La médica que pide frenar las etiquetas: "No todo es autismo"
La especialista en neurodesarrollo Florencia Sanabria acaba de publicar dos libros en los que advierte que muchos chicos reciben etiquetas apresuradas. Su propuesta: mirar más allá de la conducta antes de diagnosticar.
La doctora Florencia María Sanabria, pediatra, psiquiatra infantil y especialista en neurodesarrollo, acaba de publicar dos libros con Grupo Planeta en los que cuestiona la tendencia a diagnosticar autismo de forma apresurada. En diálogo con este medio, advierte que muchas conductas infantiles se convierten en etiquetas sin pasar por una evaluación integral, y propone "mirar más allá" antes de cerrar un diagnóstico.
El riesgo de etiquetar sin investigar
Sanabria sostiene que cada vez son más frecuentes los casos de niños que llegan al consultorio con un diagnóstico de autismo basado solo en la observación de una conducta aislada. "Cuando planteo 'No todo es autismo', hay una pregunta que acompañó durante años mi práctica clínica: ¿qué pasa cuando un niño recibe un diagnóstico y dejamos de investigar?", explica.
En su libro "No todo es autismo: 100 razones para mirar más allá" reúne más de 300 casos clínicos en los que, asegura, se había dejado de investigar y solo se miraba la conducta. "En todos esos casos se había dejado de investigar, solo se miraba la conducta", sostiene.
Para la especialista, el problema no está en prestar atención a una conducta, sino en convertirla rápidamente en una explicación definitiva. Propone volver a una evaluación integral que incluya los antecedentes del nacimiento, enfermedades previas, alimentación, descanso, desarrollo neurológico y contexto familiar y escolar.
El contexto de crianza cambió
Sanabria también pone el foco en cómo cambió la infancia: los chicos pasan muchas horas en la escuela, tienen agendas cargadas de actividades y están sometidos desde temprano a una demanda constante por alcanzar objetivos. "El contexto de crianza cambió muchísimo", señala.
Inglés, deportes, idiomas, terapias y otras propuestas se acumulan sobre niños que todavía están construyendo herramientas para manejar emociones, cansancio y frustración. Para ella, ese contexto debería formar parte de cualquier evaluación, junto con cuestiones básicas como el sueño, la alimentación o la respiración.
"Creo que hoy tenemos la obligación de buscar un poquito más allá y no solamente etiquetar y hacer un sobrediagnóstico en el que todo es autismo. Hay que ver qué le está pasando realmente a ese niño", afirma.
Burnout infantil y exigencia
En su segundo libro, "Niños bajo presión: El estrés infantil disfrazado de trastorno", Sanabria habla de burnout infantil para describir situaciones de agotamiento por una infancia cada vez más exigida. La jornada no termina cuando suena el timbre: después vienen inglés, tenis, otras actividades y, en algunos casos, tratamientos y terapias.
Cuenta que en su consultorio ve chicos que llegan agotados y que algunos mejoraron al reducir actividades y recuperar tiempo de descanso y juego. "Frenás todas esas actividades y el trastorno desaparece", sostiene. Según su experiencia, algunos pudieron recibir el alta después de bajar el nivel de exigencia.
La situación se vuelve más delicada cuando esa lógica alcanza edades muy tempranas. Sanabria advierte sobre la presencia de medicación psiquiátrica en niños de 2 o 3 años y plantea la necesidad de revisar con especial cuidado las intervenciones en los primeros años de vida.
El tiempo que falta
Detrás de muchas situaciones aparece el tiempo: padres que trabajan muchas horas, jornadas escolares extendidas y una vida cotidiana en la que cuesta encontrar momentos para acompañar a los chicos sin apuro. "Tenemos jornadas escolares extendidas y niños que, en muchos casos, tienen que comportarse como pequeños adultos. Y después nadie los acompaña como necesitan", dice.
El juego es una de las pérdidas que más le preocupan. Recuerda una infancia de bicicletas, recorridas por el barrio y tardes en la calle. "Hoy los niños viven mucho más encerrados. Si no es el padre quien los saca a andar en bicicleta, muchas veces no salen. Yo creo que lo dejamos de hacer, principalmente, por falta de tiempo", reflexiona.
Alimentación y redes sociales
La alimentación ocupa otro lugar central. Sanabria trabaja en un tercer libro, previsto para fin de año, sobre el eje intestino-cerebro y la importancia de la alimentación en el neurodesarrollo infantil. Advierte que las dietas infantiles están atravesadas por tendencias de redes sociales, con alimentos convertidos en recetas universales y suplementos pensados para adultos.
"En el consultorio veo que los niños desayunan palta y huevo, cuando tienen una necesidad de disponibilidad energética que incluye los carbohidratos y se les están haciendo dietas de adultos", advierte. Propone recuperar una alimentación variada y menos sometida a las modas.
También alerta sobre consejos que circulan en redes y que pueden convertirse en tratamientos sin evidencia. Entre los ejemplos que menciona, hay niños sometidos a enemas con agua y sal como supuesto tratamiento para el autismo, y casos en los que se administran jugos de ortiga, orégano o perejil. "¿De dónde sacaron esa receta? ¿Para qué sirve?", se pregunta.
Para Sanabria, una señal no debería ser el punto final de una evaluación, sino el comienzo de una pregunta. "Mirar cuánto duerme un niño, qué come, cuánto juega, cómo respira, qué escucha, qué ve", resume. En tiempos de respuestas rápidas, propone lo contrario: detenerse, mirar e investigar.