La mora de las familias bajó de golpe: los bancos no cobraron más, hicieron otra cosa
Economía

La mora de las familias bajó de golpe: los bancos no cobraron más, hicieron otra cosa

La mora de las familias cayó al 12,2% en septiembre y parecía un respiro. El detalle que explica el descenso: el volumen de deuda refinanciada trepó a 2,9 billones de pesos, un récord que cambia por completo la lectura del dato.

La morosidad de los créditos al sector privado bajó en septiembre después de varios meses de deterioro, según el último procesamiento de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU) que hizo la consultora 1816. El número invita a festejar: la irregularidad del crédito al sector privado no financiero quedó en 7,5 por ciento, por debajo del 7,75 por ciento de agosto. Pero detrás de esa mejora hay una explicación que poco tiene que ver con una recuperación real de las familias.

El informe sostiene que los hogares, sin margen para seguir endeudándose, acudieron masivamente a los bancos a refinanciar sus saldos para mantener vivo el instrumento del crédito. Es decir: la deuda no desapareció, se reacomodó. Y eso alcanzó para que una parte de los atrasos dejara de figurar como mora formal.

El número que bajó y el que subió

La mejora se concentró en un solo segmento. Los préstamos a las familias pasaron de una morosidad del 12,81 por ciento al 12,2 por ciento. En el financiamiento a las empresas, en cambio, el indicador volvió a subir: de 3,8 a 3,82 por ciento.

La diferencia entre ambos mundos tiene que ver con la capacidad de negociación. En los hogares, la refinanciación permite reordenar vencimientos y volver a contabilizar como vigente una deuda que estaba atrasada, lo que reduce el saldo registrado como moroso. En las empresas, los montos involucrados, las condiciones crediticias y la necesidad de generar ingresos para afrontar los compromisos vuelven las conversaciones con los bancos bastante más complejas.

Refinanciar: récord en los dos frentes

El trabajo de 1816 marca que las refinanciaciones de los hogares alcanzaron un nuevo máximo en septiembre: ya representan el 3,9 por ciento del crédito total a las familias y acumulan un volumen estimado de 2,9 billones de pesos.

En las empresas, las deudas refinanciadas equivalen al 0,9 por ciento del crédito total. Es una proporción menor, pero también marcó un récord. La diferencia es que en el segmento corporativo ese esfuerzo no alcanzó para frenar el aumento de la mora.

Por eso la caída de septiembre debe leerse junto con la evolución de los saldos refinanciados y no como un indicador aislado de recuperación. Cambiar las condiciones de pago puede evitar que una obligación entre en situación irregular, pero no significa que el deudor haya mejorado sus ingresos ni que pueda afrontar sin sobresaltos el nuevo cronograma de vencimientos.

Cómo se mide la mora (y por qué puede bajar sin que nadie esté mejor)

El indicador se calcula como la proporción de préstamos considerados irregulares sobre el conjunto de las financiaciones. Puede disminuir por dos caminos: porque se reduce el saldo impago o porque parte de las obligaciones deja de computarse como irregular después de una refinanciación.

En septiembre, según 1816, el saldo en mora de los préstamos a las familias cayó 4,1 por ciento real respecto del mes anterior. Esa reducción fue determinante para explicar la mejora del indicador, dado que el stock total de crédito a los hogares permaneció relativamente estancado.

La consultora también señaló que la morosidad descendió en las 12 principales entidades financieras que concentran los préstamos a las familias. El movimiento no se limitó a un banco en particular: se extendió al conjunto de las principales entidades del sistema. Aun así, la disminución del saldo irregular convive con una expansión de los mecanismos de refinanciación.

El alivio contable que no resuelve el problema de fondo

El aumento de las deudas reestructuradas muestra que una parte de los hogares necesita modificar las condiciones originales de sus compromisos para sostener los pagos o evitar que los atrasos se profundicen. La mejora estadística puede representar un alivio para el registro de los bancos sin que implique una solución definitiva para las personas endeudadas.

Cuando los ingresos disponibles pierden terreno frente a los gastos y los vencimientos, la refinanciación funciona como una herramienta para evitar el incumplimiento inmediato, pero también puede prolongar el endeudamiento y trasladar parte de la presión financiera hacia los meses siguientes.

