La Justicia le dijo no a la quiebra de Pandanés y ahora buscan quién se quede con la cadena

Veinticinco locales cerrados, 150 empleos perdidos y una deuda de $1218 millones: la Justicia le negó la quiebra a Pandanés y abrió un registro para que aparezca un salvador. Quién puede anotarse y qué tiene que pagar.

· 4 min de lectura
La Justicia le dijo no a la quiebra de Pandanés y ahora buscan quién se quede con la cadena
La Justicia le dijo no a la quiebra de Pandanés y ahora buscan quién se quede con la cadena

La cadena de panaderías Pandanés, que cerró sus 25 locales y dejó sin trabajo a unos 150 empleados, no tendrá una liquidación directa: la Justicia rechazó el pedido de quiebra que había presentado la propia empresa y abrió un proceso para encontrar compradores dispuestos a quedarse con el negocio.

La decisión la tomó el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 15, a cargo del juez subrogante Pablo Frick, en el marco del concurso preventivo de la firma. El tribunal habilitó un registro para que acreedores, una eventual cooperativa de trabajadores y otros terceros interesados puedan inscribirse y presentar propuestas de acuerdo preventivo.

Un salvataje bajo el artículo 48

La medida, dictada el 9 de octubre, se encuadra en el artículo 48 de la Ley de Concursos y Quiebras y pone en marcha el mecanismo conocido como cramdown o salvataje empresario. La idea es que un interesado pueda formular una propuesta a los acreedores y, eventualmente, adquirir las participaciones societarias de la compañía.

Según el edicto judicial, los interesados deberán inscribirse en el expediente mediante una presentación digital y acreditar el depósito de $200.000 para afrontar los gastos de publicación de los avisos. El registro tendrá un plazo de cinco días, que empezará a correr a partir de la publicación del último edicto en el Boletín Oficial.

Por ahora, la apertura del registro no implica que haya un comprador confirmado ni garantiza la continuidad de la actividad comercial.

De la expansión al cierre

Pandanés nació en 2016 con la premisa de transformar la elaboración del pan en la Argentina a través de procesos artesanales con masa madre, sin conservantes ni aditivos. Su fundadora, la emprendedora de origen danés Lise Lundme Funch, comenzó el proyecto alquilando la cocina de un hostel para elaborar las primeras piezas que distribuía en pequeños comercios porteños.

Con la incorporación de su coterráneo Klaus Riskaer Pedersen (cuya participación pasó posteriormente a la firma Pan Danés en Dinamarca), la marca se consolidó rápidamente en el segmento de panadería gourmet.

Hacia fines de 2021, la empresa ya contaba con ocho locales operativos. Ante la creciente demanda de alimentación saludable y en un contexto de alquileres que catalogaron como “accesibles”, la firma encaró una agresiva apuesta de escalamiento: mudó su producción a una planta industrial de 1778 metros cuadrados ubicada en el barrio porteño de Barracas, diseñada con capacidad instalada para abastecer hasta 50 sucursales propias.

Sin embargo, en la segunda mitad de 2023 el rumbo de la empresa cambió. En su presentación judicial, desde la empresa atribuyeron el deterioro de su situación a la caída del consumo, el incremento de los costos y el peso de una estructura que había quedado sobredimensionada frente al retroceso de las ventas.

El primer cheque rebotado y la caída del consumo

El punto de inflexión en la tesorería ocurrió el 15 de octubre de 2025, fecha en que se registró el primer cheque rebotado por $3,8 millones emitido a favor del proveedor Lácteos Don Victorino. A partir de allí, la imposibilidad de cubrir los compromisos bancarios recurrentes desencadenó una cesación de pagos irreversible.

En noviembre de 2025, la gerencia de Pandanés solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores, con el objetivo de reorganizar sus pasivos y buscar una salida que le permitiera sostener el negocio.

Según los argumentos expuestos, el consumo de sus productos había caído más de un 50% respecto de sus volúmenes históricos. Al momento del corte contable presentado en la Justicia, la sociedad declaró un pasivo total de $1218 millones.

Sin embargo, transcurrido casi un año del proceso concursal, desde la compañía cerraron sus 25 locales y solicitaron su propia quiebra. En la firma señalaron que intentaron implementar medidas para revertir la situación —la reducción de costos, la renegociación de alquileres, el cambio de proveedores y la reorganización operativa—, aunque no alcanzaron para superar la crisis.

“La conjunción de los factores señalados provocó un progresivo e irreversible deterioro de los márgenes y del flujo de fondos de la sociedad, privándola de toda posibilidad de sostener una propuesta de acuerdo preventivo que pudiera ser efectivamente cumplida y, a la vez, de continuar atendiendo las obligaciones que demanda su giro ordinario. Por todo ello, entiendo que no existe a la fecha otra alternativa que peticionar la propia quiebra”, expusieron desde la empresa ante el pedido.

Más para leer

El boleto de colectivo cuesta 14 veces más que cuando asumió Milei: el número que admitió el Gobierno
Economía
San Luis movió 720 toneladas de alfalfa en un solo despacho ferroviario
Economía
Emprender en Misiones: por qué la mitad de los negocios no pasa los primeros años
Economía
El changuito en San Juan quedó abajo del millón: cuánto cuesta y qué lugar ocupa
Economía
Buscaba trabajo en Misiones y terminó armando la red que hoy usan 47 mil personas
Economía
El sueldo no llega al día 20 y la deuda ya no se puede pagar: Río Negro arma su plan
Economía