En la Casa Gris hablan de un socialismo que "se le paró de manos" y en el PS responden que jugaron a quebrarlos. La ley de seguridad pasó, pero la confianza en Unidos quedó tocada: ¿qué se rompió puertas adentro?
La media sanción de la nueva ley de seguridad en Santa Fe llegó, pero el costo político fue alto: la alianza Unidos para Cambiar Santa Fe quedó golpeada por una negociación que expuso las diferencias entre radicales y socialistas. Es la prueba más dura para la coalición desde que asumió en 2023.
El gobierno de Maximiliano Pullaro consiguió avanzar con la norma, aunque el trámite dejó secuelas en la confianza interna. En la Casa Gris no disimulan el malestar.
La queja en la Casa Gris
“El gobierno quedó molesto. Se consumaron muchas cosas que sospechábamos”, confía un integrante de la mesa chica del gobernador. En el entorno de Pullaro sostienen que el socialismo estiró los tiempos por razones ideológicas y políticas.
“El socialismo se le paró de manos al gobierno en un tema en el que no podemos retroceder”, se quejan en el Ejecutivo provincial.
Gobernar y controlar: dos roles en pugna
La tensión entre radicales y socialistas no es nueva. Hay diferencias ideológicas, pero también de funciones: la UCR conduce el gobierno y el PS maneja la Cámara de Diputados.
Los radicales piden herramientas para resolver las urgencias de la gestión. Los socialistas se posicionan como un control interno que debe evaluar las consecuencias a mediano y largo plazo.
En seguridad, ese contraste pesa más. Pullaro responde por los resultados y reclama margen para decidir. El socialismo busca acotar algunas de esas herramientas porque también se juega su identidad política. Las relaciones personales, dicen, también inciden: todos se conocen las mañas.
El límite que el gobierno decidió poner
Hasta ahora, esa dinámica de pesos y contrapesos le había servido a Unidos. Permitió acordar las reformas más complejas: la judicial, la previsional y la constitucional.
La lógica habitual era tirar una propuesta de máxima y luego ceder para contener a aliados y opositores. Esta vez, el gobierno decidió poner un tope a las concesiones.
El miércoles a la noche se plantó. Evaluó dos alternativas: retirar el proyecto si no se respetaba el texto original y dejar que el socialismo pagara el costo político, o construir una mayoría sin el PS. En el radicalismo aseguran que los votos estaban.
“El proyecto que se votó es el del gobierno. El socialismo dice que lo modificó y no es cierto. Lo único que se sacó fue la intervención territorial ampliada. Y no es un triunfo del gobernador, es lo que se está necesitando para seguir avanzando. Las organizaciones están más vivas de lo que creemos”, afirma un integrante de la primera línea del gabinete.
El balance opuesto del socialismo
Los dirigentes socialistas leen la misma votación de manera inversa: “El proyecto salió con muchas modificaciones. Era lo que iba a ocurrir, pero con un desgaste público hacia nosotros. En el medio jugaron a quebrarnos y no lo lograron”.
Cada sector necesita mostrar algo distinto. La Casa Gris quiere dejar en claro que conservó las herramientas que reclamaba. El socialismo busca demostrar que consiguió cambios y que puede acompañar al gobierno sin firmar a libro cerrado los proyectos del Ejecutivo.
En el PS hay quienes creen que el gobierno tiene “una naturaleza hegemonista”. En el núcleo del partido deslizan: “Quieren una coalición de empleados y nosotros no. Aliados o nada”.
Una historia que viene del Frente Progresista
Las diferencias se remontan al viejo Frente Progresista, que conducía el socialismo. El PS tenía a los dirigentes con más peso electoral: Hermes Binner primero, Miguel Lifschitz después. Ambos imponían condiciones.
“Nosotros jamás jugamos a extinguir a la UCR”, argumentan en el socialismo.
“Cuando ellos conducían te partían. Maxi podría hacerlo y no lo hace. Lo que no está dispuesto es a cogobernar la política de seguridad con gente que habla desde la comodidad del escritorio”, retrucan en la Casa Gris.
El factor Milei y la discusión 2027
A esas diferencias se suma la discusión electoral de 2027. La negociación por la seguridad también midió cuánto puede condicionar cada socio al resto.
Esta semana, Pullaro le abrió la puerta de Unidos a La Libertad Avanza (LLA). Fue un gesto hacia el gobierno nacional y el electorado antikirchnerista, pero también una advertencia al socialismo.
En el partido de la rosa se encendieron las alarmas. Para el socialismo, LLA es una línea roja. Javier Milei defenestra a ese espacio como corriente política cada vez que puede. A nivel nacional, el PS es un opositor duro del gobierno.
Si no se arma un tercer espacio competitivo, el socialismo tiene un plan B: sumarse a un frente anti-Milei que reúna al peronismo con exsocios de Cambiemos, como la Coalición Cívica (CC) y el radicalismo de Martín Lousteau.
El modelo es un frente XL como el que le permitió a Lula ganar la segunda vuelta en Brasil. El problema es que hoy en la Argentina no hay una figura de la estatura política del líder del PT.
Esa apuesta nacional complicaría la convivencia en Santa Fe. Cuanto más se acerque Pullaro a Milei, más le costará al socialismo explicar su pertenencia a Unidos. Separar lo provincial de lo nacional tiene un límite.
El pacto de no agresión que se evalúa
En Santa Fe circula una hipótesis: que Pullaro y la Casa Rosada acuerden un pacto de no agresión, sin formar una alianza.
Ese pacto supondría que los libertarios pongan un sparring al frente de la boleta y que Milei no venga a hacer campaña. El objetivo sería evitar que la división del voto no peronista beneficie al PJ.
A cambio, el sector de Unidos que participe del acuerdo podría apoyar algunas iniciativas del gobierno nacional en el Congreso. También evitaría enfrentarse con Milei para no complicar su reelección ni facilitar el regreso del peronismo.
¿Puede romperse Unidos?
A tres meses de la definición de las listas, la discusión electoral ya condiciona los movimientos de los socios. Por ahora, ni en el radicalismo ni en el socialismo ven una ruptura como escenario probable.
Los costos serían altos para ambos. La UCR perdería el respaldo de una coalición amplia. El PS arriesgaría el poder y la influencia que conserva dentro del oficialismo provincial.
Sí creen que en 2027 habrá competencia. Y será el voto popular el que defina cuánto pesa cada socio y qué lugar ocupa en la alianza.
En el socialismo incluso deslizan que podrían tener un nombre para competir con Pullaro por la Gobernación. Una interna les permitiría disputar la conducción sin romper Unidos. La pelea seguirá abierta: cuánto poder tiene cada socio y hasta dónde puede condicionar a los demás.
En política, tres meses es una eternidad. Sin embargo, el trámite de la ley de seguridad marca un antes y un después en la coalición que llegó hace casi tres años al poder. La confianza es como un jarrón: si se rompe se puede pegar, pero no vuelve a ser igual.
La seguridad de los santafesinos no se improvisa. En Santa Fe logramos contener el delito y la violencia, pero las organizaciones criminales siguen vivas y activas, y no podemos equivocarnos en el diagnóstico.
— Maximiliano Pullaro (@maxipullaro) November 5, 2026
Nuevas estaciones policiales para que cada policía vuelva más rápido… pic.twitter.com/CKvAnocB2o
Trabajamos mucho y en silencio. Mejoramos el proyecto de ley enviado por el ejecutivo y lo convetimos en buenas reformas para la seguridad de los santafesinos.
— Joaquín Blanco (@jqnblanco) November 5, 2026
Avanzamos pic.twitter.com/Yqf4Pi6Hgv