La madrugada que estremeció a la Iglesia: la masacre de San Patricio que aún duele

Cinco religiosos asesinados en una parroquia de Villa Urquiza. ¿Qué pasó esa madrugada de julio de 1976? Los detalles de una masacre que conmocionó al país.

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La madrugada que estremeció a la Iglesia: la masacre de San Patricio que aún duele
La madrugada que estremeció a la Iglesia: la masacre de San Patricio que aún duele

El 4 de julio de 1976, cinco religiosos palotinos fueron asesinados en la parroquia de San Patricio, en Villa Urquiza. Un hecho que marcó a fuego la historia argentina y que hoy recordamos en detalle.

La Sociedad del Apostolado Católico, conocida como palotinos, llegó a la Argentina a fines del siglo XIX para atender a la comunidad irlandesa. En 1927, los padres Tomás Dunleavy, Tomás Phelan y Juan Santos Gaynor comenzaron a construir la capilla que, en 1958, se convertiría en el templo actual en Estomba y Echeverría.

El Concilio Vaticano II generó tensiones internas en la congregación. Mientras algunos sacerdotes impulsaban una mayor apertura social y política, otros se resistían. En San Patricio, el giro hacia lo social en los sermones provocó malestar en algunos fieles, que llegó hasta el obispo zonal, monseñor Guillermo Leaden, hermano del superior provincial.

¿Qué pasó la noche del 4 de julio?

El 2 de julio, un atentado de Montoneros contra la Superintendencia de Coordinación Federal dejó 23 muertos. La represión se intensificó. En la madrugada del 4, un grupo armado ingresó a la casa parroquial de San Patricio. Allí asesinaron a los padres Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, y a los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti. Un tercer seminarista, Rodolfo Capalozza, salvó su vida porque había perdido la llave y se fue a dormir a lo de sus padres.

Al día siguiente, el organista Rolando Savino encontró los cuerpos acribillados en el primer piso. La comunidad quedó en shock.

Un funeral que marcó un antes y un después

El velatorio se realizó a cajón abierto, pese a sugerencias de lo contrario. Miles de personas asistieron, junto a obispos encabezados por el cardenal Juan Carlos Aramburu, autoridades militares y el nuncio Pío Laghi. El padre Roberto Favre pronunció un sermón que se convirtió en un hito: “No puede haber voces discordantes en la reprobación de estos hechos. Tenemos necesidad de buscar más que nunca la justicia, la verdad y el amor para ponerlas al servicio de la paz… Hay que rogar a Dios no solo por los muertos, sino también por las innumerables desapariciones que se conocen día a día”. Luego, en la sacristía, Aramburu le dijo: “Gracias por decir lo que yo tengo miedo de decir. Hizo el bien”.

La masacre de San Patricio no fue un hecho aislado. Se inscribe en una serie de episodios violentos contra religiosos en 1976, como el secuestro de los asuncionistas Carlos Di Pietro y Raúl Rodríguez, y los asesinatos de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, junto al laico Wenceslao Pedernera. La muerte del obispo Enrique Angelelli, aunque beatificada, aún genera dudas sobre si fue un asesinato.

Hoy, a casi 50 años, la herida sigue abierta. La sociedad argentina aún busca convertir en historia aquellos años de violencia. Pero el recuerdo de los palotinos y de todos los que cayeron sigue siendo una obligación moral.

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