La judoca que eligió Rosario y ahora necesita un sponsor para no perder el sueño olímpico

Siete millones de pesos y una plaza en Egipto: lo que una judoca rosarina necesita para no perder el sueño de Los Ángeles 2028. El ranking no perdona y ella ya sabe lo que es competir al límite.

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La judoca que eligió Rosario y ahora necesita un sponsor para no perder el sueño olímpico
La judoca que eligió Rosario y ahora necesita un sponsor para no perder el sueño olímpico

En la esquina de Avenida Pellegrini y Entre Ríos, entre las placas de bronce que homenajean a los deportistas olímpicos y paralímpicos de Rosario, hay una que lleva un nombre recién estrenado: Nadia Boggiano. La judoca de 32 años pasó a verla por primera vez la semana pasada y no pudo contener las lágrimas.

«Nunca me imaginé que la iban a poner. Sé que nací en Formosa, pero yo elegí Rosario y la represento con todo el amor del mundo. Que la ciudad me abrace así es emocionante», confiesa.

Pero detrás del reconocimiento hay una carrera de alto rendimiento que no da tregua. Boggiano viene de conseguir el diploma paralímpico en París 2024, donde terminó séptima en la categoría J1 de judo adaptado, y ahora tiene la mira puesta en los Juegos de Los Ángeles 2028.

El obstáculo que le pone el ranking

Para no perder terreno en el ranking mundial de la Federación Internacional de Deportes para Ciegos (IBSA), la atleta necesita viajar a competir a Egipto. Es una cita clave para sumar puntos, pero requiere un presupuesto estimado de 7 millones de pesos entre pasajes, inscripciones y logística.

El problema de fondo es la escala del circuito internacional: mientras sus rivales europeas y asiáticas llegan a los Juegos con 20 torneos acumulados, Nadia compitió en solo seis. Con el presupuesto oficial acotado para cubrir todo el calendario anual, necesita salir a buscar apoyos privados y aportes de la comunidad.

«Lo que más necesito hoy es el acompañamiento de alguna empresa o sponsor que quiera sumarse a bancar este proyecto», explica Boggiano, que en el día a día tiene el respaldo de su familia y su equipo de trabajo.

De Formosa a Rosario, con el judo como bandera

Corría octubre de 2020, la pandemia de COVID-19 apretaba y el CeNARD estaba cerrado. La deportista llevaba ocho meses parada en Formosa. «Estaba a punto de dejar el judo, tenía todo en contra», recuerda.

Fue la rosarina Mariana López, referente de la disciplina, quien le tendió la mano y la animó a entrenar en la ciudad. Al principio sus padres dudaban de que se mudara a un lugar desconocido en plena incertidumbre, pero la convicción de Nadia pudo más: tomó un remis desde una provincia vecina a Formosa que la dejó en la casa de su compañera de judo.

Desde entonces no se movió más. Pasó por Tiro Suizo y el Club Provincial, y hoy entrena en el Club Don Bosco junto al profesor Sanseri y la coordinación de Gabriel y Leandro Gómez.

«En Rosario encontré algo fundamental: la Federación Santafesina de Judo jamás me trató de manera diferente por tener una discapacidad visual. Para ellos soy Nadia, una atleta. Esa es la verdadera inclusión».

Caer, levantarse y volver a pelear

El camino a París 2024 tuvo batallas duras. En 2022 compitió en el Mundial de Turquía con la rodilla rota y se trajo la medalla de bronce. Se operó, hizo una rehabilitación intensa con su kinesiólogo y entrenador Sergio de San Martín en Feedback, un gimnasio especializado en readaptación deportiva, y en solo ocho meses de competencia vertiginosa selló la clasificación olímpica como número 5 del ranking mundial.

En París, durante una lucha bravísima, sufrió la luxación del codo y una severa lesión nerviosa que le quitó movilidad y fuerza de agarre en la mano. «Caí en una depresión bastante importante después de París, no es fácil superar una lesión así y lidiar con la frustración. Pensé en alejarme, pero me gusta demasiado este deporte», admite.

Para recuperar la movilidad y el agarre sumó jiu-jitsu brasileño en la academia Satori, con doble turno diario y rutina de fuerza en gimnasio.

El respaldo que no le faltó

Más allá de los tiempos de presupuestos ajustados que atraviesa el deporte argentino, Boggiano reconoce el sostén que recibió: «Tengo que contar lo bueno y lo malo. El ENARD y la Secretaría de Deportes me bancaron siempre. Tras la lesión de París no me quitaron la beca, valoraron el esfuerzo y me siguen apoyando».

Mientras entrena a doble turno en Don Bosco y Satori, Nadia guarda una máxima que la define dentro y fuera del tatami: «Nadie se arrepiente de ser valiente». Rosario ya la inmortalizó en el bronce de Avenida Pellegrini; ahora, la comunidad tiene la chance de empujar su valía hacia Egipto y el sueño olímpico.

Nadia Boggiano

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