La lluvia que cambió el mapa de la Región Sur: el agua que no veían hace más de una década
Después de más de una década de sequía, un productor de la Región Sur de Río Negro encontró en el campo algo que no veía desde hacía años. Lo que pasó con las lagunas y las napas cambió las expectativas para toda la ganadería ovina.
Después de más de diez años de sequía, las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño volvieron a llenar lagunas, arroyos y napas en la Región Sur de Río Negro, y los productores ganaderos ya hablan de una temporada distinta. El agua regresó a los campos, pero también impone nuevos desafíos: administrar el recurso, reorganizar el trabajo rural y prepararse para cuando vuelva a faltar.
La frase de un productor de la zona resume el ánimo: «Los caminos se arreglan, los alambres se arreglan, pero si no hay agua en los predios, en los campos, es difícil trabajar. La esperanza no existe sin agua». La frase, repetida en distintos parajes, marca el cambio de clima que se vive desde la cordillera hasta el mar.
El agua volvió a correr
Los registros de lluvia de este año duplicaron y en algunos casos superaron ampliamente los acumulados de la temporada anterior. El resultado se ve en el paisaje: arroyos que volvieron a correr, lagunas que llevaban años secas y pasturas que recuperaron el verde.
El alivio llega a las pequeñas localidades y parajes donde la falta de lluvias y nevadas había secado aguadas, profundizado las napas y obligado a buscar nuevas fuentes para abastecer a las familias y a los animales.
Para una región cuya principal actividad productiva es la ganadería extensiva, tradicionalmente de ovinos y caprinos, las precipitaciones abren una oportunidad para mejorar la condición de los animales, recuperar los campos y cuidar el recurso para que el alivio se traduzca en una mejora duradera.
La sequía que golpeó la producción
Darío Ibáñez, presidente del Ente de la Región Sur, explicó el impacto de los años secos: «El año pasado llovió muy poquito y después tuvimos viento y calor todo el verano, lo que dificultó mucho la producción». Y agregó: «Cuando hay sequía no crece el pasto y, como el manejo del ovino acá es extensivo, en grandes superficies, la oveja no alcanza a comer la cantidad suficiente para mantenerse bien. Eso trae problemas de productividad y hasta mortandad».
La escasez también preocupó en las ciudades. El intendente de Ingeniero Jacobacci, José Mellado, una de las localidades más pobladas de la región según el censo 2022, señaló que si bien no hubo problemas graves de abastecimiento para la población, el descenso de las napas era motivo de alerta: «Las napas habían bajado muchísimo y había cierta preocupación».
Mellado puso como ejemplo visible la laguna Carrilaufquen Chica, a unos 15 kilómetros al norte de Jacobacci. Con una superficie aproximada de 461 hectáreas y alimentada principalmente por el arroyo Maquinchao, se secó en 2014 y durante años no logró recuperar su fisonomía completa. Este año, las lluvias volvieron a llevar caudal: según Matías Tormann, delegado regional del Departamento Provincial de Aguas (DPA), el ingreso llegó a alcanzar los 3.000 litros por segundo.
La recuperación también se registró en la laguna Ñe Luan, en Maquinchao, donde el nivel aumentó 2,5 metros este año, de acuerdo con el relevamiento que mencionó Tormann.
Los números en cada campo
Las mediciones varían según la ubicación de cada establecimiento. Gabriela Sierra, productora de Maquinchao con un campo de 4.900 hectáreas en el paraje El Caín, registró unos 350 milímetros en lo que va del año. «Es sumamente atípico, extraordinario. Uno lo recibe con esperanza. Es una bendición tanta agua», describió Sierra, que trabaja con unas 2.000 cabezas de ovinos y comenzó a incorporar bovinos de manera gradual.
Miguel Lauriente, productor ganadero y vicepresidente de la Sociedad Rural de Los Menucos, afirmó: «Cayó mucha lluvia y en un buen momento porque fue anterior a la primavera. Ya empezaron los primeros calorcitos y el campo está muy verde, muy empastado, y todavía falta un montón por crecer. El agua vino en muy buena época».
