“La legitimidad se la da el otro”: la frase que dejó en silencio a los directivos de Salta
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“La legitimidad se la da el otro”: la frase que dejó en silencio a los directivos de Salta

Un especialista que disertó ante directivos y docentes de Salta dejó una definición sobre la autoridad que incomoda a más de uno: el cargo ya no alcanza. Qué propone para las escuelas y por qué dice que lo que viene del Estado no basta.

En el Colegio Salesiano Ángel Zerda se lleva adelante un congreso educativo que conmemora los 150 años del primer escrito del Sistema Preventivo de Don Bosco. Hasta el sábado, supervisores, rectores, directores, coordinadores y docentes de todos los niveles participan de las jornadas. En ese marco disertó el especialista en educación Bernardo Blejmar, quien abordó la gestión de la palabra y los desafíos que atraviesan las instituciones educativas.

En diálogo con El Tribuno, Blejmar planteó la necesidad de otorgar mayor autonomía a las escuelas, fortalecer la formación docente y recuperar la calidad de las conversaciones. Además, advirtió sobre la pérdida de autoridad sustentada únicamente en los cargos y sobre el peso de la violencia discursiva en la sociedad.

Más libertad para decidir en cada escuela

Consultado sobre qué decisiones deberían poder tomar los directores sin depender del Ministerio de Educación, el especialista respondió: “Mi impresión es que hoy necesitamos que haya un crecimiento de una autonomía, obviamente responsable y diferenciada”. Y explicó por qué la piensa así: hay que considerar los tipos de escuelas, las situaciones en las que están, las capacidades que tienen y el acompañamiento que necesitan.

La línea que propone es que cada centro educativo gane libertad para diseñar sus contenidos, su acercamiento a la comunidad e incluso para elegir a los docentes con los que necesita armar un proyecto. También, remarcó, para sostener equipos que puedan madurar en el tiempo y no quedar atados a suplencias de un año, tres o cuatro meses. “La autonomía tiene que ver con poner en situación la responsabilidad de cada centro educativo por su proyecto concreto”, definió.

¿Autonomía real o abandono?

Sobre la situación en Argentina, Blejmar sostuvo que a veces la autonomía existe “por default”, producto de un desprendimiento de responsabilidades de los gobiernos. “Cada uno, a veces, está librado a su suerte. No es la misma autonomía que estar librado a su propia suerte”, diferenció. En otros casos, señaló, las escuelas quedan demasiado sujetas a regulaciones y burocracias que les impiden diseñar su propio tiempo para gestar el proyecto educativo.

Qué hacer cuando faltan recursos

Ante la pregunta sobre cómo mejorar la educación con docentes sobrecargados y problemas de aprendizaje, el especialista marcó una responsabilidad clave del Estado, que debe garantizar un nivel educativo, de desafío económico, de esfuerzo y de política. Pero agregó que cada escuela también es responsable del lugar que le toca generar.

“Hay que confiar y exigir el cumplimiento de la responsabilidad del Estado, pero al mismo tiempo no descansar solo en lo que viene o no del Estado, sino también en lo que la fuerza local, el equipo local puede generar desde sí mismo”, afirmó. En esa línea, habló de leer, diagnosticar y darse una estrategia según las condiciones en que cada uno puede jugar.

Preservar, cambiar, agregar

¿Por qué cuesta transformar los resultados educativos incluso cuando se aplican programas de mejora? Blejmar propuso tres preguntas: qué hacemos, cómo lo hacemos y qué deberíamos hacer. De ahí surgen tres verbos clave: preservar lo que se hace bien, cambiar lo que ya no alcanza y agregar lo que falta.

El especialista reconoció un desafío tecnológico, pero aclaró que la tecnología no es el único habilitador del crecimiento educativo: hay que incorporarla y gestionarla. Al mismo tiempo, habló de un desafío de cercanía y de construcción de vínculos, de un nuevo modelo de relacionamiento y de comunidades de práctica entre docentes. También pidió revisar la formación de directivos y educadores, que debe atender no solo a las ideas sino a las destrezas, la personalidad y el temperamento.

Y sumó un dato que, a su juicio, condiciona todo: según el último registro del Latinobarómetro, la educación aparece en séptimo u octavo lugar entre los temas de agenda de la sociedad. “Mientras esté en el séptimo u octavo lugar para la ciudadanía, para la gente, va a ser muy difícil cualquier proceso de transformación educativa”, advirtió.

El aula, el gimnasio y el vínculo

Sobre la formación docente, planteó tres estrategias. La primera es el aula, el lugar donde se conversa, se discuten teorías y conceptos y se aprende intelectualmente. La segunda es el gimnasio, donde se practican destrezas: conversar, presentar un texto, preguntar, manejar tensiones y conflictos, negociar. “Vos podés saber mucho de Matemática, pero no saber cómo transmitirlo. Entonces tenemos un desafío en la transmisión, no en el saber”, ilustró.

La tercera es la química con el otro. Qué tipo de empatía y de vínculo se establece, cuánto sabe un docente de sus propias fortalezas y debilidades y cuánto puede crecer como persona. “Lo que está en juego no es solamente un saber, sino un vínculo”, resumió.

El caso de Corrientes y el derecho a levantar la voz

Consultado por la gestión de un directivo en el interior profundo y por el caso de Corrientes, donde una de las hipótesis apunta a que la directora reclamaba cosas, Blejmar fue categórico: “Primero, estamos de duelo por esa docente”. Y agregó que, si la información se confirma, se trata de una doble situación trágica: el asesinato de una docente, que es un femicidio, y la relación con alguien que levanta la voz.

Lejos de callar, propuso lo contrario: “Que se levante la voz en todos los niveles”, para cuestionar privilegios y lo que no ocurre o debería ocurrir, y también para proponer. Si lo sucedido tuvo que ver con alguien que alzó la voz, consideró que hay una responsabilidad ciudadana y de gobierno de reflexionar y de generar seguridad psicológica en las escuelas. “En un país donde sea un peligro hablar y decir lo que pienso por lo que viene después, tenemos un futuro muy incierto”, alertó.

La palabra como herramienta

Sobre la gestión de la palabra, tema central de su disertación, la definió como el instrumento clave de un educador: mantener conversaciones, escuchar, contar historias, transmitir un saber. “¿Qué es una clase? Una muy buena conversación entre alguien que sugiere cosas, que escucha cosas y que articula un tejido de una ida y vuelta”, sostuvo.

Para Blejmar, todavía no se puso el foco en la calidad de esas conversaciones, y el peligro actual es la devaluación de la palabra, la mentira, la posverdad y la violencia discursiva. En ese punto apuntó a las más altas autoridades, incluido el presidente actual, por usar la palabra como elemento de discriminación, violencia y descalificación. “La palabra crea realidades, la palabra crea emociones, la palabra destituye o la palabra acompaña, contiene, conforma e impulsa”, cerró.

La autoridad que ya no alcanza

La última pregunta fue directa: ¿el docente y el directivo han perdido autoridad? “Todos hemos perdido autoridad de cargo”, respondió. Ser docente, director, padre, maestro o médico ya no otorga por sí solo el poder que antes daba el puesto. El desafío, dijo, es tener el poder de la persona que ocupa el cargo, y eso vale para un docente, una periodista o un médico, a quien ya no le alcanza el título sino la relación con el paciente.

“Eso es una habilitación. La legitimidad se la da el otro, no un cargo”, concluyó.

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