La nave que desafía al infierno: el secreto de la cápsula que llevará humanos a la Luna
¿Cómo es posible que cuatro personas vivan tres semanas en un espacio más pequeño que un baño? Todos los detalles de la nave Orion, la cápsula que enfrentará 2.760 grados de calor para llevar astronautas a la Luna.
La NASA se prepara para un hito histórico. El próximo miércoles 1 de abril, el cohete SLS despegará con la misión Artemis II, cuyo objetivo es llevar a cuatro astronautas a orbitar la Luna. Lo que pocos imaginan son las condiciones extremas que deberá soportar la nave Orion y el increíblemente reducido espacio donde la tripulación vivirá durante 21 días.
Este viaje marca el regreso de la humanidad a la órbita lunar después de más de 50 años, un paso crucial para los planes de establecer una base permanente en nuestro satélite. La misión no tripulada Artemis I ya probó la ruta, pero ahora todo depende de que los sistemas de la nave funcionen a la perfección con personas a bordo.
¿Cómo es la “casa” de los astronautas?
El corazón de la misión es el módulo de tripulación de Orion, una cápsula construida por Lockheed Martin. Sus dimensiones son un desafío en sí mismas: mide 3,35 metros de alto y 5 metros de diámetro.
Lo más impactante es su espacio habitable. Los cuatro miembros de la tripulación compartirán apenas 9,34 metros cúbicos durante las más de tres semanas de travesía. Para tener una idea, es un volumen menor al de un baño estándar en un departamento.
En ese entorno claustrofóbico, la ingeniería hace milagros. La cápsula está equipada con un dispensador de agua potable y un inodoro compacto especialmente diseñado para funcionar en microgravedad. Para mantener la condición física, los astronautas cuentan con un dispositivo de ejercicio.
Los asientos son ajustables y están pensados para adaptarse al 99% de la población humana. Además, la nave tiene su propio sistema de soporte vital que filtra el dióxido de carbono y regula la temperatura y la presión del aire.
Los trajes de los astronautas se conectan a este sistema. En el caso improbable de una despresurización, podrían mantener con vida a la tripulación hasta seis días, el tiempo estimado necesario para un retorno de emergencia a la Tierra.
La prueba de fuego: el retorno a casa
Si el viaje de ida es complejo, el regreso es donde la tecnología se pone a prueba máxima. Al reingresar en la atmósfera terrestre, la cápsula Orion alcanzará una velocidad de aproximadamente 40.000 kilómetros por hora.
Esta velocidad genera un calor infernal. La base de la nave deberá soportar temperaturas de casi 2.760 grados Celsius, lo que equivale a la mitad de la temperatura que hay en la superficie del Sol.
Para proteger a la tripulación, la NASA instaló el escudo térmico ablativo más grande jamás construido. Con un diámetro de 5 metros, está fabricado con un material llamado Avcoat, una versión actualizada del mismo que se usó en las misiones Apolo.
Este escudo funciona consumiéndose de manera controlada, llevándose el calor extremo consigo y protegiendo el interior. Una vez que la atmósfera frena la nave, un sistema de 11 paracaídas se despliega en una secuencia precisa para suavizar el amerizaje en el Océano Pacífico.
La usina espacial y los módulos descartables
Orion no es solo la cápsula. Es un sistema integrado de cuatro módulos. Justo debajo del habitáculo de la tripulación va el Módulo de Servicio Europeo, construido por Airbus para la Agencia Espacial Europea (ESA).
Este módulo es la verdadera usina de la nave. Proporciona propulsión, electricidad y almacena todos los consumibles vitales: agua, oxígeno y nitrógeno. Su sistema genera 11 kilovatios de potencia, suficiente energía para abastecer dos viviendas.
Para moverse en el espacio, cuenta con un conjunto de 33 motores de distintos tamaños. El motor principal ejecuta las maniobras críticas, como insertarse en órbita lunar, mientras otros controlan la orientación y actúan como respaldo.
En la punta de toda la estructura viaja el sistema de aborto de lanzamiento, una torre de más de 15 metros cuyo único propósito es salvar vidas. Si algo sale mal durante el despegue, sus motores pueden arrancar el módulo de tripulación lejos del cohete en fracciones de segundo.
En el extremo opuesto, un adaptador es la pieza que une a Orion con el masivo cohete SLS. Tanto el sistema de aborto como este adaptador cumplen su función y luego son descartados durante el ascenso, sin regresar a la Tierra.
Con un peso total de 35.380 kilogramos y una altura de 20,4 metros, Orion representa la vanguardia de la exploración espacial tripulada. Es la nave más capaz construida para el espacio profundo, diseñada no solo para este viaje lunar, sino como el vehículo que, en el futuro, podría llevar humanos a Marte.
El éxito de Artemis II será el primer paso para reactivar el sueño de caminar nuevamente sobre la Luna, sentando las bases tecnológicas para lo que viene después. Todo está listo. Solo falta el despegue.