Lauriente estimó que la disponibilidad de pasto podría multiplicarse entre tres y cuatro veces respecto de las condiciones habituales de los últimos años. Pero advirtió que la recuperación dependerá de cada establecimiento y de las posibilidades económicas de sus dueños. «Si este año va a haber mucho pasto, el productor se puede dar el lujo de no vender algunos animales, si puede económicamente, y consumirlos para madres. Eso es muy beneficioso», sostuvo.
Héctor «Beto» Sanborain, presidente de la Sociedad Rural de Maquinchao, también ve una oportunidad para mejorar la producción: «Nos va a permitir producir más cantidad de lana y de corderos, y más calidad. Si querés producir y crecer, tiene que haber pasto y esta lluvia nos ayuda».
Sanborain destacó además la recuperación de las reservas subterráneas: «Yo creo que esto nos permite, con esa cantidad de agua y como están las napas rebalsando, tener de cinco a diez años asegurados de que agua no nos va a faltar del subsuelo».
Ibáñez proyectó una temporada más favorable para los establecimientos que venían perdiendo animales: «Yo estimo que va a haber muchos corderos este año, ojalá. Eso da un panorama un poquito más alentador para los productores, para repoblar un poco los campos. La pérdida de animales todos los años es una constante y por eso va disminuyendo el stock ovino en esa región».
Según los números que mencionó Ibáñez, Río Negro cuenta con aproximadamente 970.000 cabezas ovinas, de las cuales el 84% se concentra en la Región Sur. Dentro de esa distribución, estimó que Maquinchao reúne alrededor del 40% de las existencias regionales y que cerca del 56% de los animales de la zona son madres.
El desafío de administrar el agua
Las lluvias también plantean un desafío: aprovechar el agua para recuperar los campos sin comprometer su capacidad productiva a futuro. Gabriela Sierra, técnica en producción ganadera, explicó que será necesario administrar las pasturas y ajustar el manejo de los animales a la nueva disponibilidad de alimento. El objetivo es evitar el sobrepastoreo, dar descanso a los potreros, cuidar los mallines y reforestar sectores clave.
«Uno de los grandes desafíos es aprender a aprovechar el agua de forma racional porque el recurso en algún momento se acaba. Ahora tenemos agua disponible, es importante prepararnos para cuando pueda eventualmente faltar», planteó Sierra.
La productora destacó la importancia de las obras de riego. A través de una línea de crédito de la Ley Ovina, su familia construyó canales para conducir el agua hacia los mallines, que ahora volvieron a llenarse después de años de sequía.
Sierra también señaló que la recuperación del pasto debe ir acompañada de prácticas que protejan el suelo. La cobertura vegetal, la reforestación y el cuidado de los mallines ayudan a evitar su deterioro por el tránsito de los animales. Por eso, aunque el campo se vea verde y las condiciones sean más favorables, el manejo de la hacienda deberá adecuarse a la cantidad de forraje disponible en cada potrero.
Obras y monitoreo para no perder el alivio
En paralelo, el Departamento Provincial de Aguas (DPA) trabaja para mejorar el acceso al agua en los establecimientos rurales. Entre sus tareas están la recuperación de aguadas y los estudios geoléctricos para localizar fuentes subterráneas que permitan definir dónde hacer nuevas perforaciones. El organismo coordina estas acciones con el Ente de la Región Sur y la Subsecretaría de Ganadería, con el objetivo de atender las necesidades de los productores y fortalecer la disponibilidad de agua en los campos.
El plan también contempla nuevas perforaciones, previstas a partir de noviembre si las condiciones climáticas lo permiten y se concreta la contratación de los trabajos. A eso se suma la instalación de unas 20 estaciones meteorológicas para ampliar los registros de lluvia y conocer mejor su distribución en la región.
Las lluvias también obligarán a retomar los trabajos en los caminos rurales, una vez que el suelo recupere las condiciones necesarias para el ingreso de maquinaria. Ibáñez explicó que las tareas deberán esperar a que el terreno se seque para evitar que las reparaciones se pierdan. El programa Caminos Rurales lleva construidos entre 1.200 y 1.500 kilómetros de caminos vecinales en la región.