La increíble batalla de 40 años por un apellido y una fortuna que parecía imposible
Durante cuatro décadas, libró una batalla solitaria contra la Justicia y el poder para probar un secreto familiar. ¿Cómo logró al fin que reconocieran su verdadero apellido y una parte de la millonaria herencia que todos le negaban?
Una historia que supera cualquier ficción llega a su fin. Manuel Manubens Calvet, el hombre que luchó contra todo un sistema para ser reconocido como hijo de un magnate, falleció tras una epopeya judicial de cuatro décadas. Su vida, marcada por un secreto familiar y una herencia valuada en 225 millones de dólares, es un testimonio de perseverancia frente a la negación del poder y la Justicia.
Nacido en los Esteros del Iberá como Manuel Maidana, su verdadera identidad fue el núcleo de una batalla legal sin precedentes. Sostuvo hasta el final que era el único hijo de Juan Feliciano Manubens Calvet, un poderoso hacendado y político cordobés que murió en 1981.
Su reclamo se basaba en un documento clave: un acta de reconocimiento de paternidad de 1960. El motor de su lucha fue una frase en guaraní que su madre, Julia Valenzuela, le dijo antes de morir: “Con el tiempo vas a saber”.

El momento en que todo cambió
La revelación definitiva llegó de la manera más inesperada. Manuel escuchó por radio que una mujer paraguaya intentaba hacerse pasar por hija del millonario. Ese instante hizo que las piezas de su infancia en la estancia Santo Domingo, un lugar frecuentado por Manubens Calvet, comenzaran a encajar de golpe.
Su madre, Julia Maidana, había trabajado como cocinera en esa misma estancia, propiedad de la familia Patri Cremonte. Allí se forjó el vínculo que luego sería negado durante años.
Una victoria pírrica contra viento y marea
El camino estuvo lleno de obstáculos. En un momento, un estudio de ADN le dio un resultado negativo, algo que Manuel siempre atribuyó a una manipulación de las muestras. Sin embargo, su tenacidad no decayó.
El punto de inflexión llegó en 2020, con un histórico pacto de confidencialidad que destrabó el conflicto sucesorio más largo del país. La Justicia finalmente le permitió usar el apellido de su padre y le otorgó una parte de la millonaria herencia.
Si bien él nunca reveló el monto exacto, trascendió que fueron unos 5 millones de dólares. El resto de la fortuna, los 225 millones, fue repartido entre los sobrinos de Juan Feliciano y familiares de su pareja.
Legalmente, fue reconocido como “acreedor contingente”. Este fallo le permitió pasar de una jubilación mínima a una posición económica holgada en sus últimos años, aunque sin los lujos desmedidos que muchos imaginaban.
La vida más allá del juicio
Antes de ser el protagonista de esta saga judicial, Manuel Maidana construyó su propia historia en el Litoral. Trabajó como locutor de radio en Bernardo de Irigoyen y también en la Tesorería de la provincia de Misiones.
Su vida era tan fascinante que incluso llamó la atención de la actriz Isabel Sarli, quien en su momento mostró interés en filmar una película sobre su caso.
En sus últimas entrevistas, Manuel mostraba una serenidad ganada a pulso. Declaró que ya no buscaba la totalidad de los millones, sino la dignidad de su nombre. Un deseo que selló en su familia: uno de sus nietos lleva hoy el nombre de su bisabuelo, Juan Feliciano Manubens Calvet.
La muerte de Manuel cierra un capítulo fundamental en la historia de las sucesiones argentinas, dejando una enseñanza sobre la persistencia y el valor de la identidad frente a las adversidades más grandes.