La meta oculta de Milei: 90 leyes en un año y el escollo que nadie vio venir
El Gobierno planea una ofensiva legislativa histórica con casi un centenar de leyes, pero un imprevisto escándalo interno amenaza con descarrilar toda la estrategia. ¿Podrá el oficialismo superar la tormenta y mantener el rumbo hacia 2027?
El Gobierno nacional busca retomar con fuerza la agenda legislativa con un objetivo claro: aprobar alrededor de 90 leyes antes de que termine el año. Este ambicioso plan tiene una finalidad política de fondo: sentar las bases para una eventual candidatura a la reelección del presidente Javier Milei en las elecciones nacionales de 2027.
El oficialismo quiere capitalizar el clima favorable que encontró en el Congreso durante las sesiones extraordinarias, entre diciembre y febrero. En ese período, el Parlamento le dio varias victorias clave, como la aprobación del Presupuesto, la reforma laboral, la ley de inocencia fiscal, el régimen penal juvenil y el acuerdo Unión Europea-Mercosur.
Estos logros fueron impensados tras la derrota electoral de septiembre en la provincia de Buenos Aires, pero antecedieron a la contundente victoria oficialista en las legislativas nacionales de octubre. Ahora, el Gobierno pretende aprovechar los votos que le prestan algunos gobernadores y aliados para impulsar una agenda aún más extensa.
¿Qué leyes están en la mira?
La lista de proyectos prioritarios es concreta. Se encuentra la ley de Glaciares, que ya tiene media sanción del Senado pero está trabada en la Cámara de Diputados. También está un nuevo esquema de financiamiento universitario, que busca modificar la legislación actual que la oposición, junto con algunos aliados, logró imponer a pesar de los intentos presidenciales por vetarla.
Pero la agenda no termina ahí. Aparecen reformas pendientes de los códigos Penal, Civil y Comercial. Y uno de los grandes desafíos será impulsar cambios en el régimen electoral, que incluyen la eliminación de las PASO, la modificación de la boleta única de papel y una reforma al financiamiento de los partidos políticos.
Para llevar adelante esta misión legislativa, el presidente Milei le encomendó la tarea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Su rol era convocar y coordinar la mesa política del oficialismo en las próximas horas para diagramar la estrategia.
La tormenta que frenó los planes
Sin embargo, esta estrategia se vio abruptamente interrumpida. Adorni quedó atrapado en una fuerte tormenta política tras conocerse que viajó a Nueva York con su esposa, Bettina Angeletti, en el avión presidencial, y que luego tomó un vuelo privado a Punta del Este junto al periodista de la TV Pública, Marcelo Grandio.
La situación se complicó por las explicaciones que dio el propio jefe de Gabinete. Adorni justificó el viaje conyugal argumentando que “vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que mi mujer me acompañe”. El uso del verbo “deslomar” desató una catarata de memes en las redes sociales y críticas furibundas de la oposición, que exigió explicaciones.
El episodio fue particularmente sensible porque el propio Adorni había sido el encargado de ejecutar una orden del presidente Milei para reducir las comitivas oficiales en viajes al exterior. No obstante, el viaje de su esposa contaba con la autorización expresa del mandatario, quien personalmente aprueba a todos los pasajeros del avión presidencial.
Ante la polémica, Milei ordenó a su gabinete cerrar filas en defensa de Adorni. Su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, marcó la línea al responsabilizar de lo ocurrido a la “basura mediática”.
Paradójicamente, dentro de los medios hubo fuertes críticas hacia Adorni provenientes de periodistas con buena llegada a la Casa Rosada. El propio Milei sospecha que hubo “fuego amigo” y que usinas internas del Gobierno avivaron la situación en su contra.
El objetivo oficialista ahora es dar vuelta la página lo antes posible. Sin embargo, la oposición planea mantener el tema vigente al menos hasta que Adorni se presente a dar su informe mensual ante el Senado, previsto para abril. Desde el oficialismo están tratando de postergar esa exposición.
La otra preocupación: la inflación que no cede
Mientras se intenta superar la crisis política, el Gobierno enfrenta otro frente económico complejo. El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a dar explicaciones sobre la dificultad para bajar la inflación a los niveles deseados por el presidente Milei.
Desde julio del año pasado, el índice de precios no cede, con nueve meses consecutivos de incrementos: junio (1,6%), julio (1,9%), agosto (1,9%), septiembre (2,1%), octubre (2,3%), noviembre (2,6%), diciembre (2,8%), enero (2,9%) y febrero (2,9%).
Milei había prometido una inflación cero para agosto, pero el propio Caputo moderó esas expectativas. En una entrevista con Eleonora Cole en TN, el ministro admitió: “si no es en agosto, será en septiembre u octubre”, y reconoció que el tema les preocupa y ocupa.
Esta persistencia inflacionaria está directamente ligada al aumento de precios –en muchos casos por encima del costo de vida–, a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la caída en las ventas y el cierre de empresas y comercios.
El contraste es llamativo. Cada vez que Milei viaja al exterior, especialmente a Estados Unidos donde refuerza su alineamiento con Donald Trump, recibe elogios por la gestión de su Gobierno de parte de empresarios y referentes financieros, junto con promesas de inversiones. Analistas sugieren que detrás de la demora en la concreción de esas inversiones podría esconderse cierta desconfianza sobre el rumbo argentino en el corto y mediano plazo.