La iglesia más antigua de Catamarca está en peligro: el pedido urgente que nadie esperaba
La iglesia más antigua de Catamarca quedó dañada tras los últimos vientos y un especialista advierte que lo peor no fue el temporal: hay un problema de fondo que afecta a todo el patrimonio histórico de la provincia, y su solución todavía no tiene respuesta.
La capilla Nuestra Señora del Rosario de Anillaco, considerada la iglesia más antigua de Catamarca, sufrió daños en las últimas semanas por los fuertes vientos del oeste provincial. Pero para el ingeniero Rafael Toledo, especialista en conservación y restauración del patrimonio histórico, el temporal no fue la causa de fondo: solo dejó al descubierto problemas que se venían acumulando desde hacía años.
“El viento zonda fue el desencadenante o el que puso en evidencia todas las patologías que tiene un edificio tan sensible”, explicó Toledo tras una inspección realizada en la construcción, que data de 1712 y forma parte de la Ruta del Adobe.
El edificio, levantado principalmente con adobe y piedra, está expuesto a viento, lluvia, amplitudes térmicas y al movimiento constante de visitantes. Según el especialista, ese tipo de construcciones exige técnicas específicas de conservación y un seguimiento periódico que hoy no se sostiene en el tiempo.
Un fondo para prevenir antes de que sea tarde
Para Toledo, la conservación no debería arrancar cuando el daño ya es estructural. Sostuvo que las inspecciones periódicas permiten detectar problemas en etapas tempranas y evitar intervenciones mucho más costosas. Con ese argumento, llevó una propuesta a la Legislatura provincial: crear “un fondo económico para que se haga un mantenimiento preventivo del patrimonio histórico de los edificios”.
El planteo incluye que un equipo de profesionales realice inspecciones cada seis meses o, al menos, una vez al año. Así, las pequeñas intervenciones evitarían deterioros mayores y reducirían los costos de futuras restauraciones.
“Una intervención hecha a tiempo, cuando se detecta la primera patología, hubiera evitado cualquier desastre y, sobre todo, una gran inversión después para reponer, reconstruir, restaurar o poner en valor ese sitio histórico”, afirmó.
Patrimonio, identidad y turismo
El especialista remarcó que el cuidado de estos edificios no es solo una cuestión arquitectónica o religiosa. Las construcciones históricas forman parte de la identidad de las comunidades y tienen un impacto directo en la actividad turística. En el caso de la Ruta del Adobe, destacó el crecimiento de la oferta de alojamiento y gastronomía en localidades como Tinogasta y Fiambalá a partir del desarrollo del circuito turístico-cultural.
Por eso, planteó involucrar a las comunidades donde están los monumentos: vecinos, guías turísticos y autoridades pueden aportar al cuidado cotidiano, sobre todo en lugares que reciben visitantes. Entre las recomendaciones para la Ruta del Adobe mencionó respetar la capacidad de carga de los edificios, evitar tocar las paredes y controlar el ingreso de contingentes numerosos, para reducir el impacto sobre construcciones de varios siglos.
El objetivo, dijo, es que el patrimonio se conserve para las próximas generaciones. “Hay que intervenir y buscar los fondos, buscar las formas de intervenir, para prevenir justamente estas situaciones de peligro de derrumbe”, concluyó.