La invasión Tripera a Mar del Plata: una movilización que nadie esperaba
¿Te imaginás una hinchada que llena un estadio a 400 km de distancia? La movilización de Gimnasia a Mar del Plata fue épica. Conocé las historias de los que no se quisieron perder el partido.
La ciudad de Mar del Plata fue testigo de una verdadera invasión albiazul. Más de 5.000 hinchas de Gimnasia colmaron el estadio José María Minella, desafiando el frío y las restricciones, en una movilización que evocó los tiempos de gloria del Lobo.
La demanda superó todas las expectativas. Las 3.000 entradas iniciales se agotaron rápidamente, y la organización tuvo que habilitar otras 1.000, y luego más. El sábado se sumaron otras tantas, pero la hinchada siguió llegando, demostrando que el amor por el Lobo no entiende de límites.
¿Cómo fue la odisea de los hinchas?
La mayoría de los micros partieron a las 6 de la mañana desde 44 y 155, en La Plata. Pero hubo algunos que se las ingeniaron para salir antes y disfrutar de un rato en las playas, aunque el frío y la garúa no acompañaron. A pesar de las inclemencias, el banderazo en la Avenida Juan B. Justo fue multitudinario, y los jugadores fueron despedidos desde el Hotel República.
Antes del mediodía, los triperos ya copaban los alrededores de la calle Canosa, el acceso para el público visitante. El estadio, que parece sacado de una película de ciencia ficción postsoviética, no ofrecía las mejores condiciones: ni baños para los visitantes, y un campo de juego que dejaba mucho que desear.
¿Qué historias dejó la movilización?
Entre las banderas, se destacaban las de Diego Maradona y Lionel Messi, y el clásico canto “el que no salta es un inglés” resonó con más fuerza que nunca. Los muchachos del barrio San Carlos hicieron sentir su presencia con el grito “Lolo Regueiro presente”. Un hincha marplatense viajó el sábado a La Plata para conocer a su nieto, pero no quiso perderse el partido y volvió a los 400 kilómetros para alentar al Lobo.
La banda de “La Gloricia” estuvo completa, así como la de 66 y 27. Historias como la de Cristian Piarrou, que vive en Bolívar pero no faltó a la cita, demuestran que la pasión no entiende de distancias. “Gimnasia es el esfuerzo constante, la lucha. Ojalá que al Pata le vaya bien y podamos pelear en los puestos de arriba”, confesó el Loquito.
¿Qué pasó con las entradas?
En teoría se vendieron 4.000 localidades, pero en la tribuna había mucha más gente. Mario y Marcelo, que no consiguieron pasaje con las filiales, se las arreglaron para salir anoche desde Los Hornos y llegar en el primer micro del día. La historia se repitió por cientos, y el lunes había que trabajar, pero eso no fue impedimento.
El clima no fue el ideal: más cerca del “bufanda, polar y guantes” que del “gorro, bandera y vincha”. Los que viajaron el viernes se encontraron con un diluvio que inundó media ciudad, trayendo malos recuerdos para los platenses.
¿Cómo terminó la jornada?
Después del partido, los festejos con los jugadores y las gastadas de tribuna a tribuna con los hinchas de Aldosivi, hubo un canto contra “los de Rojo”. Para sorpresa de muchos, no era contra Estudiantes ni Independiente, sino contra un equipo de un picado en una cancha llena de barro. Otra postal de una tarde feliz para el triperío.
El campo de juego del Minella, que ya sufre problemas estructurales, se mostró más chico de lo habitual. Hubo una orden de hacerlo con la medida mínima para equilibrar el juego. A pesar de todo, la fiesta fue total.