La madrugada que partió la historia: el anticipo del terror que nadie pudo dimensionar

La advertencia de un policía en River, un partido de fútbol que se jugó igual y la puerta de un teatro que se cerró para siempre. Los testimonios estremecedores de quienes vivieron en carne propia cómo una madrugada de marzo cambió todo y sembró un miedo que aún hoy se recuerda.

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La madrugada que partió la historia: el anticipo del terror que nadie pudo dimensionar

El 24 de marzo de 1976 no fue una sorpresa, pero su brutalidad sí lo fue. A través de testimonios íntimos de figuras como Nelson Castro, Horacio Pagani y Virginia Lago, se reconstruye cómo una advertencia en un estadio, un partido de fútbol y la puerta de un teatro cerrada marcaron el inicio de una dictadura que instaló el miedo como regla. “Se inauguró el terrorismo de Estado”, sentencia uno de los protagonistas de esa jornada.

Quienes vivieron esa madrugada coinciden en un punto incómodo: el golpe militar no los tomó completamente por sorpresa. Había señales, rumores y una tensión palpable en las calles y en las conversaciones que bajaban de volumen. Sin embargo, cuando finalmente ocurrió, el impacto fue profundo. Lo que se venía insinuando adquirió una forma definitiva y mucho más brutal de lo imaginado.

La advertencia en el Monumental

Para el periodista Nelson Castro, el pasaje entre la sospecha y la certeza quedó grabado en un momento mínimo. La noche del 23 de marzo había estado trabajando en la transmisión de un partido de fútbol en el estadio de River Plate. Al terminar, un policía se le acercó y le dijo algo que nunca olvidaría: “Le recomiendo que dentro de una hora esté en su casa, porque a partir de la medianoche cualquiera que circule por la calle será sospechoso”.

No era una orden formal, pero era el anticipo de un mundo nuevo. “Es el recuerdo que aquel día me dejó claramente premonitorio de lo que vendría”, resume Castro. Lo que vino, asegura, no se pareció a otros golpes. “El 24 de marzo de 1976 se inauguró el terrorismo de Estado”, subraya, describiéndolo como una maquinaria sistemática que convirtió “el miedo en una condición cotidiana”.

Nelson Castro tenía 20 años en marzo de 1976. (Foto: TN / Leandro Heredia)
Nelson Castro tenía 20 años en marzo de 1976. (Foto: TN / Leandro Heredia)

Un partido de fútbol bajo la sombra del golpe

En otra parte de la ciudad, el periodista Horacio Pagani mantenía una rutina que hoy parece surrealista. A pesar de que el golpe se veía venir, se reunió con colegas del diario Clarín para jugar un partido de fútbol que tenían planeado. “Nos juntamos como si no hubiese pasado nada”, cuenta. No era indiferencia, sino costumbre tras años de inestabilidad creciente.

Cuando llegaron a la cancha, las noticias sobre los movimientos militares ya circulaban. Aun así, “jugaron igual”. “Tan acostumbrados estábamos que seguimos jugando al fútbol”, relata Pagani. Pero esa aparente normalidad se desvaneció rápido. Lo que siguió fue la censura, los controles callejeros y los retenes nocturnos. “Era como tener un pie de elefante encima”, describe la opresión de esos años.

El 23 de marzo de 1976 a la noche, Horacio Pagani fue a jugar al fútbol con colegas del Diario Clarín. (Foto: TN / Leandro Heredia)
El 23 de marzo de 1976 a la noche, Horacio Pagani fue a jugar al fútbol con colegas del Diario Clarín. (Foto: TN / Leandro Heredia)

El arte en tiempos de arbitrariedad

Para el músico Alejandro Lerner, que entonces era un joven comenzando su carrera, la época se definía por la arbitrariedad. “Te podían meter preso con la excusa de la averiguación de antecedentes. Algunos desaparecían, otros volvían”, recuerda. Tener el pelo largo podía ser motivo suficiente para una detención. “No había reglas claras, no había garantías”, afirma.

Lerner y su generación encontraron en el arte una forma de resistencia y supervivencia. “Nos expresábamos como podíamos para documentar una sensación de completa inestabilidad”, explica. La dictadura marcó no solo vidas, sino también el tono de una época, atravesando canciones y gestos culturales con la tensión entre el miedo y la necesidad de decir.

Alejandro Lerner recordó la época de la dictadura. (Foto: Leandro Heredia)
“Nos expresábamos como podíamos para documentar una sensación de completa inestabilidad”, dijo Alejandro Lerner. (Foto: Leandro Heredia)

La cachetada en la puerta del teatro

Para la actriz Virginia Lago, la irrupción fue directa y personal. Recuerda con nitidez el momento en que llegó a su teatro y el encargado le dijo que no podía entrar. Sin explicaciones. “Es como una cachetada, no lo esperás”, define. A partir de ahí comenzaron cuatro años de prohibición laboral, amenazas telefónicas y miedo constante por la seguridad de su hijo pequeño.

“Era una cosa no real, de tanto dolor y tanta violencia”, describe Lago. Aun en ese contexto, el teatro se convirtió en un refugio y un acto de coraje. “Poníamos el cuerpo”, afirma, destacando cómo ese espacio se transformó en una forma de encuentro y resistencia cuando todo se desmoronaba.

Virginia Lago cuenta cómo su vida cambió el 24 de marzo de 1976. (Foto: Agustina Ribó / TN)
Virginia Lago cuenta cómo su vida cambió el 24 de marzo de 1976. (Foto: Agustina Ribó / TN)

La masacre que nadie pudo prever

El periodista Ricardo Canaletti, que entonces tenía 21 años y trabajaba en los Tribunales de Talcahuano, enfatiza la diferencia de este golpe. “Los pibes ya veníamos de situaciones como esta, y pensamos: ‘otra vez, otro golpe más’”, recuerda. Pero esa mañana, “nadie podía saber que iba a derivar en un hecho tan violento y tan sanguinario como lo que fue: una masacre”.

Canaletti define la atmósfera con una frase contundente: “La muerte estaba sentada al lado de cualquier persona”. Todos los testimonios coinciden en la importancia de transmitir esta historia a quienes no la vivieron. No como un reproche, sino como un aprendizaje esencial sobre el valor de la democracia, el respeto y la libertad.

Ricardo Canaletti sobre el 24 de marzo de 1976. (Foto: Leandro Heredia)
“Ese día, nadie podía saber que iba a derivar en… una masacre”, dice Ricardo Canaletti. (Foto: Leandro Heredia)

A medio siglo de aquel quiebre, estos testimonios dibujan un país marcado por el miedo, la incertidumbre y pequeñas resistencias cotidianas. Recordar, concluyen, no es solo un acto conmemorativo. Es, sobre todo, una forma de cuidado para sostener lo que costó tanto recuperar.

Créditos

Producción: Antonella Liborio, Paola Florio

Camarógrafos: Leandro Heredia, Agustina Ribó

Edición: Adrian Candá, Daniel Gordo

Arte Electrónico: Iván Paulucci

Idea, coordinación y edición general: Jessica Fabaro

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