La Madrid tras la tormenta: el desgarrador regreso a casas que ya no son hogares
Más de 3000 personas pasaron cinco noches a la vera de la ruta. Ahora, el regreso a La Madrid les depara una escena desgarradora: sus casas destruidas, sin luz y sin ayuda inmediata. ¿Cómo enfrentan las familias tucumanas la monumental tarea de empezar de cero?
Tras cinco noches durmiendo a la intemperie, más de 3000 evacuados enfrentan la cruda realidad de volver a lo que el agua se llevó. El río Marapa volvió a su cauce en La Madrid, pero dejó a su paso un panorama de devastación total que mantiene a familias enteras viviendo al costado de la ruta 157, sin luz y sin esperanzas de una pronta normalidad.
Las calles de la localidad, ubicada a 150 kilómetros al sudeste de la capital tucumana, reaparecieron cubiertas de lodo y escombros. Lo que se ve ahora es un cementerio de pertenencias destruidas: colchones empapados, electrodomésticos inservibles y muebles arrastrados por la fuerza del agua conforman un paisaje desolador. Para muchos, el regreso no significa el fin de la emergencia.
“Quedamos con lo puesto”
“Seguimos en la ruta porque estamos tratando de limpiar la casa y sacar todo lo que quedó destruido. Hasta el momento estamos sin ninguna ayuda, quedamos con lo puesto”, relató con angustia Bianca Suárez, una vecina que perdió todo. Su testimonio refleja la desesperación de cientos.
La falta de energía eléctrica agrava la situación, obligando a los evacuados a turnarse para cargar sus celulares y mantener un hilo de comunicación. “Este es el quinto día que estamos sobre la ruta y sin energía eléctrica todavía”, agregó Suárez, describiendo la lucha diaria por lo más básico.

El drama es familiar. La madre de Bianca también lo perdió todo, incluyendo el techo de chapa de su vivienda. El agua se llevó hasta las hornallas de la cocina, dejándola sin la posibilidad siquiera de calentar agua. Algunas casas mostraban intentos de prevención, con elementos para colgar colchones del techo, pero ni eso fue suficiente contra la furia del Marapa.
Un éxodo forzado y una historia que se repite
La alerta llegó el martes al atardecer, cuando la policía pidió a los vecinos que evacuaran ante la inminente crecida del río. Con experiencia previa, los habitantes intentaron salvar lo que pudieron subiendo pertenencias sobre los muebles, pero el agua superó todas las previsiones.
Esta es la tercera vez en la historia reciente que La Madrid queda completamente bajo el agua, después de los episodios de 1992 y 2017. La localidad, que además fue noticia por un incidente político entre un militante y un diputado, hoy es sinónimo de pérdida y resiliencia.

Mientras tanto, las autoridades provinciales informan que el operativo de asistencia continúa con tareas de acondicionamiento urbano. Hay algunas señales de recuperación: el hospital local ya funciona con normalidad tras ser desafectado preventivamente, y la SAT aseguró que todos los pozos de agua potable están operativos nuevamente.
Sin embargo, la emergencia se extiende más allá de La Madrid. Otras localidades del sudeste tucumano, como Santa Rosa de Leales, Villa Chicligasta y Graneros, permanecen aisladas, sumando más familias a la cuenta de la desgracia.
Un rayo de esperanza aguas abajo
En Santiago del Estero, la situación comienza a dar un giro. Luego del pico de erogación desde el embalse de Termas de Río Hondo, el caudal del río Dulce empezó a bajar, permitiendo el retroceso del agua en zonas críticas de Capital y La Banda.
El cese de las lluvias en Tucumán, fuente del caudal que llega al dique, es la clave de este alivio. La municipalidad de la capital santiagueña ya permitió el ingreso al Parque Aguirre, aunque con restricciones, tras 36 horas de prohibición.
Las autoridades anticipan que la próxima etapa será aún más dura: con la baja de las aguas, los vecinos regresarán a sus hogares y enfrentarán, por fin, la verdadera dimensión de los daños. Mientras un sol pleno ilumina Santiago, en La Madrid el camino para reconstruir lo perdido recién comienza, y promete ser largo y doloroso.