La llamada entró a la Comisaría 31 y el temporal no detuvo a nadie: qué había del otro lado

El temporal más crudo del año dejó a una madre y su hija de 3 años aisladas en Chacayco Sur, sin señal y con la nena con fiebre. Cinco policías salieron a buscarlas, pero el camino se volvió una trampa. ¿Qué encontraron al llegar?

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La llamada entró a la Comisaría 31 y el temporal no detuvo a nadie: qué había del otro lado
La llamada entró a la Comisaría 31 y el temporal no detuvo a nadie: qué había del otro lado

Una madre aislada en el inhóspito paraje Chacayco Sur y una nena de 3 años con fiebre alta. Cinco policías y un criancero se jugaron el todo por el todo en medio del temporal más duro del año.

El jueves 22 de octubre, mientras la alerta amarilla por el Fenómeno de El Niño castigaba con fuerza el centro de Neuquén, las rutas nacionales y provinciales se inundaban y la tierra se abría en socavones, el teléfono de la Comisaría 31 sonó con urgencia.

Del otro lado, la voz quebrada de una madre: estaba incomunicada en el puesto de sus padres, en el remoto paraje Chacayco Sur, y su hija de 3 años ardía en fiebre, con tos y la respiración agitada.

El jefe de la dependencia, el subcomisario Ángel Salazar, recuerda ese momento en primera persona. No hubo margen para dudas.

Cuando el camino se vuelve una trampa

A las 16, cinco efectivos emprendieron la marcha. El trayecto hasta el ingreso del paraje Aguada del Overo demandaba 100 kilómetros; luego, otros 30 campo adentro por la picada de la Ruta Provincial 20.

La camioneta policial avanzaba entre vados desbordados. Lograron recorrer 7 kilómetros tapando pozos y peleando contra el barro. Hasta que el terreno les jugó una mala pasada: un socavón de un metro de profundidad, abierto por la fuerza del agua, les cortó el paso. El móvil quedó encajado, imposibilitado de seguir.

Allí comenzó la verdadera odisea. Descendieron y continuaron a pie. Dos kilómetros con el agua hasta los tobillos, la ropa empapada y el viento helado azotando sus rostros, hasta llegar a un puesto.

En ese lugar apareció el otro protagonista de la historia: un criancero de la zona, de esos hombres endurecidos por la meseta, que no titubeó. "Vamos en mi camioneta", dijo, y puso su vehículo a disposición para cubrir los 20 kilómetros restantes.

Barro, palas y una misión que no admitía pausas

El recorrido se convirtió en una pesadilla. Tuvieron que ir rellenando con palas otros socavones para poder avanzar, metro a metro, mientras el cielo no daba tregua. Cada charco era una trampa; cada curva, una incógnita.

Siete horas después, a las 23, arribaron al destino. La escena era desoladora: la nena, envuelta en mantas, con tos; la madre, angustiada, en el puesto de sus padres crianceros.

Los efectivos hablaron con ellas, las contuvieron y las cargaron para iniciar el regreso.

La menor fue trasladada primero al hospital de Las Coloradas y luego derivada al Hospital de Zapala, donde los médicos diagnosticaron un cuadro viral de laringitis. Estaba a salvo.

Más allá del rescate: la realidad de un territorio olvidado

Mojados, exhaustos, con las botas cubiertas de barro, pero con la satisfacción del deber cumplido, así terminaron los cinco policías de la 31.

La historia, sin embargo, va más allá del operativo. Expone la crudeza de un territorio inmenso y postergado, donde la jurisdicción de una comisaría abarca cientos de kilómetros de puestos de crianceros y comunidades aborígenes. Lugares sin señal, donde un arroyo crecido se convierte en una condena y donde, cuando alguien la está pasando mal, siempre surge una mano anónima dispuesta a ayudar.

Fue una camioneta prestada. Fueron cinco uniformes que no miraron el reloj ni la alerta. Fue una madre que no se rindió. En medio del temporal más duro, la solidaridad neuquina volvió a cruzar el desierto.

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