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viernes, mayo 29, 2020

La muerte de Inés Zorreguieta: el triste final de la gran protegida de la reina Máxima de Holanda

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En la madrugada se conoció la noticia de la muerte de Inés Zorreguieta. La menor de los siete hijos de Jorge Zorreguieta, la protegida de la reina Máxima de Holanda , la mujer que despertó siempre la curiosidad de la prensa internacional por su perfil bajo y las noticias sobre su delicada salud. Inesita, tal como la llamaban en su entorno, nació en 1985, cuando la familia había dejado atrás el paso de Jorge Coqui Zorreguieta como Secretario de Agricultura y Ganadería de la dictadura militar y mantenía una vida entre los mejores colegios y clubes, y una solapada austeridad.

Su papá se desempeñaba como despachante de aduanas y María del Carmen Cerruti, su mamá, era ama de casa. Pese a haber gozado de algunos privilegios económicos, cuando Inesita llegó al mundo, los Zorreguieta no pensaron en mudarse a un hogar más grande: los cuatro hijos que tuvieron en común los padres de Máxima -Jorge tenía tres hijas de una relación anterior- crecieron en el departamento de 120 metros de la calle Uriburu entre Arenales y Juncal, en Barrio Norte, donde todavía vive María del Carmen, María Pame, como la llaman en la familia.

Cuando en marzo de 1999 su hermana Máxima conoció al príncipe heredero de la corona holandesa, Inesita tenía 14 años. Fue testigo y cómplice del romance desde sus inicios. La presentación oficial del novio a la familia Zorreguieta tuvo lugar en Bariloche, donde tenían su casa y pasaban todos los veranos e inviernos. Guillermo Alejandro de Holanda viajó hasta allí, hizo buenas migas con sus cuñados, pero durmió en una habitación separada de la de su prometida: Máxima compartía cuarto con Inesita, eran las niñas de la casa.

La hermanita menor fue una figura clave para Máxima en los días previos a la boda real, evento que sin dudas puso los nervios de punta a todos los Zorreguieta: sus padres no podrían asistir dado el rechazo del Parlamento holandés a la presencia de quien fuera miembro de la dictadura militar argentina, y solo sus hermanos, tías y amigas íntimas estuvieron en Europa para contenerla. Inés tenía 16 años, estaba por empezar quinto año del colegio cuando viajó a apoyar en todo a su hermana. Y fue en esa exposición ante el mundo en la que quedó en evidencia la devoción de Máxima por su hermanita.

La sostiene Martín, a su derecha, su papá Jorge, a su izquierda Máxima con su hermano Juan en brazosLibro Máxima, una historia real
La sostiene Martín, a su derecha, su papá Jorge, a su izquierda Máxima con su hermano Juan en brazos Libro Máxima, una historia real Fuente: AP – Crédito: Archivo

Según relata el libro Máxima, una historia real, biografía no autorizada de la reina de Gonzalo Alvarez Guerrero y Soledad Ferrari, “entre tantas expectativas, previsiones y visitas, la futura princesa le dedicó mucha atención a Inesita, su protegida, que en plena crisis de identidad lidiaba con unos kilos de más, una profunda timidez y una muy reciente pelea con su madre. Llegó a Holanda con un estudiado look dark que horrorizaba a María Pame y preocupó a algunos consejeros de la corona. Máxima, amable y tajante, advirtió que no se metieran con ella”.

Así fue que en el día de la boda, Máxima contó con su hermana menor en el crucial momento de salir rumbo a la Nieuwe Kerk, la iglesia donde daría el sí quiero. Inesita cumplió con su rol, incondicional, pese a la enorme atención que estaba recibiendo con todos los ojos puestos en su familia, y ofició de testigo del novio.

Meses después y ya con su hermana convertida en princesa, un nuevo gesto puso en evidencia la íntima relación que las unía: Máxima viajó especialmente para estar presente el día en que Inés egresaba del colegio. Por esos días, la joven estaba exultante. Había sido elegida Miss Simpatía por sus compañeros del Colegio Palermo Chico. El 28 de noviembre de 2002 decía adiós a su etapa como estudiante de secundario.

Mientras despuntaba el vicio estudiando canto y guitarra, sus pasiones, comenzó a cursar Psicología en la Universidad de Palermo, donde se recibió en 2010. Para este acontecimiento también contó con una visita fugaz de su mundialmente conocida hermana mayor. Aunque la reina siempre quiso convencerla para mudarse con ella a Amsterdam, Inés declinó la oferta para buscar su propio camino. Al cabo de unos meses comenzó a trabajar como analista de investigación de las Naciones Unidas en Panamá.

En 2012, fue noticia por una internación en una clínica de la Ciudad de Buenos Aires, según trascendió en ese momento, por problemas de depresión y alimentación. Pero el hermetismo en la familia de la reina es total. No hay partes médicos oficiales que acrediten los motivos de esa internación y otra que se repitió al año siguiente. Mientras en su círculo se hablaba de una prolongada lucha contra la anorexia, las versiones oficiales no existen. Sin embargo, la preocupación de Máxima se manifestó en los frecuentes viajes que realizó en los últimos años al país, no solo para ver a su padre enfermo hasta su fallecimiento ocurrido el año pasado, sino para estar cerca de su hermana.

Entre 2014 y 2015, Inés volvió a retomar su trabajo en asuntos sociales: se sumó al equipo de la ministra Carolina Stanley en Ciudad en el rediseño y la implementación de diversos programas de inclusión social. Cercana a la ministra, que en su entorno la definió como una valiosa colaboradora, fue nombrada como Directora de despacho y Mesa de Entradas del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales de la Presidencia de la Nación . Así se comunicó el 10 de febrero del 2016 en el Boletín Oficial.

La noticia causó polémica porque generó cuestionamientos acerca de su mérito para acceder a un cargo como ese y porque se dio a conocer cuánto cobraría: tal como publicó el diario Perfil, recibiría un sueldo bruto de 45644 pesos. El decreto aclaraba que el nombramiento se realizaba “con autorización excepcional por no reunir los requisitos mínimos establecidos en el artículo 14 del Sistema Nacional de Empleo Público”: para acceder a una “remuneración equivalente a Nivel B – Grado 0”, como la del puesto de Zorreguieta, se exige un título universitario de grado correspondiente a una carrera de duración no inferior a cuatro años; experiencia laboral en la especialidad atinente a dicha función o puesto acreditada por un término no inferior a los tres años después de la titulación; especialización en los campos profesionales correspondientes a la función o puesto a desarrollar; y experiencia laboral acreditada en dirección de equipos de trabajo por un término no inferior a dos años, cuando comporte ejercicio de funciones ejecutivas o de jefatura. Aunque contaba con un título universitario y algunos años de experiencia laboral, a sus 31 no resultó suficiente para quedar eximida de las críticas que, como todo lo vinculado a su famosa hermana, trascendió las fronteras.

Una de sus últimas apariciones públicas fue en octubre del 2016, durante la visita que Máxima hizo al país, y a la universidad de la que es egresada, la UCA, donde disertó sobre su especialidad, los microcréditos, con el por entonces ministro de Finanzas Alfonso Prat Gay. Allí estuvo sentada Inés, en primera fila al lado de su mamá, María Pame, vestida de azul, con el pelo muy corto y aplaudiendo feliz a su hermana. Eso sí, el protocolo en ese momento solo le permitió un saludo formal. Ya la vería a solas puertas adentro.

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