La IA que engañó al entorno de Milei: el episodio que el New York Times usó para cuestionar su política

Un alto funcionario del entorno presidencial vio sus videos, se entusiasmó y hasta pidió darle más lugar en la comunicación oficial. El problema: la influencer no existía. El episodio que el New York Times usó para retratar la apuesta de Milei a no regular la IA.

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La IA que engañó al entorno de Milei: el episodio que el New York Times usó para cuestionar su política
La IA que engañó al entorno de Milei: el episodio que el New York Times usó para cuestionar su política

El New York Times puso la lupa sobre la estrategia argentina frente a la inteligencia artificial y encontró un caso insólito: un alto responsable de la comunicación audiovisual de Javier Milei creyó que una influencer oficialista era real, pero había sido creada íntegramente por IA.

Se trata de Santiago Oría, uno de los principales armadores de la imagen presidencial. Según reconstruyó el diario estadounidense en un artículo firmado por Emma Bubola y Daniel Politi, Oría vio los videos de "Lucía Libertaria" en Instagram, se interesó por el personaje y hasta planteó que debía tener más protagonismo en la comunicación política. Cuando descubrió que la joven no existía, dijo que perdió el interés y restó importancia al asunto.

"Es inteligente, es relinda", había dicho Oría sobre la supuesta militante, según el artículo. Y agregó que había propuesto: "hay que traerla a que tenga más protagonismo". Después de conocer que era una creación digital, el funcionario sostuvo: "Me parece totalmente inofensivo. No tiene nada de dañino".

La anécdota le sirve al NYT para ilustrar un problema de fondo: la creciente dificultad para distinguir entre una persona real y un personaje sintético, en un contexto donde las herramientas de generación de imágenes, videos y textos están al alcance de cualquiera. El diario interpreta que la reacción de Oría expone, desde adentro del propio entorno presidencial, la posición de no intervención del Gobierno frente a la IA.

El discurso ante la ONU y la apuesta por la no regulación

La doctrina oficial la expuso el propio Milei en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Allí vinculó el desarrollo de la inteligencia artificial con su idea de libertad económica y cuestionó los intentos de establecer controles anticipados. "Ante la inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad", afirmó en Nueva York.

En ese mismo discurso asumió el "compromiso de no regular de manera preventiva" la IA y propuso un marco con responsabilidad limitada para las empresas que trabajen con agentes de inteligencia artificial, además de beneficios fiscales para el sector.

La definición no quedó solo en la ONU. En otra exposición en Nueva York, Milei insistió en que el país no pondrá un límite general al desarrollo tecnológico y que debe ser el mercado el que encuentre respuestas. "Nosotros creemos en el desarrollo y la capacidad del propio mercado de ofrecer soluciones creativas, como está sucediendo, en lugar de elegir y prohibir", planteó. Y remató: "En Argentina no le vamos a poner un cepo a la Inteligencia artificial. Vamos a encarar la incertidumbre del mañana de la misma manera que encaramos la salida del cepo cambiario, dejando que la gente y las empresas decidan libremente".

Patagonia, centros de datos y los límites que persisten

Detrás de la prédica desreguladora hay un objetivo concreto: atraer inversiones para infraestructura tecnológica. El Gobierno busca posicionar a la Patagonia como sede de grandes centros de datos, aprovechando la disponibilidad energética, la extensión territorial y las condiciones climáticas de algunas zonas. El NYT señala que la administración Milei considera que menos restricciones regulatorias pueden ser un argumento para competir por esos capitales.

Sin embargo, el artículo marca obstáculos que exceden el debate regulatorio. La Argentina sigue por detrás de Brasil y Chile en infraestructura de centros de datos, y desarrollar nuevas instalaciones exige inversiones millonarias en generación y transmisión eléctrica, además de resolver el acceso a divisas y los costos de infraestructura.

El diario también recupera otro antecedente para graficar los riesgos de la ausencia de regulación preventiva. Durante una elección local, cuentas vinculadas al oficialismo difundieron videos generados con IA en los que un candidato rival aparecía falsamente anunciando que abandonaba la competencia y llamaba a votar por el postulante de Milei. El Presidente no había publicado ese material, pero, según el NYT, defendió su circulación como una expresión de libertad y rechazó la posibilidad de aplicar sanciones específicas.

La advertencia, paradójicamente, proviene del propio equipo que produce este tipo de contenidos. Mientras tanto, la política oficial mantiene como principio que la respuesta frente a los riesgos tecnológicos no debe ser una regulación anticipada. Esa tensión atraviesa buena parte del debate que el New York Times plantea sobre la estrategia argentina.

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