La lluvia cambió el mapa de las chacras del Alto Valle: qué revisar antes de fumigar

Las lluvias dejaron las hojas y los frutos mojados durante días y eso le pega directo al bolsillo del productor: la sarna no perdona una sola lesión en la pera. Una especialista del Conicet marcó qué hay que revisar en la chacra antes de decidir cualquier aplicación, y lo que muchos hacen de más.

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La lluvia cambió el mapa de las chacras del Alto Valle: qué revisar antes de fumigar
La lluvia cambió el mapa de las chacras del Alto Valle: qué revisar antes de fumigar

Las lluvias de El Niño alteraron las condiciones ambientales en las chacras del Alto Valle. El agua que permanece varios días sobre las plantas, sumada a temperaturas propicias, abre la puerta a enfermedades causadas por hongos y otros patógenos. La advertencia la hizo María Cristina Sosa, investigadora independiente del Conicet y profesora adjunta de Fitopatología en la Universidad Nacional del Comahue.

La recomendación central de la especialista es concreta: mirar los cultivos y repasar qué pasó en temporadas anteriores antes de decidir cualquier intervención. Nada de aplicar productos «por las dudas».

La sarna de la pera, en la mira

El foco de preocupación es la sarna de la pera, provocada por el hongo Venturia pirina. Desde prensa de la UNCo difundieron que las lluvias coincidieron con la floración y mantuvieron durante varios días las condiciones que favorecen los contagios.

Sosa aclaró que el clima por sí solo no basta. Para que la enfermedad aparezca tienen que darse tres condiciones a la vez: el patógeno presente, una planta susceptible y el ambiente adecuado.

Qué mirar antes de sacar el fungicida

El primer paso que propone la investigadora es revisar el historial sanitario de la chacra. Las lesiones que se vieron en las plantas en campañas pasadas o los reclamos del empaque por fruta dañada son pistas útiles para saber si la enfermedad ya estuvo ahí.

Después viene el monitoreo a campo. «Si vemos síntomas en hoja, hay que tratar de frenar que eso llegue a la fruta», explicó.

Si hay antecedentes de sarna y el tiempo acompaña una nueva infección, puede justificarse la aplicación de un fungicida, siempre con criterio técnico. «Tiene que haber riesgo de infección para intervenir», remarcó. También conviene tener los productos y la maquinaria listos para no perder la ventana de acción.

El riesgo depende de varios factores, entre ellos cuánto tiempo permanecen mojadas las hojas y los frutos y la temperatura. Cuando esas condiciones juegan a favor del hongo, pueden aparecer infecciones incluso después de la floración. Sosa contó que registraron casos en noviembre, diciembre y cerca de la cosecha, por lo que recomendó seguir de cerca los avisos sanitarios y el pronóstico en esos meses.

Lo que la especialista desaconseja con firmeza es la aplicación preventiva sin fundamento. En chacras sin antecedentes ni señales que la justifiquen, esos tratamientos suman costos económicos y ambientales y pueden favorecer la aparición de hongos resistentes. «Primero el buen diagnóstico y después el tratamiento», enfatizó.

Una lesión alcanza para quedar fuera del mercado

El golpe más duro de la sarna es comercial. Según Sosa, una sola lesión basta para que una pera no pueda venderse. «Sarna tiene tolerancia cero en la fruta», señaló.

Como antecedente trajo la temporada 2017-2018, cuando hubo productores que dejaron fruta en las plantas porque lo que pagaba el destino industrial no compensaba el costo de cosecharla. «Esa es una práctica que no está bien, pero te demuestra lo que puede ser la enfermedad», remarcó.

Aquella epidemia empujó nuevas investigaciones. Sosa y su equipo profundizaron en cómo sobrevive el hongo entre una temporada y otra y de dónde salen los nuevos contagios en el Alto Valle. Detectaron particularidades de su adaptación al clima local, el peso de su fase asexual y su permanencia en la propia planta, más allá de la hojarasca del suelo.

No todo es hongo en la fruta

El exceso de humedad también trae otros problemas: podredumbres de raíces en suelos anegados y enfermedades que aparecen recién durante la conservación. La especialista propuso revisar drenajes y prácticas de manejo y reducir las fuentes del patógeno para no depender únicamente de la respuesta química.

Con ese conocimiento se pueden orientar las medidas de prevención según las condiciones de cada zona. Sosa planteó la necesidad de financiamiento, acompañamiento técnico y jornadas de actualización para productores y profesionales, además de apoyo a la investigación y coordinación entre instituciones públicas y privadas. «Es importante seguir apostando a la ciencia, a la técnica, al desarrollo», sostuvo.

Sarna de la pera

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