La miel patagónica que conquistó Japón: la odisea de una familia de General Roca para exportar al mercado más exigente

¿Cómo hizo una empresa familiar de General Roca para vender miel orgánica en Japón? La historia de una exportación que parecía imposible y los detalles que nadie contó.

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La miel patagónica que conquistó Japón: la odisea de una familia de General Roca para exportar al mercado más exigente
La miel patagónica que conquistó Japón: la odisea de una familia de General Roca para exportar al mercado más exigente

Un pallet de miel orgánica de la Patagonia llegó al puerto de Osaka, Japón, tras años de gestiones. Detrás de ese envío hay una historia de perseverancia familiar que arrancó con 32 colmenas en 1985 y hoy toca el otro extremo del planeta.

Carlos Levín, titular del Establecimiento Apícola Miel Río Negro, recuerda el momento exacto en que la operación se concretó: un correo electrónico del 18 de diciembre. “Ahí terminó el sueño de salir de vacaciones y empezó otra aventura”, confesó el empresario.

Un camino que empezó en 2022

La historia no comenzó con el pedido de compra, sino varios años antes. En 2022, la empresa participó en una videoconferencia organizada por la Embajada Argentina en Tokio, destinada a empresarios japoneses interesados en importar miel argentina.

Esa presentación fue posible gracias al trabajo en la Cámara Argentina de Fraccionadores de Miel, que Levín preside, y a una comisión mixta con la Cancillería. El licenciado Gonzalo Ávila fue clave: “Él hizo el contacto y seguimiento hasta la llegada de la miel a Japón”, contó Levín.

El interés inicial no se tradujo en una venta inmediata. Pasaron casi tres años hasta que llegó la confirmación. “La exportación es una palabra larga. Implica tiempo, trabajo, esfuerzo, dedicación y transparencia”, explicó.

Preparar todo desde cero

Exportar implicó reorganizar absolutamente todo. Hubo que diseñar cajas especiales, conseguir pallets certificados, adaptar la logística y cumplir con exigencias sanitarias. Las cajas se fabricaron en Bahía Blanca y los pallets se adquirieron en el Parque Industrial de General Roca.

El certificado sanitario se tramitó mediante el Instituto Nacional de Alimentos y se emitió en apenas 72 horas, con el acompañamiento de la certificadora Food Safety S.A., a través de la médica veterinaria Susana Gerlero y el ingeniero agrónomo Javier Córdoba.

La carga partió desde General Roca hacia Neuquén, siguió a Mendoza, cruzó la cordillera hacia Chile y salió por barco rumbo a Asia. La travesía sufrió demoras por reprogramación de rutas marítimas, pero el producto llegó a Osaka el 1 de junio de este año.

Más que vender miel

Japón no fue un destino elegido al azar. Es un país con fuerte cultura de consumo de miel y gran valoración por los alimentos naturales. “Ellos compraron el paquete completo: una miel orgánica certificada y el valor que representa la Patagonia”, sostuvo Levín.

La marca “Miel Orgánica de la Patagonia” fue un diferencial decisivo. El consumidor japonés asocia la Patagonia con naturaleza y pureza. “No quiero competir con productos de batalla. Quiero competir donde podamos diferenciarnos”, afirmó.

La estrategia permitió ingresar a comercios especializados con espacios destacados. “Acá muchas veces hay que pelear para conseguir que pongan dos frascos en una góndola. Allá encontré cuarenta frascos exhibidos de frente con un cartel exclusivo”, destacó.

La apuesta por la calidad

La miel enviada a Japón proviene de apiarios en Aluminé, Neuquén, donde trabajan desde hace más de tres décadas los productores Gustavo Sangiugliani y Sebastián Wouterlood. Levín es el encargado del procesamiento, envasado y despacho.

En todo esto, “hay dos protagonistas fundamentales: las abejas y los apicultores”. La miel es orgánica certificada y supera análisis físicos, químicos y microbiológicos para garantizar ausencia de residuos de agroquímicos.

La empresa también comercializa miel cremosa, elaborada completamente en frío. “No está hecha con inteligencia artificial ni en una fábrica. La produce la mayor fábrica natural que existe: la colmena”, señaló.

Innovar para seguir creciendo

Esta primera operación es solo el comienzo. Los compradores japoneses ya pidieron nuevas muestras y mostraron interés en una miel monofloral desarrollada especialmente para ese mercado. “Si el primer pedido fue un pallet, el siguiente puede ser un contenedor. Ahí cambia toda la ecuación”, dijo con entusiasmo.

Levín proyecta una línea de miel vinculada al tango, otra pasión japonesa. Cada etiqueta incorpora un código QR que cuenta la historia del producto y reproduce “Adiós Pampa Mía”. “Cuando uno entiende la cultura del cliente empieza a vender mucho más que un alimento”, sostiene.

32 colmenas que marcaron su historia

Levín tenía 13 años cuando empezó a trabajar con su padre. En 1985 llegó al Alto Valle con apenas 32 colmenas y una idea fija: construir una empresa capaz de agregar valor a la producción regional. Más de cuatro décadas después, esa marca llegó al otro extremo del planeta.

Para el empresario, la mayor satisfacción es demostrar que desde General Roca es posible competir con productos de excelencia. “Esto es una puerta abierta, ahora hay que seguir agrandándola”, finalizó. Y agregó: “Mis viejos deben estar aplaudiendo hace rato. Ellos también llegaron a Japón conmigo”.

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