La idea de unos jóvenes en Bariloche que se volvió la tecnológica más orgullosa de Río Negro
No fue un plan de negocios ni una orden oficial: todo empezó con una pregunta que se hacían en un centro atómico. Y hay una frase de su fundador que explica por qué funcionó.
Un grupo de jóvenes del Centro Atómico Bariloche comenzó a fines de los años 60 a preguntarse qué podían hacer con todo lo que sabían. Esa inquietud, que parecía solo académica, terminó convirtiéndose en INVAP, la empresa tecnológica que hoy es un orgullo de la provincia de Río Negro y del país.
Conrado Varotto, doctor en Física y egresado del Instituto Balseiro, tenía menos de 30 años cuando propuso una respuesta sencilla y ambiciosa: “hagamos cosas que sirvan”. Medio siglo después, uno de los fundadores y primer gerente general de la empresa repasa cómo esa idea inicial se transformó en una compañía que compite en mercados internacionales.
El regreso de Stanford y una pregunta en Bariloche
En 1971, Varotto volvía de Stanford, Estados Unidos, donde había visto una relación entre ciencia, formación académica y actividad productiva muy distinta a la argentina. “Cuando volví traté de amoldar esas ideas que tenía, teniendo en cuenta lo que había visto, pero acorde a las circunstancias de la Argentina”, recuerda.
Su propuesta entusiasmó a un “grupo de chicos” del Centro Atómico Bariloche. La consigna era aprovechar el conocimiento científico para desarrollar tecnología y resolver problemas concretos. Así nació el Programa de Investigación Aplicada (PIA). “Empezamos a interactuar con empresas aplicando los conocimientos que teníamos”, explica.
Los proyectos crecieron y apareció un desafío nuevo: necesitaban una estructura con dinámica empresarial que, a la vez, protegiera la continuidad del trabajo frente a los cambios políticos.
La búsqueda de una forma para aquella idea
“Argentina es un país pendular”, resume Varotto al explicar el dilema. Una empresa privada convencional podía poner en riesgo un proyecto que usaba conocimiento, infraestructura y recursos humanos desarrollados por el Estado. Había que encontrar otro modelo.
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) fue clave, especialmente por el respaldo de Carlos Castro Madero, quien asumió su presidencia en 1976. “Yo siempre lo considero prácticamente más fundador de INVAP que yo”, afirma Varotto.
Río Negro aportó la otra pieza: la provincia participó en la búsqueda de una figura jurídica hasta dar con la Ley de Sociedades del Estado. Así, hace 50 años, aquella inquietud de los científicos barilochenses encontró una estructura empresarial desde la cual crecer.
El vínculo con Río Negro que atravesó los gobiernos
Para Varotto, una de las claves fue la continuidad que logró el proyecto pese a los cambios políticos. “Pasaron gobiernos de todos los colores y, sin embargo, siempre respetó la forma de ser de INVAP”, destaca.
La estructura elegida permitió algo poco habitual: una empresa estatal provincial con capacidad para desarrollar tecnología, buscar clientes y competir en los mercados nacionales e internacionales.
“Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún lado”
Varotto se resiste a contar el nacimiento de INVAP como la historia de una sola persona. “Fue una casualidad que yo fuera el que sacó la banderita, nada más”, dice. “Vos podés ser un visionario, pero con eso no vas a ningún lado”, sostiene. Hace falta un grupo que haga propia la idea.
Esa concepción colectiva se convirtió en una cultura de trabajo que se transmite de generación en generación sin estar escrita. “No es que hay algo escrito que diga: ‘Nosotros vamos a seguir estos principios’. Es cultural y se va transmitiendo de unos a otros”, explica.
Las crisis y quienes tomaron la posta
La historia no fue lineal. INVAP atravesó crisis económicas, cambios políticos y momentos de enorme dificultad. Varotto destaca a su sucesor, “Cacho” Otheguy, quien condujo la empresa en algunos de sus períodos más complejos. “Yo personalmente no hubiera podido afrontar lo que afrontó Cacho”, reconoce.
La clave fue que las nuevas generaciones tomaron responsabilidades y sostuvieron esa cultura colectiva.
“Nos veo en Marte y en el más allá”
Mirando los próximos 50 años, Varotto vuelve a la lógica de los comienzos: imaginar primero, aunque no se sepa cómo llegar. “Nos veo en Marte y en el más allá”, dice, y amplía: “¿Qué será? No lo sé. No hay límite”.
Cuando INVAP cumplió 30 años, había dicho: “30 años y un sueño mirando para atrás”. Dos décadas después, cambia la dirección: “Ahora yo diría: 50 años y un sueño mirando al futuro”.