La lucha silenciada: la batalla judicial de un niño superdotado que el sistema educativo no supo contener

La increíble historia de Benjamín, un niño superdotado de La Plata, que tuvo que enfrentarse al sistema educativo y judicial para que reconocieran su derecho a aprender. ¿Cómo terminó su lucha en un proyecto de ley que hoy nadie quiere sacar del cajón?

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La lucha silenciada: la batalla judicial de un niño superdotado que el sistema educativo no supo contener

Un niño de La Plata con Altas Capacidades Intelectuales se convirtió en el primer caso judicializado del país en busca de un marco educativo que lo contenga. Su historia, marcada por trabas burocráticas y un sistema rígido, expone la cruda realidad de cientos de niños cuyas necesidades son ignoradas.

Benjamín Equiza tiene 11 años y cursa segundo año del secundario en una institución privada de La Plata. Diagnosticado con Altas Capacidades Intelectuales, su razonamiento y poder de abstracción siempre estuvieron muy por delante de los chicos de su edad. Sus padres, María Soledad Heit y Andrés Equiza, notaron las señales desde muy temprano: a los seis meses ya hablaba y al año y medio decidió dejar los pañales. “Mi marido me cargaba diciéndome que ‘nunca tuvimos un bebé’”, recordó Soledad.

Un comienzo escolar lleno de obstáculos

El primer choque con el sistema ocurrió en sala de 3. Mientras sus compañeros aún no hablaban con fluidez, Benjamín ya leía y cuestionaba lo que escuchaba. En una ocasión, corrigió a la maestra durante la lectura de un cuento: “Seño, no le mientas a los chicos. Los lobos no hablan”. Este desfasaje entre su desarrollo intelectual y el emocional lo llevó a somatizar el estrés, sufriendo episodios de vómitos cíclicos.

El diagnóstico de Altas Capacidades llegó a través de una psicopedagoga del colegio, quien advirtió sus avanzadas habilidades matemáticas. Se estima que alrededor del 15% de la población mundial tiene Altas Capacidades, y solo un 2% superdotación. Para 2019, con el informe médico en mano, la familia solicitó que Benjamín avanzara a primer grado, pero se toparon con una pared: en la provincia de Buenos Aires los niños no pueden adelantar la cursada por su edad cronológica.

Un peregrinaje por las aulas y la justicia

Lo que siguió fue un calvario. Benjamín estuvo “unos días en sala de 4, otros en sala de 5”, según relató su madre. El colegio, sin aval de Inspección, estaba atado de manos y el Ministerio de Educación amenazaba con un sumario si desobedecían. Tras una larga espera, obtuvo el visto bueno, pero su egreso de jardín fue con niños que no conocía.

La pandemia de Covid-19 profundizó el aislamiento. En 2020, con 6 años, sus padres y profesionales determinaron que debía cursar tercer grado. Al no existir la figura de alumno libre en la provincia, rindió un examen especial de Lengua y Matemáticas, aprobó con 10 y saltó a tercero. Sin embargo, en junio de 2021, la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense no reconoció el certificado y ordenó su retroceso a segundo grado.

La familia presentó una medida cautelar y una denuncia ante el INADI por discriminación. “No aceptan a una persona que procesa la información de manera diferente”, afirmó Soledad. El caso llegó al Juzgado de Garantías N°2, a cargo del juez Federico Atencio, quien inicialmente no conocía del tema. Tras interiorizarse, falló a favor del niño, revalidó su certificado e ordenó un proyecto pedagógico personalizado.

Un proyecto de ley que duerme en un cajón

El fallo judicial de 2021 parecía un triunfo. Incluso se generaron contenidos nuevos y se propuso una capacitación docente, que nunca fue aceptada. Para institucionalizar el cambio, en 2024 el diputado Claudio Frangul (Juntos) presentó el proyecto de “Ley Benjamín”, que buscaba garantizar la educación de niños con Altas Capacidades.

El entonces director general de Cultura y Educación, Alberto Sileoni, aprobó la petición y la elevó a la Comisión de Educación. Pero el tiempo pasó. Sileoni dejó su cargo en diciembre de 2025, Frangul perdió su banca, y el proyecto quedó “cajoneado”. “Al día de hoy los chicos siguen igual que hace diez años”, sentenció Soledad Heit.

Una lucha familiar marcada por la pérdida

Mientras batallaban contra el sistema, la familia enfrentaba una dolorosa prueba personal. Andrés Equiza, padre de Benjamín y pilar fundamental en la lucha, fue diagnosticado con cáncer de esófago. Tras un tratamiento inicial exitoso, en abril de 2025 su salud se deterioró rápidamente al hacerse metástasis en el hígado.

Hospitalizado en mayo del año pasado, Andrés recibió la visita de su hijo, quien se despidió con una promesa: “Papá, ya está. Hiciste mucho. Voy a ser exitoso como te lo prometí”. Poco después, Andrés falleció. Hoy, Soledad lleva adelante la distribuidora de ferretería que construyeron juntos y mantiene viva la esperanza de que la ley que lleva el nombre de su hijo no quede en el olvido. “Andrés estuvo a la par mía, luchando”, concluyó, recordando al hombre que le enseñó a no tener empatía con un sistema que nunca la tuvo con Benjamín.

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