La idea que no lo dejó dormir: el sueño de un niño mendocino que transformó una plaza

Un niño de siete años de Mendoza vio algo en su plaza que lo impulsó a actuar. Lo que construyó con su familia no es solo un mueble con ruedas, es una revolución silenciosa que está despertando la imaginación de otros chicos.

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La idea que no lo dejó dormir: el sueño de un niño mendocino que transformó una plaza

Una simple inquietud antes de dormir se convirtió en un proyecto que está cambiando la dinámica de una plaza en Mendoza. Julián Zárate, un niño de siete años de Chacras de Coria, observó que muchos de sus pares pasaban demasiado tiempo frente a las pantallas. Movido por el amor a la lectura que su mamá le inculcó desde pequeño, decidió actuar. Su solución fue tan ingeniosa como conmovedora: crear una biblioteca móvil para llevar los libros directamente a donde están los chicos.

La iniciativa nació de una reflexión propia. Julián, quien disfruta de jugar en la plaza y correr con amigos, notó una diferencia. Mientras él descubría mundos a través de las páginas de los libros, otros niños estaban absortos en celulares y tablets. Esa observación fue la chispa que encendió todo.

La biblioteca de Julián. (Foto: gentileza familia Zárate)
La biblioteca de Julián. (Foto: gentileza familia Zárate)

¿Cómo se construyó este sueño sobre ruedas?

El lugar elegido no podía ser otro: la plaza de Chacras de Coria. Con el apoyo fundamental de su familia, la idea de una biblioteca ambulante comenzó a tomar forma concreta. Fue un trabajo en equipo, con tardes dedicadas a elegir materiales, pensar el diseño y construir la estructura.

Hubo pintura, detalles y un entusiasmo contagioso. Pero el corazón del proyecto no era la madera ni las rueditas, sino el contenido: los libros. Historias que Julián ya había leído, otras que estaba descubriendo y muchas que anhelaba compartir. Para él, la lectura es un momento de juego y de imaginación desbordante.

La biblioteca no tiene puertas cerradas ni reglas estrictas. Simplemente aparece en la plaza y se instala. Los niños se acercan con curiosidad, miran, eligen un ejemplar y hojean. Algunos se quedan un rato, otros regresan. A veces hay lecturas en voz alta, otras reina un silencio concentrado.

El sueño de Julián: que los chicos se acerquen a la lectura. (Foto: gentileza familia Zárate)
El sueño de Julián: que los chicos se acerquen a la lectura. (Foto: gentileza familia Zárate)

El rol de la familia y una nueva pasión que nace

Detrás de este emprendimiento infantil hay un pilar fundamental: su mamá, Gisella. Ella fue clave desde el inicio, acercándolo a la lectura de forma natural y haciendo del libro un momento placentero, nunca una obligación. “Leer es como viajar sin moverte”, es una frase que en la vida de Julián cobra un sentido completamente real.

El vínculo con las historias ha sido tan profundo que ha inspirado al propio Julián a dar sus primeros pasos como creador. En paralelo a la biblioteca móvil, el niño mendocino comenzó a imaginar y escribir su propio cuento. Este nuevo camino refleja cómo una experiencia cotidiana puede expandirse cuando se cultiva con cariño y estímulo.

El nene de siete años colaboró en el armado de su biblioteca. (Foto: gentileza familia Zárate)
El nene de siete años colaboró en el armado de su biblioteca. (Foto: gentileza familia Zárate)

La propuesta de Julián es genuina, y eso es precisamente lo que valoran los padres que llevan a sus hijos a la plaza. Ven a un niño que pone su colección personal a disposición de la comunidad con una simple consigna: compartir. Cada vez que la biblioteca se instala, se activa un espacio diferente entre los juegos y las risas: el espacio de la imaginación.

Con maderas, pintura y rueditas construyeron en familia este espacio de encuentro y lectura. (Foto: gentileza familia Zárate)
Con maderas, pintura y rueditas construyeron en familia este espacio de encuentro y lectura. (Foto: gentileza familia Zárate)

El proyecto sigue creciendo y sumando pequeños lectores. Incluso hay un nuevo integrante en la familia, su hermanito Bautista, que quizás en el futuro se sume a esta historia. Por ahora, la biblioteca sobre ruedas ya está en marcha. Rueda, aparece, se abre y confirma una poderosa verdad: que para empezar algo significativo, a veces solo se necesita una buena idea, apoyo familiar y muchas ganas de compartir.

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