La inclusión escolar que se cae cuando se menciona la palabra autismo

Diez años de los mismos reclamos: cuando la familia menciona el autismo, la vacante parece esfumarse. Qué pasa detrás de la negativa y por qué la inclusión no termina en el aula.

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La inclusión escolar que se cae cuando se menciona la palabra autismo
La inclusión escolar que se cae cuando se menciona la palabra autismo

Conseguir una vacante para un niño con autismo puede convertirse en una odisea cuando la familia menciona la discapacidad. Así lo advirtió Viviana Maza, referente de Hablemos de Autismo, quien señaló que las barreras para una escolarización plena siguen vigentes y que muchas veces el rechazo llega antes de que conozcan al chico.

En diálogo con TodoJujuy, Maza aseguró que, aunque hubo avances, los testimonios que escuchan hoy son los mismos de hace una década. "Todavía hay muchas barreras, muchísimas barreras. Lo seguimos viendo, seguimos escuchando los mismos testimonios que hace 10 años atrás", expresó.

Cuando la vacante empieza a desaparecer

Uno de los momentos más difíciles, según relató, es cuando la familia informa que su hijo tiene autismo o requiere apoyos. "Buscás vacante para tu hijo y hay vacantes, pero cuando mencionás que tu hijo tiene una discapacidad, que tiene autismo o que necesita algún tipo de apoyo, empiezan los problemas", señaló.

La referente explicó que al presentar el Certificado Único de Discapacidad (CUD) o completar formularios, las respuestas de las instituciones cambian. "A veces desaparece la vacante, o te dicen que primero tiene que venir el equipo, que tiene que venir un acompañante, sin conocer quizás al niño. O directamente te dicen que no hay cupo o que no están capacitados para recibirlo", afirmó.

Ese recorrido genera un fuerte desgaste emocional. "Lo más duro es tener que ir con muchos miedos y ser rechazado muchas veces por la discapacidad de tu hijo. Eso no debe ser así", sostuvo.

La inclusión no es solo estar dentro del aula

Maza remarcó que permitir el ingreso no garantiza inclusión real. "En otras ocasiones sí se permite ingresar al niño, pero no hay inclusión, porque tenemos un niño en una esquina dibujando o jugando mientras la docente está con el resto de alumnos trabajando. Eso no es inclusión", advirtió.

El desafío, insistió, no se limita a otorgar una vacante, sino a generar condiciones para que el estudiante participe, aprenda y desarrolle sus capacidades junto al grupo. "Es un no de entrada, sin conocer al niño y sin ver realmente si se puede o no acompañar", indicó.

Docentes con voluntad y familias que acompañan

A pesar de las dificultades, Maza destacó experiencias positivas y pidió reconocer a docentes que, aun sin formación específica, se involucran. "Hay docentes que no están formadas a veces, pero tienen mucha voluntad, sentido común, acompañan a la familia, al equipo, que son los que más conocen a ese niño, y realmente se involucran", expresó.

Como ejemplo, recordó la experiencia de su hijo en el jardín, cuando una docente le dijo con sinceridad que no sabía de autismo, pero que iba a poner todo de su parte. "Fue increíble la experiencia que tuvimos con ella y con todo el grado", contó.

Para Maza, esa actitud marca la diferencia. "Muchas veces el desconocimiento y el miedo hacen que uno se paralice y que no le dé la posibilidad a ese niño de brindarse y de desarrollar todo el potencial y la capacidad que tiene dentro del aula", concluyó.

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