La mamá que convenció a su hija de que estaba enferma y la obligó a usar silla de ruedas: el médico que destapó todo

¿Qué lleva a una madre a inventar una enfermedad y encerrar a su hija en una silla de ruedas? La increíble historia de Nina Blom y el médico que lo descubrió.

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La mamá que convenció a su hija de que estaba enferma y la obligó a usar silla de ruedas: el médico que destapó todo
La mamá que convenció a su hija de que estaba enferma y la obligó a usar silla de ruedas: el médico que destapó todo

Durante años, Nina Blom vivió convencida de que padecía una enfermedad incurable y que moriría joven. Pero no había ningún diagnóstico que lo respaldara: su propia madre le había inventado los síntomas y la había obligado a usar una silla de ruedas. El engaño se derrumbó cuando un pediatra decidió investigar su historia clínica y descubrió la verdad.

Una infancia marcada por el miedo

Nina tenía apenas ocho años cuando comenzó a sentir los primeros dolores, según le decía su mamá. La mujer la llevaba a distintos hospitales asegurando que sufría fuertes dolores de estómago y una supuesta enfermedad muscular. Cada vez que los médicos querían darle el alta, la madre insistía en que seguía mal y le ordenaba a su hija que dijera que continuaba con dolor.

“No me tomes el pelo. Estás sufriendo y vas a decírselo al médico”, le repetía su madre cuando Nina se negaba a ir a una guardia. La nena llegó a ser internada al menos 15 veces en seis hospitales diferentes, sometiéndose a estudios invasivos como una biopsia de médula ósea, pero los especialistas nunca encontraron nada.

La situación se agravó con el tiempo. La madre la obligó a usar una silla de ruedas, la sacó de la escuela y la aisló de sus amigos. Nina pasaba la mayor parte del día acostada en una cama en el living de su casa. Además, le vendaba los brazos y las piernas con fuerza para provocarle entumecimiento, y le repetía una frase que la marcó para siempre: “Te vas a morir”.

El pediatra que empezó a hacer preguntas

Todo cambió cuando Nina fue atendida por un nuevo médico, a quien ella recuerda como “el doctor Vrienten”. A diferencia de otros profesionales, él revisó su historia clínica completa y notó que ninguna de las supuestas enfermedades tenía respaldo en los estudios. También observó que la evolución de la paciente mejoraba notablemente cuando estaba lejos de su madre.

Las sospechas crecieron hasta que el pediatra decidió contactar a los servicios de protección infantil, convencido de que se trataba de un caso de síndrome de Munchausen, un trastorno en el que un cuidador inventa o provoca síntomas para simular una enfermedad en el niño.

Poco después, una mujer ingresó a la habitación de Nina y le dijo que sería trasladada a otro hospital. La adolescente creyó que la llevarían a un nuevo tratamiento y llegó a decir que “prefería morir” antes que seguir internada. Pero en realidad se trataba de un “plan de escape” coordinado con la policía.

En el nuevo centro médico, los profesionales le retiraron los vendajes que llevaba desde hacía años y colocaron una cámara en su habitación para observar las visitas familiares. Las grabaciones terminaron confirmando todo: su madre olvidó que estaba siendo filmada y quedó registrada la forma en que presionaba a Nina para sostener la falsa enfermedad. Fue entonces cuando la joven pudo decir por primera vez: “No estoy enferma”.

La vida después del horror

Tras ser separada de sus padres, Nina comenzó un largo proceso de recuperación física y psicológica. Aprendió a caminar nuevamente, hizo terapia y decidió cortar todo vínculo con su familia. Se mudó a otra ciudad con una nueva identidad, estudió arte, consiguió trabajo y construyó una vida lejos de quienes la habían sometido durante años.

Sus padres nunca reconocieron lo que hicieron y jamás fueron juzgados por el caso. Incluso, según contó Nina, llegaron a contratar a un investigador privado para intentar encontrarla después de que ella desapareciera de sus vidas.

Hoy, Nina decidió contar su historia públicamente en una entrevista con la BBC para visibilizar esta forma de abuso infantil poco conocida. “Lo que mis padres me hicieron fue un crimen. Apenas sobreviví”, aseguró.

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