Los datos disponibles no permiten establecer qué proporción de las refinanciaciones responde a cada motivo ni cuántos hogares lograrán cumplir con las nuevas condiciones. Sí muestran que el volumen de obligaciones reestructuradas sigue creciendo y que la baja de la mora se produce al mismo tiempo que los hogares recurren cada vez más a esa alternativa.

La dinámica obliga a distinguir entre una reducción de los atrasos registrados y una recuperación real de la solvencia de las familias. Para evaluar esta última habría que mirar, entre otros factores, la evolución de los ingresos reales, el costo de los nuevos créditos, la duración de los planes de pago y la capacidad de los deudores para cumplir con las cuotas sin volver a acumular atrasos.

La comparación que dimensiona el problema

En octubre de 2024, la irregularidad agregada de los préstamos al sector privado no financiero era del 1,5 por ciento, frente al 7,5 por ciento que 1816 estimó para septiembre de 2026. En aquel momento, la mora de las familias se ubicaba en el 2,5 por ciento y la de las empresas, en el 0,7 por ciento.

La diferencia muestra que, incluso después de la reducción mensual, el nivel de incumplimiento permanece muy por encima del registrado dos años atrás. La caída de septiembre es una mejora respecto de agosto, pero no revierte el salto acumulado ni permite anticipar que la tendencia vaya a consolidarse en los próximos meses.

El indicador de los hogares se mantiene en 12,2 por ciento. En términos prácticos, al menos uno de cada diez pesos de crédito a las familias está en situación irregular, de acuerdo con la metodología utilizada para calcular el ratio. La proporción sigue siendo elevada pese al descenso mensual y refleja la mayor exposición de los consumidores a las dificultades de pago.

La señal que mira la consultora

El informe también identificó un dato favorable en los créditos con atrasos de hasta 90 días, clasificados como Situación 2 y que todavía no integran el indicador de morosidad. En septiembre, la participación de esas obligaciones sobre el crédito total, considerando juntas a familias y empresas, descendió al 2,52 por ciento, su nivel más bajo en más de un año.

1816 advirtió que, en otros períodos, los picos de deuda en esa categoría anticiparon posteriores aumentos de la morosidad. La reducción puede leerse como una señal de menor acumulación de atrasos recientes, aunque hay que analizarla junto con las refinanciaciones y la evolución del crédito total para saber si anticipa una mejora sostenida.

Empresas: la mora que no cede

Mientras la mora de las familias retrocedió, la irregularidad de los créditos empresariales volvió a subir, de 3,8 a 3,82 por ciento. El incremento mensual es acotado, pero prolonga una trayectoria distinta a la de los hogares y confirma que la mejora del indicador agregado no alcanza a todos los segmentos del financiamiento privado.

La morosidad empresarial es considerablemente menor que la de las familias, aunque eso no implica que las compañías enfrenten menos dificultades en términos absolutos ni que su situación financiera sea más holgada. Las diferencias en el volumen de los préstamos, la estructura de los pasivos y las condiciones de acceso al financiamiento hacen que los porcentajes no sean directamente comparables.

Para las empresas, una refinanciación puede exigir negociaciones con montos mayores, garantías, plazos de repago y evaluaciones más complejas sobre la capacidad de generar ingresos. Cuando el deterioro de la actividad o las dificultades para sostener las ventas reducen los recursos disponibles, acordar nuevas condiciones con los bancos no siempre alcanza para evitar el incumplimiento.

En los hogares, la refinanciación también tiene costos y límites, pero permite que una obligación vuelva a contabilizarse como vigente sin que se modifique sustancialmente el saldo total adeudado. En el segmento corporativo, la persistencia del aumento de la mora indica que las reestructuraciones no fueron suficientes para detener el deterioro durante septiembre.

La proporción de deuda refinanciada sobre el total del crédito empresarial llegó al 0,9 por ciento, también un nuevo máximo según los cálculos de 1816. Las compañías recurren a mecanismos para reorganizar sus obligaciones, aunque en una magnitud menor que las familias. La suba simultánea de la mora sugiere que, al menos durante ese mes, esas operaciones no alcanzaron para compensar el incremento de los saldos irregulares.

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