas fatales. Investigaciones posteriores estimaron una magnitud de 6,5 y una intensidad de IX en Villa Vieja de Trancas, donde la iglesia y varias casas se derrumbaron.
No fue un caso aislado. En 1913, la Catedral de San Miguel de Tucumán sufrió daños. En 1931, El Naranjo y El Sunchal registraron daños moderados. En 1933, Tapia, Raco y Tafí Viejo amanecieron con grietas en sus construcciones. La actividad continuó en 1981 en Burruyacú y en 1992 en el norte provincial.
¿Qué pasaría si ocurriera un gran sismo hoy?
La ciencia es clara: no se puede predecir cuándo ni dónde ocurrirá el próximo terremoto. Pero lo que sí se sabe es que un sismo no necesita ser de magnitud 7 u 8 para causar estragos. La profundidad, la distancia al epicentro, el tipo de suelo y la vulnerabilidad de las edificaciones son factores determinantes.
La actual San Miguel de Tucumán concentra una enorme población, edificios en altura, viviendas antiguas y una infraestructura esencial que podría verse comprometida ante un movimiento superficial e intenso.
Por eso, el INPRES insiste en que la mejor estrategia no es intentar adivinar el futuro, sino reducir la vulnerabilidad mediante construcciones sismorresistentes, planos aprobados y controles profesionales.
También hay que descartar la idea de que un terremoto en Chile o Colombia sea una señal de que el próximo ocurrirá en Argentina. Los sismos separados por miles de kilómetros no están relacionados, según explica el organismo.
La conclusión es contundente: Argentina es un país sísmico, Tucumán forma parte de ese mapa y la pregunta no es si habrá un nuevo terremoto, sino cuándo y qué tan preparados estaremos.