La Madrid bajo el agua: el dilema que enfrentan los vecinos tras la catástrofe

¿Reconstruir o abandonar? Tras la devastadora inundación en La Madrid, los vecinos enfrentan una decisión imposible entre el arraigo y el miedo a que la catástrofe se repita. Esta es la historia de un pueblo que intenta levantarse mientras cuestiona su propio futuro.

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La Madrid bajo el agua: el dilema que enfrentan los vecinos tras la catástrofe

El paisaje en La Madrid es de barro y desolación. Una semana después del temporal que inundó el sur tucumán, los habitantes se enfrentan a una pregunta desgarradora: ¿reconstruir sus vidas allí o abandonar el pueblo para siempre? La fuerza del río Marapa lo arrasó todo, dejando al descubierto una crisis que va más allá del agua.

Rita del Carmen Leguizamón intenta contener la emoción con un mate en la mano. Hace cuatro años volvió desde Buenos Aires al pueblo donde nació para abrir una casa de comidas. La inundación se llevó su emprendimiento. “Perdí todo”, relata, con la voz quebrada. Sus hijos le piden que regrese a la capital, pero una promesa a su padre fallecido la ata al lugar. “Le prometí quedarme… Tengo que pensarlo”, confiesa.

Para Rita, el problema no es solo la naturaleza. “Te dicen que va a salir el agua del río, pero que no va a ser tanto… y a la media hora vos estás tapada en agua”, denuncia, apuntando a la falta de prevención. “Tienen que hacer algo. No puede ser que esto pase una y otra vez”.

¿Un futuro predestinado a repetirse?

Carlos Alberto Lezama resume el sentimiento de arraigo con una frase contundente: “Es difícil muchas veces abandonar el pago con nuestras raíces”. Sin embargo, su mirada es crítica. Él cree que la solución no es simplemente limpiar y volver a empezar, sino reconstruir pensando en las futuras generaciones para que no sufran lo mismo.

Lezama va más allá y señala un factor ambiental clave que, a su juicio, agrava las inundaciones. “Hay mucho daño por la deforestación en los cerros y eso hace que el agua avance de todos lados”, advierte. Su pronóstico es sombrío: “Esto está predestinado a que vuelva a pasar dentro de siete o diez años. Siempre ocurre lo mismo. Es triste comenzar de cero de nuevo”.

A pesar de todo, su decisión parece tomada: se quedará. Teresa Beatriz Acevedo, de 65 años, comparte esa firmeza. “No me iría de mi pueblo”, afirma, aunque todavía no pudo ingresar a su casa para evaluar los daños totales, que presume serán catastróficos, incluyendo su emprendimiento de pollos.

La otra cara: quienes consideran irse

No todos ven el futuro con la misma determinación. Para José Ricardo Contreras, el apego al hogar que tanto costó construir choca con una cruda realidad: esta es la segunda inundación grave que sufren. “Por eso irnos es algo que estamos considerando… hacer otra cosa”, admite, reflejando una duda que recorre muchas conversaciones en el pueblo.

Mientras los vecinos sacan muebles destruidos a la vereda y las máquinas retiran sedimentos, llegan algunas noticias positivas. La Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) informó que todos los pozos de agua potable de la localidad ya volvieron a funcionar, restableciendo el servicio. La empresa desplegó equipos técnicos, camiones desobstructores y cisternas para limpiar escuelas, organismos públicos y sectores afectados, trabajos que continuarán en los próximos días.

El agua del río Marapa finalmente retrocedió, pero dejó una marca más profunda que la línea de barro en las paredes. Dejó una comunidad dividida entre el amor por su tierra y el miedo a que la historia, implacable, se repita. En La Madrid, la reconstrucción de las casas avanza lentamente, pero la respuesta a la pregunta más difícil aún está pendiente.

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