La invitación que terminó en tragedia: qué encontró la policía en el cañadón

Nicolás Sáez salió de su casa como tantas otras veces, avisando dónde estaba. Esta vez no volvió. Un llamado con una excusa lo llevó hasta un cañadón en la meseta de Centenario. Lo que encontró la policía después conmocionó a toda la región.

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La invitación que terminó en tragedia: qué encontró la policía en el cañadón
La invitación que terminó en tragedia: qué encontró la policía en el cañadón

La confirmación del Ministerio Público Fiscal de que el cuerpo hallado calcinado el viernes 11 en la meseta de Centenario pertenece a Nicolás Agustín Sáez, de 21 años, conmocionó a la región por el grado de violencia de su muerte. Fiscalía formuló cargos por homicidio simple a Cristian Campodónico, un integrante de su grupo de amigos.

Germán Sáez, padre de la víctima, asistió a la audiencia de formulación de cargos y explicó la verdadera relación entre su hijo y el imputado, los momentos previos al hallazgo y las principales teorías que maneja la Fiscalía.

“No podemos entender qué pasó, porque la verdad nos sorprende y nos llama la atención la forma en que se dio, cómo lo estudió, lo llevó a otra parte, es rarísimo. Yo solo pido justicia por mi hijo”, expresó Germán Sáez a la radio LU5.

Un vínculo lejano

El padre indicó que Nicolás conocía a Campodónico, pero no tenían una relación cercana: formaba parte de un grupo de amigos con los que se juntaba cada tanto. “Lo vi a Cristian en la audiencia, yo del barrio no lo conozco, pero Nico sí, se juntaba eventualmente con él, no es que se juntaba siempre”, contó.

Durante la audiencia, la fiscal Lorena Juárez y el asistente letrado Maximiliano Jávega le atribuyeron el delito de homicidio agravado por alevosía. Sin embargo, el juez de garantías Raúl Aufranc no tuvo en cuenta la alevosía y determinó que la acusación sea por homicidio simple.

El único acusado ingresó a la sala ante la mirada atenta del padre de la víctima. “Lo vi a ese muchacho, él no me miró, no dijo nada en la audiencia, estaba con la cabeza gacha”, agregó Sáez.

La excusa y la emboscada final

Según la investigación, el imputado invitó a Nicolás con la excusa de una cita doble con unas chicas en una plaza de Centenario. Con la confianza que los unía, lo llevó hasta un sector cercano al basural conocido como “Chile Loco”, una zona aislada y de difícil acceso. Allí, en un cañadón debajo de una loma, lo atacó con una piedra: lo golpeó al menos doce veces. Nicolás sufrió un traumatismo craneoencefálico que le causó la muerte.

El padre de la víctima explicó que la vida de Nicolás transcurría entre su casa del Parque Industrial y la de su abuela, en el barrio Villa Ceferino. El joven tenía una condición de autismo leve y no manejaba autos ni bicicleta, por eso se desplazaba a pie. Además, avisaba constantemente su ubicación para mantener informado a su padre.

“Nosotros nos fuimos a vivir a la meseta hace 6 años, pero siempre tuvo amistad en Villa Ceferino. En la meseta nos relacionábamos más que nada con los vecinos grandes. Él solía ir al Loteo 34 y se juntaba con estos chicos, pero yo no los conocía mucho en realidad. No tenía mucho contacto”, agregó Sáez.

“Nicolás salía los sábados, los viernes que se venía para Villa Ceferino y se quedaba el fin de semana que se juntaba con sus amigos. Él, si salía, siempre me estaba avisando, aunque sea un mensaje en el día, él nunca había desaparecido”, indicó.

La teoría de la pelea previa

Sobre la relación entre su hijo y Campodónico, Germán aclaró que no tenía conocimiento de peleas o conflictos previos. Rechazó tajantemente la teoría de que una guerra narco o una deuda por drogas haya sido el origen del conflicto.

“Ellos se habían juntado anteriormente, en algunas ocasiones habían estado juntos y demás, pero no tenía o no se sabía que hayan peleado. Aparte Nico no era de pelear ni nada”, agregó.

La hipótesis del conflicto por drogas surge del testimonio de un vecino de la víctima, que refiere que Nicolás solía ir al Loteo 34 a comprar marihuana. El relato de otro vecino fortalece esta teoría, ya que la propia víctima le había confirmado la existencia de un problema con el grupo de chicos.

“La última vez que lo vi fue antes de irme a laburar. Me contó que había tenido un problema con unos pibes, porque le había roto un vaso en la cabeza a un pibe. Yo lo vi por última vez el 16 de agosto. Él andaba donde los mendocinos, unos que venden falopa. Él tuvo un problema con ellos en agosto, sé que desde el problema no fue más para allá”, indicó el vecino.

El padre, sin embargo, fue categórico: “Sí, Nicolás consumía marihuana, ya lo dije y lo sabe todo el mundo. Nicolás tiene un autismo leve, consumía marihuana e iba a la manzana 34 a comprar marihuana, pero no es que debía plata o cosas así raras. No es lo que dicen de una guerra narco y me parece una falta de respeto”.

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