La industria avícola argentina revela su secreto: cómo logró resistir la tormenta y sigue creciendo

Frente a brotes sanitarios y un mercado global volátil, la industria del pollo en Argentina dio un golpe sobre la mesa. ¿Cómo logró mantener una producción millonaria y un consumo récord? Los números del último balance revelan una estrategia que muy pocos esperaban.

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La industria avícola argentina revela su secreto: cómo logró resistir la tormenta y sigue creciendo

En un año marcado por desafíos sanitarios y cambios en el comercio global, el sector del pollo en Argentina cerró 2025 con números que sorprenden. La producción se mantuvo firme, con un consumo interno que roza los 50 kilos por persona y una capacidad de resiliencia que consolida a esta cadena como un pilar de la alimentación nacional. Los detalles del último anuario sectorial muestran una actividad que no solo sobrevive, sino que se expande.

La carne de pollo alcanzó una producción de aproximadamente 2,5 millones de toneladas. Este volumen requirió el faenamiento de cerca de 750 millones de aves en establecimientos registrados en todo el país, marcando un leve crecimiento interanual.

La estructura productiva está altamente integrada y tiene una fuerte impronta territorial. La actividad se concentra de manera abrumadora en dos provincias: Entre Ríos y Buenos Aires, que en conjunto explican más del 85% de la faena nacional.

Otras provincias como Santa Fe y Córdoba tienen una participación menor, pero forman parte de la expansión gradual que experimenta el sector. La escala es monumental: durante el año pasado se registraron más de mil millones de pollos nacidos.

¿Por qué el pollo es el rey de la mesa argentina?

Uno de los datos más contundentes es la estabilidad del consumo interno. En 2025, cada argentino consumió en promedio 49,4 kilogramos de carne de pollo, una cifra que incluso mejoró levemente respecto al año anterior.

Este nivel, de los más altos del mundo, confirma el rol central de esta proteína en la dieta local. Su accesibilidad, versatilidad y fuerte presencia cultural la mantienen como un alimento clave.

La evolución de este indicador muestra un patrón estable, incluso en contextos económicos complejos. El pollo suele funcionar como una alternativa más económica frente a otras carnes, lo que explica su resiliencia en períodos de presión inflacionaria.

Los números lo demuestran: durante 2025, el precio del pollo entero al consumidor aumentó un 19%, un incremento muy por debajo de la inflación general y del registrado por otras carnes. Esta dinámica de precios ayudó a sostener el volumen de consumo.

El desafío de venderle al mundo

En el frente externo, el año presentó obstáculos. Las exportaciones de carne aviar registraron una leve caída en volumen del 1,8%. Sin embargo, en valor hubo un incremento del 4,9%, impulsado por mejores precios internacionales.

En total, Argentina exportó más de 206 mil toneladas de productos avícolas. Este rubro incluye pollo entero, cortes trozados, subproductos y otros derivados de la cadena.

Uno de los factores que condicionó el desempeño fue la situación sanitaria. Episodios vinculados a la influenza aviar, incluido un brote detectado en agosto, impactaron en el comercio internacional y obligaron a reacomodar estrategias.

A pesar de ello, el sector mantuvo una cartera diversificada. La carne aviar nacional llegó a 76 países, con destinos clave en Asia y África. Los principales compradores fueron Vietnam, Sudáfrica, Chile, China y la República Democrática del Congo.

Una apuesta firme por producir más

Los indicadores dejan en claro que la cadena avícola mantiene una estrategia de expansión productiva. Durante 2025 se registraron niveles cercanos a los máximos históricos en variables clave como pollitos bebé por semana, aves en recría y reproductoras en producción.

Esto refleja una decisión conjunta de todos los eslabones de la cadena, desde la genética hasta la industrialización, de seguir invirtiendo y creciendo.

En una mirada de largo plazo, el crecimiento es evidente. El volumen actual de producción de carne de pollo es más de tres veces superior al registrado a comienzos de la década del 2000.

Este salto da cuenta de un proceso sostenido de modernización tecnológica y expansión industrial que transformó al sector.

¿Qué le depara el futuro a la cadena?

El escenario para los próximos años combina oportunidades y desafíos. Por un lado, la demanda global de proteínas animales continúa creciendo, especialmente en regiones de Asia y África, lo que abre una ventana para ampliar las exportaciones.

Por otro, el sistema productivo deberá seguir trabajando en aspectos sanitarios, logísticos y comerciales para mantener su competitividad en el mundo.

Internamente, el consumo estable y la centralidad del pollo en la dieta siguen siendo pilares irremplazables para la actividad. En este contexto, la industria avícola se consolida como una de las cadenas agroindustriales más dinámicas del país.

Con la capacidad de abastecer el mercado local y proyectarse hacia el exterior, el sector demuestra una vez más su rol estratégico en la economía argentina.

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